miércoles, 24 de diciembre de 2008

viernes, 19 de diciembre de 2008

Baladas de otros

Al callejón de la Danza
no vayas si eres casado,
pues allí suele bailar
el honor con pie quebrado.
Si buscas a un embustero,
en la calle de Jurado
hallarás muchos, que mienten
por cada dedo jurando.
En la calle del Vinagre
verás valentones varios,
y éstos dicen que han vivido
en la calle de los Gallos.
Alcahuetas declaradas
y lenones disfrazados
en la calle del Tompeate
tienen prevenidos cuartos.
En la de los gachupines
hay muchos que han peligrado;
pero en la del Indio Triste
hay criollos en igual caso.
Si se te ofrece pedir,
líbrate de los tacaños,
que en la Pila Seca viven
por no darle ni agua a un gato.
Si buscares a algún pobre,
mira que no has de encontrarlo
en la calle de la Joya;
sí, en el puente de Solano.
Si buscares jugadores
(se entiende, que estén ganando),
regularmente en la calle
del Monte Alegre hallaraslos.
Los jugadores perdidos
que se han quedado arrancados,
en la de la Manchicuepa
viven, y de éstos hay varios.
En Tumba Burros habitan
infinidad de borrachos
y te advierto que los hay
muy decentes y planchados.
En el callejón que llaman
de los Rebeldes, hay hartos,
muy contentos y gustosos
con los vicios que adoptaron:
pero éstos, yo siempre he visto
que se mudan de ordinario
allá a la de la Amargura:
¡tal astilla de tal palo!
En la de el águila viven…
¡Jesús, cuántos! ¡Jesús, cuántos!
Ligeros de pico y garra,
de Gestas primos hermanos.
Aquí robar con ganzúa
es oficio de villanos;
la gracia es borrar con plumas,
naipes, romanos y vasos,
et caetera, que no tengo
lugar para hablar despacio…
México por dentro, o sea guía de forasteros
(Fragmento)

José Joaquín Fernández de Lizardi, 1811

martes, 16 de diciembre de 2008

Carta a mi amante

He estado enferma, ayer casi no salí de mi cuarto y hoy cancelé mi cita, me dediqué a dormir una buena parte de la mañana. Ahora me siento un poco mejor, pero ando triste por asuntos frusles. Hoy hubo mucho sol allá afuera.
Ya no quiero meterme al asunto de los conceptos. Ya pasó para mi la adolescencia brumosa y si eres o no lo que pienso que eres ¿qué diablos importa?
Si te escribo es porque te doy mi confianza, me parece hasta ridículo que no lo entiendas.
Tengo un número limitado de interlocutores y de personas para relacionarme. No sé si estoy conforme del todo con las personas que me han tocado; (no sabría decir que yo las he escogido) no siempre me parecen las mejores piezas.
El amante es para mi la pieza más privilegiada, pero a la vez la más vulnerable, también la que suele ser sometida a los mayores juicios. Desgraciadamente los juicios -inevitables en quien ignora casi todo sobre la otra persona- tienden a acabar con la dicha de los amantes.
Cualquier cosa soy capaz de hacer por el deseo. Por amor he sido cobarde, pero también he sido inamovible. Sé que no soy capaz de hacer casi nada por un hombre al que ame. Casi nada es todo lo que sé hacer, y estoy segura de que por amor nada es suficiente.
Sería lindo encontrar a un hombre con apenas la inteligencia para no avergonzarme nunca. Me causa verguenza la falta de prudencia y de templanza, me avergüenzan las dobles caras, los dobleces, los escondrijos y las dudosas transparencias. Me avergüenzo, por ejemplo, de mi misma.
Creo que cambiaré mi estrategia contigo. No más reclamos, sólo apuntes, sólo días y noches felices... y cuando los haya, siempre tú y yo a solas. Mi vida será mía, la tuya tuya. Y yo de mi y tú de ti. Por el momento te deseo y soy capaz de hacer -casi- cualquier cosa por ti. El tiempo en que te he disfrutado nadie me lo quita.
Besos, besos.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Oquedades

Tú te pintas bellas oquedades
para hacerte el tonto.
Estás perdido.
Tú y yo estamos en el centro,
como la perra escarbamos tierra adentro
y no nos marcharemos
hasta encontrar los huesos suculentos
que guardamos hace mucho tiempo.

Alto precio

"Los deseos de regresar
a La Lacritud
me están matando.
Es una muerte feliz, creo,
aunque me está doliendo
demasiado.
Faltan muchas horas antes de que el auditor venga
y me entregue los papeles.
Debo hacer los preparativos para la despedida y
los preparativos para el viaje,
la llegada,
la movilización,
la construcción de las nuevas instalaciones...
La Lacritud
es cara.
Es un rostro hermoso
cuyo rastro he anhelado largamente."

Dos páginas







miércoles, 10 de diciembre de 2008

Ignominia

Finco, finjo, desaforo,
ignoro al resto.
Tomo un camino ignoto,
me endurezco.
Sólidas fortunas me adjudico
y no las presto,
las presumo,
las merezco,
las predico,
las consumo.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Carta a un amigo

He estado un poco enferma -del corazón- y por eso te respondo tarde. Creo que tu texto está muy bien, tus ideas son muy interesantes y me gusta el bombardeo de tus frases.
Con respecto a la temática yo tendría muy presente al andrógino y a la necesidad innata de nuestra especie por encontrar "la otra mitad". Quizá es ese el único sentido del sexo y el amor. "Hacer el amor " -si es que vale aquí la expresión- es un acto más bien de furia, una furia que vive su mediocre recompensa en el orgasmo, pero que tiene un objetivo más alto, más inalcanzable: la de fusionarse con el cuerpo poseído, la de que dos genitales desaparezcan una vez que uno sea devorado por el otro. Ese deseo también es el que lleva el ritmo aparentemente inagotable de la vida. Sigo censurando ese afán tuyo por verlo todo tan negro, sin embargo ya hay cierta luz en tu camino, la dejas vislumbrar al final del texto. Creo que tú debes ser el mejor ejemplo para hablar del sexo y el amor; eres un efebo apasionado que quiere coger y amar, tú lo has dicho, así que sigue con esa verborrea... seguro se me ocurrirá algo, déjame pensarle. Me imagino un sitio abigarrado, lleno de cosas, me es imposible desvincular el sexo y el amor de todos los objetos creados para representarlo.
No puedo amar, no sé cómo, después de aquel que me enfermó, aquello que pasa por encima o debajo de mi carne firma su sentencia de muerte en mi corazón... ¿qué más te puedo yo decir, hermano? Siempre me topo con el mismo esquema: el tipo frustrado que ve sus propias limitaciones en mi, sin haberme conocido en un plano distinto al de mi cama, casi simpre gratuita y confortable. No eres esto, no eres capaz de aquello, estás descalificada para esto otro, no sabes cantar, ni escribir, ni bailar, aunque nunca te hayan visto en acción, aunque sea precisamente eso lo que sabes hacer mejor. Nunca he conocido un hombre que sepa bailar, el que hasta hoy ha sido el amor de mi vida es una momia recién descongelada. Mi vida es un auténtico diluvio y en mi ojo no se ha derramado una lágrima de amor. Supongo que las aguas de mi diluvio son sólo meados, ninguna sustancia sublime. El semen del macho cabrío se ha agotado y el semental cinco estrellas está extinto.
Besos, besos, besos

Diálogo Congelado


domingo, 7 de diciembre de 2008

Corrido ardido II

Tengo que colocarte pronto entre mis recuerdos,
chico precioso:
hemos tenido una dulce despedida,
así que síguete muriendo
por quien quieras.

No me alucina tu mirada
y creo que eres un desperdicio.
Tu narcisismo, tu egocentrismo,
me los sé desde hace varios.
Juzgas, como todos,
te crees mucho, como todos.

Montones de ningunos tengo a escoger
y quiero guardarme algunos en este costal.
¿Porqué escogerte ti, si ni a ninguno llegas?

Corrido ardido I

En duelo
me han traído
todos mis amantes...

No hay felicidad
que valga
en sus penumbras.

Ahora mi casa está hecha
con materia rabiosa,
a prueba de traidores.

Puedes pasar de nuevo
pero si traes enemigo,
te doy un tiro.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Poema al hombre frío

Te he soñado, hombre frío,
eres mi derrengada fantasía.

Sueño que te quiero
y sueño suficiente
y sueño sueños únicos,
porque te sueño a ti, cariño.

Si tú me quieres
si te me antojo,
tengo un manojo
de despertares para ti,

y tengo tanto contento,
que con gozo seguro
al amanecer te caliento,
hombre frío, si tú quieres,
aunque mi amor te mire con tiento.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Balita

Es una rabia contenida, una actitud curiosa y ridícula. Imagínense que la editora, cuando nadie la ve, se pone a luchar con un Morten ausente y monstruoso, a veces hace gestos de verdadera angustia y no lo puede evitar; pero eso sólo le pasa cuando cree que nadie la puede ver, no sabe que está siempre bajo mi férula. Morten es un caso de inocencia absoluta, nada me hará cambiar de idea. Buscaré una solución que lo libere de la ira de una mujer obsesionada por no sé qué esencia indescifrable que posee su cuerpo despistado y ausente. Les he dicho que Morten es escritor, yo no soy una crítica literaria, no puedo decirles si es bueno o malo, pero dedica una buena parte de su tiempo a esta actividad. Se la pasa soñando con la mujer a quien ha de amar verdaderamente y tiene una vida sexual poco gratificante. Hizo una carrera en su natal Nojuega; un país lejano y desconocido que no juega un papel importante en la economía mundial, que no produce grandes artistas, que no posee siquiera algún rasgo cultural conspicuo y milenario; gana un sueldo regular como investigador, no es un profesionista ni un mínimo destacado. Su cabeza está en escribir, por lo demás, tampoco es un escritor ni un mínimo destacado. No puedo decirles si su cabeza es buena o mala, lo que sí puedo decirles es que tiene cara de estúpido, que es hogareño y melancólico, que ama el te de azahar y las galletitas de canela, que es inocente de todos los agravios que la editora le imputa y que no merece morir. La marca que pone a Morten en un riesgo mayor es una de las novelas que escribió; Riesgos menores; de un modo mordazmente casual esta obra narra detalles íntimos de la vida de una mujer que parece la descripción perfecta de la editora. El muy estúpido no sospecha que está en peligro.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Ojos azules

Ojos verdes

Si tuviera los ojos azules
sería la víctima de tu embelezo,
chico precioso.
Merecería que desde
la otra acera
me vieras las piernas,
las nalgas
y eso.

¡Cómo describir
-¡dioses!-
esa tu mirada,
tan anhelada,
tan codiciada!

Mi deseo, sin embargo,
está en dos verdes
ojos que me miraron
desde la almohada contigua
y me imploraron.

Quédate, pues,
con tu par de amargas almendras,
ya muchas he escupido.
Yo volveré a mis andadas,
tras esos ojos verdes.

martes, 25 de noviembre de 2008

¡Mi orquidea blanca superó su marca con 34 flores!

Mi orquidea blanca en su segundo periodo de floración del 2008

Mi orquidea púrpura en su primer periodo de floración del 2008

jueves, 20 de noviembre de 2008

Baladas de otros

"La cercanía de Tepito con la Aduana del pulque, hizo proliferar expendios de esta bebida, a razón de dos o tres pulquerías en cada calle. De tal suerte que el consumo de pulque funcionó como amortiguador social que embriagaba al populacho.
Afuera de las pulquerías se instalaron vendedoras de toda clase de antojitos para borrachos: tacos y quesadillas, frituras de vísceras de res o de cerdo, cuyo consumo competía con quienes elaboraban los chilaquiles y las migas. Pero, fue el tiempo quien le devolvió la supremacía a las migas, ya que no hubo otra comida que compensara la borrachera y restituyera las energías perdidas al beber la savia del neutle, de la que nunca se comprobó que le faltara un grado para ser carne.
Fue entonces que, para contrarrestar los efectos del pulque, sus consumidores se recetaban un buen plato de migas justo donde mejor estaban elaboradas, sazonadas y servidas. Y para quienes no eran pulqueros, resultaba un plato de sopa económico, que había que pedir con “huesos de la eterna juventud”.
La satisfacción de un buen comedor de migas es degustarlas como si fueran sus vitamigas, pues lo hacen sentirse fuerte, audaz y valiente. Capaz de llegar bien a su casa o al trabajo.
Comenzaron a adquirir fama ciertos comideros, como es el caso del comidero: Migas “La Güera” que desde hace más de cuarenta años, en la Calle de Toltecas 12, justo en el corazón de Tepito, es atendido como negocio familiar por una tercera generación de tepiteños.
Framento de La sopa de Migas, ensayo de Alfonso Hernández

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Balita


A los ojos de una mujer joven todo parece demasiado sencillo, la juventud pinta de felicidad las cosas, no recuerda días pasados, no tiene en la memoria el caos. Pero mi vida, como les dije al principio de esta historia, ha estado repleta de catástrofes: tantas han sido que varios años antes de que aquello a lo que llaman adolescencia llegara, yo ya tenía mi ser plagado de memorias catastróficas. En aquellos años la juventud pautaba vértigos que ahora me resultan anodinos. Hoy la lentitud y la repetición son mi camino, puedo beber esos años de amor desenfrenado, beberlos por los dedos. Una respiración trabajosa pauta mi vida, como un cantar ronco y necio; un cantar de mi ancianidad refrenada.

Hoy sé que no hay Arcadia posible, no hay retorno, no hay amor que valga. Soy una vieja conforme, sin duda; me voy a morir pronto y no voy a ver el fin de todo, la completa desaparición de la Arcadia. He perdido el optimismo. He dejado de creer que será posible salvar al mundo, he dejado de ser un príncipe en cuerpo de dama. He dejado atrás el caballo blanco. Escucho a solas la cabalgata de las letras, grises, reales, tersas.

Una mujer joven piensa que es mejor que una vieja, se equivoca: una mujer vieja es más triste, sus violencias se expanden al interior del cuerpo sin rozar la piel, a la vez tiene todo lo que la joven cree y finge tener, lleva a cuestas la historia, mientras que la joven la ensaya. La joven se enamora, la juventud es la mejor hora para el amor. La vieja piensa, piensa, piensa. La vejez es la mejor hora para pensar.

No hay mejor hora que la de encontrarse con un cuerpo desnudo y dispuesto al baile, al alcohol, al vértigo, a la música de tambores, al recuerdo imborrable del paraíso. Yo por mi parte, con mi historia a cuestas, sigo admirando al Chulo de Viades desnudo en la Plaza de Medalla, su ojos congelados aún miran al horizonte desaparecido.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Fruto prohibido

Para mis amigos gays, felizmente perennes frutos prohibidos.

Cuando cae la tarde en el verano
y los frutos por montones
del árbol se nos caen,
gustozos los comemos;
pero si el verano
es demasiado generoso
y los frutos se desbordan en el huerto,
nos volvemos mohinos.

Cuando vienen por montones
a cruzarse en el camino los destinos,
uno se vuelve tedioso
y espera sin placer el fruto peligroso,
el fruto desabrido.

En coche

Bebamos, sí,
avivemos la hoguera,
aullemos a la luna,
cantemos a la noche,
vayámonos en coche,
que la noche perdura;
besemos a oscuras
a un canalla
que calle su amargura.

Polvos y pasados

Hay dolores que se vinieron a vivir a mis huesos.
Hay tiranías que vinieron a juntarse como polvos.
Polvos sobre polvos.

Hay carnes que vinieron a plantarme sus dolores.

Hay manecillas que apuntan a números pasados.
Hay tardes que se multiplican como cuentas millonarias.
Pasados sobre pasados.

Hay huesos que se hacen polvo sobre mi carne adolorida.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Demonio desterrado

Qué triste es ver al demonio desterrado.
Qué pronto, qué tardío.

He bebido imposibles a chorros
y no me abochorno al recordarlos
en sus noches de juerga,
en sus días de hastío.

No vendrán más olvidos
amados para siempre.

Qué gozo es ver al demonio desnudo,
mirar sus ojos,
su par de sueños nuevos
y saber que más pronto que tarde
serán desterrados del amor.

martes, 4 de noviembre de 2008

Lady Tabaco


Destacan autores relación entre tabaco y literatura

Consideran algunos literatos al cigarro como un personaje literario; presentan revista dedicada al tema a manera de protesta por lo que consideraron política represiva contra los fumadores
http://www.eluniversal.com.mx/notas/549447.html

lunes, 3 de noviembre de 2008

jueves, 30 de octubre de 2008

Baladas de otros

“Desde mi más tierna infancia desee ver la desnudez de la mujer con más conmoción que explorar una cueva, el casco abandonado de alguna hacienda o de un balandro varado. Inventé artilugios de reflexión óptica para sorprender sin ser sorprendido a las mujeres de mi casa. De adolescente ensoñaba con mis tías y de joven con mis primas y en general con todo lo que se balanceara con faldas. Ahora, con varias décadas en el cuerpo y más bien harto de dicha veleidad, he llegado a esperar devotamente, sabiendo que no llegaría, hasta cinco horas a una “musa” (toda mujer que viste y calza si es musa, lo es entrecomillas...), cansado de padecer tantísimo desdén, llego a las mismas conclusiones: 1. todas las mujeres son la misma personita. 2. con una e hijos basta y sobra para darle a la vida un agradecimiento imponderable y gratuita aceptación a lo absurdo del mundo, y 3. la mujer que haciendo alarde de su sexto sentido te invita inopinadamente a copular, con la misma sutilidad y alegría, sabrá despedirte a tiempo. En fin, las musas sin duda son la mejor parte de la sabiduría clásica griega que no podemos perder” –Se dice para sí, memorioso y circunspecto, un misógino.
Fragmento de El hombre que no se aburre en su habitación de Jaime Vilchis.

Metralla

Libélula ondulante
que en éxtasis profundo
se evapora,
vidrio roto;
astilla,
raja tabla,
palabra sin tiento,
guarida bajo el ala
de lo incierto.

Fusil

Voy como una flor
de fuego
entre amantes
criminales:
revivo como una bruja
incinerada en el principio
y empalada en el límite;
en sampleo
amoroso,
en repetición.
Voy a tu estación
de cristal violento
a recargar heridas.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Balita

Haber encontrado una mujer que por fin y todos los fines lo amara le causaba un pavor tan grande que se quedaba petrificado durante horas, lo mismo que su pene, como si los ojos de ella fueran los de una medusa. La valentía con que venció su timidez para abalanzarse sobre aquella mujer lo hacía sentir, a veces, grande.
Para un hombre pequeño hacer el amor es una gran aventura, siempre, cada vez; son seres amorosos y blandos, un tanto retardados y tímidos. Cada vez que cuenta algún episodio de su vida sexual lo reviste de una alegría y un dramatismo epopéyicos. Alardea de un talento que seguramente no posee. Los pequeños suelen tener graves defectos en la cama, y pocas veces llegan a intentar darse cuenta. Me encanta cuando platica sobre esto. La intimidad del consultorio lo calienta en una forma curiosa con cuyas razones no he dado todavía. Me ha dicho que soy hermosa, atesoro las grabaciones en que intenta seducirme y a veces las escucho cuando estoy triste, siempre es reconfortante saber que una es deseada.
Las acciones de este hombre están provistas de una genialidad insospechada y sólo reconocible para una mujer tan sensible como quien escribe. Pero mi pasión por Gerzon procede principalmente de sus elucubraciones, de las palabras que dice cuando inocentemente se presta a mi morbosidad de investigadora y me habla de su esposa, ahogada en una alberca después de sufrir un golpe en la cabeza.

domingo, 26 de octubre de 2008

Nada


No me apuran las dádivas.

Tengo los años como segundos
que se aproximan a mi vida
y nada.

No me apuran los descubrimientos.

Miro hacia dentro
y tengo una cavidad congelada.

Afuera tengo el sol,
tengo un hombre
y nada.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Bucólica

Cerca veo
la colina en llamas.

Veo el oro crecer
y también la nostalgia,
veo el incendio
mientras las ovejas,
-blancas, negras, pasivas-
pastan en mi prado.

miércoles, 15 de octubre de 2008

El farsante (2007)

Juro
que este hombre
es una excepción:
no pertenece a casta alguna,
no ha tenido padre,
ni madre,
ni cuna,
no ha nacido.

Dice que está muerto,
que está gris,
que está tuerto,
cojo, viudo, harto...

Podría ser un diamante
entre mis senos;
una fortuna, el pan,
los días buenos.

Pero sólo es un farsante,
y va hablando por ahí
con desconocimiento;
loco, tonto, bruto, idiota.

Se consuela con patrañas,
se desvive por arañas,
y se arroja lanza en ristre
sobre el pecho
que lo lleva en sus entrañas.
Eso es triste.

Balita

Toqué la puerta, pude escuchar sus pasos descalzos acercándose sigilosamente, de pronto una pequeña sombra tapó el ojillo y escuché nuevamente los pasos, su olor se intensificó, después su silueta se atenuó, escuché el cerrojo de la última recámara girar suavemente, volví a tocar, esta vez escuché el chirrido del colchón donde duerme, volví a tocar, en ese momento el sudor se hizo más perceptible, luego escuché como sus pasos se acercaban al closet. Escuché el atomizador del perfume, sentí el olor.
Vuelvo a tocar, de pronto siento un olor a bocadillo, a desesperación, es extraño, ahora hay un olor a lágrima, no comprendo, ¿le ocurrirá algo?, esta vez toco con más fuerza, aspiro hasta la última bocanada, siento que algo cae en el interior del departamento, un ligero grito. En todo el tiempo que lleva mi vecino en el edificio jamás se le había caído nada, ni una hoja de papel, es un chico casi impecable. Ahora sí que estoy tocando fuerte, el muchacho me tiene preocupada, lo siento dar pasitos inarmónicos en el interior del cuarto.
–¿Está todo en orden? –le pregunto. –Hermano, no temas. Trato de animarlo.
El olor a lágrima está a punto de causarme nausea. Tengo que abrir, no vaya a ser que el pobre muchacho se asfixie. De pronto él abre. Esta vez la apreciación de sus facciones es total, tiene piel de obsidiana y ojos ambarinos, las pestañas muy pobladas, relucientes, sonríe ampliamente con labios grandes y dientes pequeños, se le hacen unos hoyuelos en las mejillas, es alto como un hastial, tiene aspecto de venir de una clase noble, emite una risa maravillosa, aunque fingida. Ha llorado, se ha metido el bocado con desesperación y se nota. Trato de reanimarlo con otra risa maravillosa. Se queda atónito.
–¿Tienes cuenta de banco? –le pregunto, llanamente.
Me parece que se exalta pero trata de disimular, se oculta magistralmente. Pero yo sé muy bien que ha llorado, no me puede engañar. De pronto detecto un diminuto trozo de galleta en el primer molar izquierdo. Súbitamente la expresión de su rostro cambia. Y no comprendo. El olor adquiere matices de auténtico voto invisible. Me siento emocionadísima de tener frente a mi a semejante soldado.
De un modo francamente incomprensible mi vecino me dice que está harto de mí, que ha comprobado que no duermo sólo por esperarlo, que ya no sabe cómo hacerle para evitar que mi nariz llegue hasta él. Estoy atónita, luego me dice que por el amor de dios le permita tener vida privada. Trato de mascullar algo, pero sólo consigo chillar levemente. El tipo se enfurece aún más cuando me escucha, entonces corre hasta la cocina, trae una escoba y comienza a darme con ella.
lacr. –Consigo articular...
–¡A mi no me engañas! –Grita fuera de si. Luego me da un fuerte portazo

martes, 14 de octubre de 2008

Envidia (2007)

Siento envidia de tu rostro,
de tu canto,
de tu risa,
de tu baile.

Siento envidia de los campos,
de los vientos,
de las lluvias,
de todos los elementos.

Siento una envidia tan grande
por tus cauces, que se derraman,
que escurren por las montañas
como serpientes.

Siento una punzada atroz
en mi alma negra
cuando veo
la luz que te embarga todo,
que te inflama.

jueves, 9 de octubre de 2008

Afuera

El viento
no deja de soplar,
violento,
enrojecido
por el fuego.

Un murmullo
no deja de ser,
y no puede
acallar las risas
y los jugueteos
aquí dentro.

Afuera la catástrofe,
afuera el infierno.

La neblina baja por la mañana,
tiñe todas las muertes de blanco
y el viento se va triste
y se calla,
dejando el humo negro
de un rumor
macilento.

Adentro blancas hojas
se hacen cuentos,
velos,
vuelos,
nubes,
pulques,
cruces,
hombres de bruces,
espumas,
bromas,
bramas,
brumas...

martes, 16 de septiembre de 2008

Blog romance


Todos los días uno cambia. La voz cambia, cambian los instintos, los objetivos. Es emocionante verse de pronto cazando respuestas y reacciones.
Cada mañana, en una abyecta disciplina, uno sale a cazar palabras, como si se tratara de bestias salvajes que se dejan aprisionar despiadadamente y se forman en filas perfectas, para después ser acribilladas por las miradas.

Dactilar

Sin temor a equivocarme les digo que es Michoacán el estado más hermoso del país. Se ha desplegado en él como en ninguna otra zona, un gran abanico de extrañas bellezas. Sus litorales son los más bellos y desconocidos, también son de los menos explotados, puesto que hasta hace algunos años, sus sabiamente incivilizados habitantes supieron defenderlos de los embates de la industria turística. Sus bosques poblados de géiseres no tienen igual, aunque la mayoría están gravemente devastados por la CFE (que cree que con la luz y fuerza del señor puede seguir mandando campesinos al cielo) con sus ya internacionalmente aplaudidos estropicios. Sus lagunas, sus pueblos imposibles, sus ciudades... No es cosa de extrañarse que el mismísimo paraíso esté desde hace tanto tiempo sitiado por los vivales. Con las noticias de hoy me acordé de mis recorridos desde El Infiernillo hasta Maruata -hace ya de veras antiguos sexenios- en los que la opresión de la violencia y la corrupción se dejaba olisquear de tramo en tramo.
Me acordé también de los oyameles, de los abetos, de los ocotes, de los encinos, de las inmensas columnas de vapor blanquísimo que de pronto sorprenden a la vista en medio de interminables verticalidades y verdores, de aquellos extraños cenotes venenosos de un rojo cobrizo, de un azul metálico o un verde esmeralda, siempre hirvientes o heladísimos... me acordé de aquellas joyas del paisaje mexicano, irrepetiblemente desaparecidas por la ignorancia, la codicia y la gandallez, y me acordé de aquellas otras joyas, a dios gracias custodiadas por buenos y furiosos machetes nativos.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Estrella fugaz del jardín secreto

Balita

La patrulla hizo un trayecto lleno de curvas pero relativamente corto. Jamás hubiera imaginado que existiera una chirona como aquella. El jardinero que arregló el jardín enmallado era un verdadero artista. Había plantado justo al borde del pavimento una eterna franja blanca de flores, había grandes brazos de enredadera creciendo en confabulación con la malla metálica, otra franja central de flores blancas, y justo al borde del muro que se elevaba a varios metros del camino, una franja más, y grandes brazos de enredadera aferradas al muro. Más tarde me enteré de que aquel jardinero era un presidiario, violento e hijo de puta, pero en fin, era un artista. Cuando el jardín enmallado terminó, entramos en un jardín iluminado con lámparas rojas. En el pavimento alguien había dibujado con pintura blanca los contornos de cientos de gatos, eso sí que era extraño: si ustedes me lo preguntaran les diría que ni en mis más derrengadas y añejas fantasía sobre la cárcel habría podido imaginar semejante cosa. Jamás, ni en mis tres últimas vidas, había estado en una cárcel y siempre supuse que eran como suponen todos aquellos que jamás han pisado una cárcel, creo que me entienden. Pero cuando este sitio se elevó como una realidad ante mis ojos, me quedé verdaderamente estupefacta; aquella malla tan finamente colocada, aquella enredadera sobreviviendo obscenamente entre metales me pareció imposible. Fue la última visión del verdadero mundo del cual me arrancaron de cuajo como mala hierba. (Este es un fragmento -como todas mis Balitas- de una novela escrita hace varios años)

sábado, 13 de septiembre de 2008

Niña tuza

Te he visto, tusona pervertida,
como te metes el dedo,
después del bocado y la rebanada.

Te he visto, niña mala, niña fea, niña tuza,
cuando te quitas la blusa,
y te revuelcas con esa gentuza.

Eres la peor pelusa
y te crees toda una musa,
niña odiosa, niña mala, niña fea, niña tuza.

Te he visto cuando
te comes el alambre,
¡vaya que si tienes hambre,
que nunca te da un calambre,
después de tragar tantos cables!..
De la duela del pasillo o
del tapete del corredor,
¡mejor ni hables!
No intentes decir palabra,
que sólo chillidos de roedor
saldrán de tu boquita macabra.

Te he cachado,
malandrina,
tonta y burda golondrina,
habitando un nido cavado
con tu pequeña pezuña, de niña tuza, niña mala, niña fea, niña obtusa.

Los amantes

Emir Guerrero

Más cuestiones íntimas

Esto de escribir tiene el riesgo de que uno se encuentre de pronto en medio de un soliloquio. De que los receptores -cada uno por su parte- se vayan forjando sus propias historias en torno al emisor y entonces el par de realidades deje de ser paralelo. No son suficientes las palabras. La palabra tiene un poder que amuralla, que construye largas paredes que pueden ser opresivas, y sin embargo uno puede volverse adicto a su encierro.
A veces creo que la honestidad es una patología de los pretenciosos, que las virtudes teologales pertenecen a seres más necios que los necios.
Crecí con los textos de Lu Sin. Creí desde siempre que Guanyín, Cristo y todos los protagonistas de cada sistema de creencias eran figuras de la ignorancia y el mercado. Ahora sé que la ignorancia simplemente no tiene límites y que lo único que debe aprenderse a conciencia es la felicidad y que la felicidad es el amor, que no tiene forma, que no puede escribirse, ni decirse, que no ha requerido nunca de todos los templos que se han construido en su honor.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Para mis compas de Texcoco


Hoy estaré en 100.5 de FM a las 11:00, estación local. Para hablar sobre el Pueblo Cooperativo, en el programa de Deyanira.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Monomanía II


Los domingos vienen cientos a escucharme, a estrujarse los trajes los unos a los otros y me creen como podrían creerle a cualquier cura. Tengo el don de contarles historias que desatan bajas pasiones, y eso les encanta, los libera. Cuando les cuento historias mi lengua se agita serenamente, sola, porque mi mente está en otra parte.
Las historias que cuento siempre hablan sobre ella. Cuando pienso en ella inmediatamente veo sus piernas, moviéndose rápidamente; el segundo elemento que veo es su cabello y abajo el rostro.
Puedo hablarles horas y horas hasta que, en mi compulsión, veo una vez más la agitación lúbrica y su cara bajo el agua.
He obtenido mucho en muy poco, tengo un templo verdaderamente grande en el que las bancas no alcanzan para sentar a todos. He vaciado los deseos que tuve en una alberca, mi realidad juega desnuda adentro, pero ella se quedó en el fondo y no la puedo sacar.
A veces les describo cómo era al final. Las mujeres se sienten especialmente atraídas por ese sermón; les hablo de la princesa del limen sentada en el borde de la alberca y recojo la llave de cristal; mi excitación por llegar al fondo me vuelve un erótico irresistible, un inconforme absoluto, y las hago arrancarse la ropa hablándoles sólo, pero me aferro al celibato. Veo una masa que crece frente a mí y luego late hasta separarse en un grupo de señoras abotonándose temblorinamente las blusas.
Qué grotescas siluetas asoman a mis ojos mientras ella, pura y bella, empieza a desvanecerse bajo el agua, sus piernas se me escapan para siempre y bajo ese temblor se me escapa toda.
A los hombres les apasiona un sermón distinto, les cuento la historia de la bella clavadista que alcanzó la fama, la gloria y la fortuna; ellos piensan quizá en un puñado de mujeres, entre ellas escogen a una, en su estado ideal, saliendo del agua, crecida de espíritu y preparada para el fornicio. Mi ardor por rescatarla me convierte en un conquistador intolerable, enemigo alevoso que ha devorado el bombón de este mundo, pero mi condición se ciñe a la paz. Veo una masa de hombres que se agolpa y de ella salen puñetazos y patadas.
Lo que nunca les cuento es lo que verdaderamente me obsesiona, pienso una y otra vez en su cabeza golpeando contra los azulejos de la alberca; una y otra vez, pienso en la mancha que se extiende en el lienzo azul, pienso en sus piernas agitándose violentamente en el momento final, pienso en sacarla, pienso que puede existir alguna forma, algún modo, alguna esperanza. Quizá si la tomara de las piernas que se asoman y jalara y jalara, quizá si vaciara toda el agua, o me arrojara yo, o colocara un colchón mágico justo en el azulejo que dio contra su cabeza, quizá si también me reventara el cráneo en un rapto de éxito rotundo.

Con las primeras manchas de sangre la masa se fragmenta y los hombres, desorientados, aliviados de sus bajas pasiones, van a casa y se entregan fielmente a su rolliza brazada, mientras yo sigo ideando la forma de sacarla.

martes, 2 de septiembre de 2008

Un accidente me alejó del iluminado


Tengo la piel muy clara
y el alma mía está en la penumbra
de un foso.

Dicen que vuelo
con alas de fuego,
pero en mi espalda
sólo se agita la sangre de un disparo
a traición.
Sangre iluminada.

Él prometió que sería mío
y antes de serlo
se asomó a mi pozo
y ahí se cayó.

En un tropiezo,
en un trastabillar,
en un susto, en un grito y
en un mar penumbroso
se ahogó.

domingo, 31 de agosto de 2008

Nueva Portada

Un dibujo de nuestro amigo tepiteño Mario López Rivero.

lunes, 25 de agosto de 2008

Balita


Una tarde el auténtico hombre hermoso me anunció que tendríamos evento; iríamos a una premiación. Me untó un aceite que olía a rosas y cambió el aserrín y el plato. Cuando dieron las nueve el hombre, más auténtico y hermoso que nunca, salió conmigo en el jaguar. Cada vez que me llevaba a una fiesta yo conocía la felicidad. Aquella noche algo me alertó, él se veía tan bello que iba a ser imposible que alguna de las gimotonas presentes en la fiesta no se le acercara y terminara acostándose con ella mientras yo esquivaba corriendo de un lado a otro los cuerpos desnudos sobre el colchón. Siempre, pese a la felicidad, me asaltaba esa angustia. Y así, tal y como yo temía, ocurrió. Mi hombre auténtico se topó con una gimotona. Salió de la fiesta abrazándola, mientras ella sostenía divertida mi blanca jaula de gala. Yo sólo tenía ganas de morderle la mano, pero no podía. Cuando llegamos al departamento sentí una daga atravesándome el corazón. El hombre auténtico fue a preparar un vodka martini y pude ver como le echaba unos polvitos al vaso de la chica; me guiñó el ojo, como para decirme que yo era la preferida, sin embargo hubo poca contundencia en el gesto. Mi cuerpo temblaba. Cuando regresamos a la habitación la gimotona parecía muy excitada. Cuando se bebió de un solo trago el vodka que mi hombre auténtico le preparó, se convirtió en una monstruosidad. Unos minutos después mi amado me sacó de la jaula y me puso sobre el colchón –como era su maldita costumbre en esos casos. Estuve a punto de morir aplastada varias veces durante la noche. Cuando intentaba escapar la gimotona me atrapaba, de pronto se le hizo bueno apretarme en su puño, cada vez que gimoteaba me apretaba más. Me sentí desfallecer. Al terminar la noche estaba exhausta y magullada. Aquello sólo sería el inicio de una gran pesadilla.

viernes, 22 de agosto de 2008

Balita


Él es un auténtico hombre hermoso, nunca me he topado con nada igual. Me dejo estrechar y entonces él besa mi lomo. De un cajón grande saca una jaulilla pintada de blanco, el suelo está cubierto de aserrín, hasta hay un columpio y comida en el interior; la comida sabe a Vitafish -menos salado-, más tarde me entero de que aquel alimento se llama Rataviva. (Las ratas pueden leer, se los digo yo) El hombre auténtico me mira con detenimiento; ha preparado todo especialmente para mí, esto cambia la perspectiva sobre mi existencia como rata, creando cierta crisis existencial que no puedo desenmarañar. Ser una rata protegida por un alto mando me parece arriesgado y divertido; me imagino al hombre auténtico en todo su derecho de aniquilarme; cuan bello es, sería un honor para mí.

jueves, 21 de agosto de 2008

Te llevo a rastras

Ni la nostalgia podrá evitar ahora
que te amarres,
moribundo y morboso,
a mi cintura.

Has caído en la trampa
y asomas la cabeza
como si falta te hiciera
mirarte en mi espejo.

Esas cintas que amarraste
a tu cintura las cortaré.
Pero mis serpientes
pegajosas no te soltarán
y ya te llevan a rastras
hacia mi abrazo.

No importan los dragones

Salvador Dalí (1949)
No ha sido mi costumbre perseguir a los faunos.
No he emprendido batallas campales
para recuperar a los semidioses perdidos.

No estuvo siempre la muerte agujerándome con lanzas
ni filosas lenguas.

Soy un ojo avizor
que se quedó temblando
con los pies en el lecho de un río subterráneo,
siempre con la esperanza de verlo emerger.

Voy caminando
por una corriente fría y oscura,
donde hace siglos me oculto sumergida,
y de la que apenas salgo
para tomar un aire enralecido.

La muerte
me ahogará con sus filos
y no me importa ser bebida por los dragones,
ni me importa que este río en que nado se incendie,
ni que se derramen los mares de fuego...

Cultura Urbana Libros


martes, 19 de agosto de 2008

Hoy este blog toma un tono intimista

Red Amarilis (Pedro Lastra)
A veces las palabras salen con un tono intimista que desconozco. Cuando escribo en primera persona siempre corro el riesgo de encontrarme con un espontáneo blanco. Puedo encarnar de pronto a una mujer con el lomo peludo, a una mujer fuera de sí, a una mujer malvada, a una mujer histérica, quién sabe a qué mujer.
Siempre existe la tentación de hacer confesiones. Siempre tienta hablar en tono intimista. Y hoy, señores, voy a confesarles varias cosas:
1.- Cuando escribo en primera persona no hablo sobre mi.
2.- Cuando describo a una mujer que tiene el lomo peludo no hablo sobre mi.
3.- Cuando escribo sobre quien sabe qué mujer, solo dios sabe sobre qué mujer hablo.
Y eso no es todo...
4.- Me estoy pudriendo.
5.- Una mancha roja está devorando mi cerebro.
6.- Me levanto de la cama y me lanzo al absurdo.
7.- No sé ni donde vivo ni sé si esta soy yo.
8.- Soy víctima de fortuitas violencias.
9.- El amor me mata y la ira me resucita.
10.- Miento constantemente.

sábado, 16 de agosto de 2008

El Prelado


Palimpsestos/Primera Edición biblioteca universitaria. (Una reseña de Pablo Raphael)


«Los griegos inventaron dos formas de escritura donde las palabras eran capaces de rebasar al texto, salirse de él. Uno era el ostraquismo: letras, frases y nombres anotados en pedazos de barro cuyo conjunto fragmentario producía una valoración colectiva (votar por ejemplo). El otro modelo eran los palimpsestos. Manuscritos que conservaban huellas de una escritura anterior borrada artificialmente, para reescribirse de nuevo. En la Edad Media, ese modelo ayudó a rescatar infinidad de obras. Entre ellas a Platón. En cambio, para la posmodernidad los palimpsestos significan una alternativa de la literatura. Mientras que la mayoría de los autores contemporáneos se acercan más al ostraquismo, cuyo mosaico propone el conjunto fragmentario de un desorden estético, Edgar Reza apuesta por la reescritura, es decir, la comprensión de la obra como un ser que nunca detiene su transformación. El libro como cosa que se gesta y nace muchas veces. Palimpsestos es una forma de reinventarse. Deja de mirar la tradición romántica que obligaba al genio creativo y hace del arte de la imitación (imitatio) una forma de aprendizaje. Se trata del gozo doliente que significa encarar a la naturaleza, pero también a la condición humana. Ante nosotros tenemos un texto inacabado porque vive. Pero ello no quiere decir que el libro de Reza sea incompleto. Por el contrario, abre una puerta que se acerca a siete siglos de reinvención homérica y, por lo mismo, reta a la literatura de ruptura que tan ufanada está en reventar al pasado. Los poemas o formas de ficción aquí presentes se alejan de la mala conciencia que, por ubicarse en la costumbre de la provocación y el escándalo, se ha convertido en un statu quo imperial, aburrido y cursi. Enhorabuena Palimpsestos aparece para recordarnos que los libros son cosas vivas. Según la ética reziana, en veinte años Palimpsestos podría aparecer transformado en otro prodigio idéntico y opuesto. Por lo pronto, leerlo ahora nos acerca al placer de dialogar con la civilización.»

La dictadura de los estereotipos: ¿Una novela erótica en tiempos del youtube y el marketing multinivel? (Reseña de Édgar Reza sobre El Agente Morboso)


Aún a fines de los años ochenta, la escritura hecha por mujeres en el contexto de la literatura latinoamericana era un instrumento social y no podía ser sexuada. Era mayoritariamente del dominio de los hombres porque, como podrá saberse, el conflicto descansaba en los centros de poder y las condicionantes de género. Pero lo realmente duro para una escritora latinoamericana era vivir bajo la dictadura. Vivir bajo la dictadura era parte de un relato que parecía interminable. Cómo convivir con la impotencia, soportar un estado de humillaciones cotidianas que se podían experimentar en forma profunda cuando se era, por ejemplo, una empleada pública bajo la dictadura, luchar por no caer en la comodidad de la indiferencia, sobrevivir en medio de una desesperada y desesperante urgencia económica, entre otras situaciones, fue para muchas de ellas una manera de habitar el mundo de la vida pública pero también el de sus relatos. Alejandra Pizarnik, Elena Garro, Diamela Eltit, Isabel Allende, Clarice Lispector, ¿qué garantías podían darse dentro de territorios tan vigilados, tan amenazados? De esa experiencia quedó claro que cuando se vive en entornos que se derrumban, la espléndida actividad de contar historias, no está en la línea de aspiraciones ni intereses centrales de los artistas. Porque el desafío es muy otro: la palabra y su descentramiento, su acuerdo estético, su juego, su burla y la torsión, constituyen dentro del proceso de escritura el mayor desafío que deba afrontarse. En situaciones como las que aludo, lo importante es la pluralidad, la arista, el borde, lo disperso, todos aquellos márgenes que aunque estrechos cuestionan los centros y su unidad. De allí que se den en la novela, los pedazos de materiales y retazos de voces, la exploración vagabunda de géneros, la mascarada, el simulacro y la verbalizada emoción, que ha hecho de la literatura latinoamericana el lugar literario.Treinta años después y heredera de esa larga e ininterrumpida tradición, Rowena Bali, en El agente morboso, su primera novela, aprecia que lo importante en la escritura es construir y más aún abrir ciertos espacios estéticos que porten sentidos, porque es allí donde está el centro del dilema literario: el lugar de la conmoción estética y social, pero ya no puesta en lados que resulten esquivos, lugares en los que el poder, el convenio o la norma tienden a ajustar cuentas que al final siempre resultan desfavorables, o peor aún, desfavorecidos. El agente morboso es pues una detenida observación a estos códigos dominantes; a comportamientos que parecen excluyentes o reductores, aquellos que, desde su anacronismo de clase o desde su voracidad económica, tejen condicionantes de conductas, cuando no visiones estereotipadas y represivas: sociedades donde la desigualdad es un vicio y donde lo literario se ofrece más como disyuntiva que como una zona de respuestas que dejen felices y contentos a los lectores.De allí quizá que en el margen de los múltiples márgenes posibles, en el sobreentendido plano de su lector ideal, lleno de baches y de dudas, un lector más bien cruzado por incertidumbres, sucedan el placer y la felicidad entre el disturbio y la crisis. Porque más allá, en la amplitud simbólica de la novela, y en sentido literal, se hace evidente un revés al asignado género masculino y a la administración de poderes centrales que entienden lo femenino como periférico y subordinado en una sociedad masoquista, que lo es en la medida en la que cree que «tiene que triunfar» y en la que sus individuos creen que «pueden ser muchas personas». Una normativa donde sexo, drogas, transexualidad, locura y crimen descentran los centros, y acercan la categoría de lo femenino, no sólo como identidad sexual sino en su esfera de convenciones sociales, a la convención del género, y a sus fluctuantes límites intermedios. Leer pues los temas literarios no es el único síntoma de filiación de una obra. Ya en El agente morboso no es la disconformidad política dentro de un canon literario conservador lo que realiza una crítica, sino la administración de sus materiales. En otras palabras: donde la orden del día es lo que dictan los medios masivos y el Estado, todo gira alrededor de los mismos temas: las gentes hablan de las mismas cosas y de los estereotipos ni los suicidas escapan. Una historia de psicoterapia, Tarot, intervenciones quirúrgicas y hormonales revela la imposibilidad de crear un espacio contrapúblico, un espacio para una reflexión ajena a los modos y demandas externas que permita elaborar una variante propia, porque sencillamente son siempre los mismos lo que están hablando de lo mismo. Y es que no es al habitar en un gran ghetto, en una mayor periferia, como se compite en un sistema central permanentemente intocado. Pero es exactamente allí, en el espacio social y cultural de la mujer que escribe, su vida concreta como escritora, que corresponde hablar de lo que tiene importancia: la relación con el quehacer, el exponer y exponerse como ejercicio didáctico a los efectos discriminadores encubiertos bajo los distintos gestos de lo otro, de lo que «no se entiende», de lo femenino, donde se da el desafío determinista en la lectura. De allí que nos seducen y fascinan el hiperrealismo, el antihéroe, el nihilismo de víctimas y silencios existenciales, la introversión y soledad detrás de estas «historias: no historias»: la novela como algo que interfiere con la realidad; la sociedad que caza brujas, de consumo y bienestar auspiciado y a la vez temido, y cuyas coordenadas pocos artistas conocen. De allí que nos llamen la atención el balance negativo del héroe (aunque el protagonista es mujer, su tema es el donjuanismo), lo que sucede fuera de una indagación existencial y que es territorio mítico de la novela de Rowena Bali. En resumen, el ejercicio de simulación: el disfraz de la novela, que es más que historia y biografía novelada.Y es que dicho así, El agente morboso marca el quiebre integralmente histórico con cierto tipo de narración y concepción de género hecha a caballo entre los siglos XIX y XX, y con los grandes productos del realismo: Isabel Allende y Almudena Grandes, entre otras. Rehúye pues, al modo del thriller sentimental, de sólo ser autobiógrafa de su propia autobiografía, presentando personajes cuya misma inmadurez es la misma a los siete, que a los doce, que a los veinticinco años y por medio de los cuales la autora continuamente se expresa (Las edades de Lulú). En El agente morboso no hay pleonasmos, solecismos, barbarismos, anacolutos, ni adjetivaciones plenipotenciarias (Marcela Serrano, Rosa Beltrán, Cristina Rivera Garza). Ni está la Vida con Mayúscula ni existen definiciones insólitas ni verdades axiomáticas ni reivindicaciones legítimas ni resentimientos solidarios que consiguen que todo aquello que era universal se convierta en doméstico (Isabel Allende). Más aún, no pone lo grotesco en un altar para ilustrarnos su cuento (Laura Restrepo). Se trata, por el contrario, de una crítica radical a una sociedad, cuyo lector medio no habiendo asimilado la estética narrativa de la primera mitad del siglo XX, ha pasado de hacer creer a las personas falsedades transparentes, a obligarlas a ocupar sus mentes refutando mentiras. Una sociedad que cree que la ficción debe ser amnésico eficaz frente al imperativo de caminar hacia el futuro y no retroceder; donde se fabrican sueños sin realidad y donde para comercializar un producto es necesario incluso ocultar la identidad y más aún es imprescindible cambiarse el nombre. Una dictadura, la de los nuevos estereotipos mismos, donde un ser emprendedor y con visión de futuro no es sino un precursor de infinidad de fraudes. Ópera bufa, drama, esperpento, un «agente morboso» no sino un indicio o causa de enfermedad, y El agente morboso es con todo ello una conmovedora historia hasta el último de los capilares por la sencilla razón de que para Rowena Bali es imprescindible que Madame Bovary se convierta en Raskolnikov para que las cosas mejoren. ¿Lo consigue finalmente? No lo sé, está en cada lector responder a esa pregunta. Pero diré dos cosas: La primera: es que uno de los mayores desaciertos de la crítica es pensar que el libro es una obra maestra; la segunda que, en la medida en que acepta el desafío de medirse a fondo y por todos los medios con las transformaciones de democracia, capitalismo salvaje y sociedad tecnológica y de masas, con apenas su primer novela, nos encontramos ante una de las escritoras de mayor calado de la narrativa mexicana y de lengua española. Ya vemos pues que no es el espacio del folletín amoroso el único posible para la mujer, ni el de la abnegación irrestricta, ni el anecdotismo de la liberalidad política o sexual. Porque más importante es el despliegue de la contestación meditada de un pensamiento que conecte lo individual con lo público, lo subjetivo con lo social de los verdaderos roles, de los múltiples desdoblamientos. Además de El agente morboso, Rowena Bali ha escrito las novelas El Ejército de Sodoma, La bala enamorada, Hablando de Gerzon, Amazon party y Tina o el misterio. También es autora del libro de cuentos De vanidades y divinidades y del poemario Voto de indecisión.

viernes, 15 de agosto de 2008

Breve historia verdadera de mi Yo Ideal

Mi Yo Ideal no aparece, lo odio demasiado, este soy yo tratando de parecerme un poco a él
No les voy a contar como nací yo, nada interesante hay en mi vida. Mi yo Ideal nació como resultado de mis fantasías megalómanas. Que empezaron a anidar en mi mente gracias a mi enfermiza afición a los cómics, a las novelas fantásticas, las películas de acción, las revistas porno, las telenovelas, los videos gore, las páginas más sucias de Internet –gracias a las cuales mi sistema operativo fue afectadísimo-, mi gusto por los automóviles, las mujeres intocables, las drogas... El día que nació me sentí feliz, puesto que en mi inocente ignorancia del porvenir, nunca imaginé que ese bicho terminaría por aniquilar mi amor propio y mi potencial con las mujeres alcanzables. Conforme fue creciendo me fue chupando poco a poco mi de por sí escaso encanto, y se convirtió en mi sustituto en los antros más in, a los cuales me aficioné una vez instalado en las drogas. Se tiró al amor de mi vida, a mi adorada Cirujana Plástica, a la belleza alcanzable de nombre Piurbiuti, a la Tarotista, ¡no dejó títere con cabeza!. Y lo peor, se alió con mis enemigas más temibles: La Bruja del Mimi´s y La Bul.
Se gastó una buena parte de la fortuna que le agandallé al Gordo Capitalista en mujeres con las que yo no podía ni soñar en aclientarme, en automóviles que apenas se dibujaban en mis pininos megalómanos, en drogas que superaban cualquier estado de consciencia conocido por mi –y miren que es mucho decir, después de haberme metido chucherías hasta por el culo-, en ropa que ni el Gordo en sus años de modelo de Vogue, podía lucir con tan buen porte. En fin, ese maldito Yo Ideal acabó conmigo.

jueves, 14 de agosto de 2008

Breve historia verdadera del Gordo Capitalista

Aquí mi gordo, justo antes de caer bajo las garras de mi despilfarro

¿Porqué decidió aquel hombre morir de tristeza y obesidad frente a una ventana? No fue su propia decisión: le quebraron la voluntad.
Después de tantos años de muerto en vida aún creo en el milagro de hacerlo reaparecer bello y lozano como un rostro de Vogue. Me he convertido en una víctima de esa herencia que gandallamente le arrebaté. En sus tiempos de joven era bello, un modelo de ascendencia rusa, muy rico. Su rostro de antaño se ha incrustado como un diamante negro en mi mente.
De pronto un día se sintió iluminado, -era el LSD- y su padre se lo llevó a curar a Escocia, donde le dieron electroshocks y lo dejaron para siempre oscurecido.
Me quedo largas horas sentada frente a la ventana blanca y espero la muerte en su honor... mientras pienso, pienso, pienso en ganarle la carrera a los gusanos y gastarme todo lo que su muerte me dejó, pero no consigo firmar un sólo baucher, tengo el despilfarro restringido, constreñido por mi baja ralea, y tengo el alma y el puño agarrotados por el remordimiento.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Dos muertos

¿Y qué importa si él
viene aquí fingiendo que no viene,
que está muerto?
¿Y qué si me suicido
y finjo que me voy?
Mientras él y yo no vamos
a ningún lado,
viene la rabia,
viene la epidemia,
viene la muerte.
Los cuerpos
son envueltos
en bolsas de hule.
Viene la extinción del deseo.

martes, 12 de agosto de 2008

Estreno cabecera...

Díganme si les gusta la nueva cabecera, es la portada de un disco de mis amigos:
Colonel Claypool´s Bucket of Bernie Brains (The Big Eyeball in the Sky)
http://www.c2b3.com/

El tren

Foto de Paola Tinoco

domingo, 10 de agosto de 2008

08/08/08


Según los vaticinios
el viernes pasado fue el día más importante de mi vida,
vaya usted a saber porqué.
Fue triste descubrirme de pronto
desnuda en un día en que se supone
estaría vestida de gala,
descubrir que aquel día no fuera de nadie sino mío;
un descubrimiento solitario ante un refrigerador,
ante un televisor, ante una estufa...

Resulta que todo es una farsa repetida,
que no hay más nada,
que si digo que no,
va a ser nunca
y que si digo sí, también.

No vendrá un solo día
importante en esta vida mía.
Y si ayer se repitió el cansancio,
se repitió la historia del asesinato,
de la amargura, de la injusticia...
¿dónde quedó la importancia?
¿qué importa la gala?
¿quién soy yo para soñar un sólo día importante en mi vida?

sábado, 9 de agosto de 2008

Gotas (1983)

Caballos de agua
que a su paso
dejan huellas en el cielo.
Llovizna, trote,
no tormenta, ni cabalgata.

viernes, 8 de agosto de 2008

Yo virgen (1987)

Una imagen de Lourdes Almeida, bella mujer y extraordinaria fotógrafa
He soñado tu mirada,
tus labios apretados,
tu sorisa endurecida.
Despierto
para lidiar
con los vampiros,
para esquivar sus aleteos.

Quiero guardar toda mi muerte
para ti,
morir bajo tu ala,
abrirme para ti
como una estrella negra.

Darte mi cuello
para que lo muerdas,
mi sangre para que te la bebas,
mi sexo para que
lo empapes con tus gotas.

Mi corazón para que lo arrojes
al vacío.

jueves, 7 de agosto de 2008

Con varios objetos


Creo que estoy esperando un hijo; lo siento exactamente igual que la primera vez: un bulto, movimiento en mi interior, crecimiento, oscurecimiento de pezones, nauseas. Lo que no sé es cómo diablos llegó ahí, hace más de seis años que no toco hombre.
La verdad pienso que el Anticristo se aloja en mi interior. Eso sí que es tener suerte, no sé si buena o mala. Al Anticristo yo me lo imagino como un tipo impecablemente perverso y bello. No sé si dentro de sus perversiones esté el consentir a su madre, ¿Qué tal si es un hijo malagradecido?, ¿Qué tal si es como un alien y luego me revienta? (¡puhá!)
Hay veces que pienso que es hijo de dios, porque he llevado el voto de castidad, aunque tengo que confesar que he pecado. Seguramente va a ser un buen chico, ¡la de admiradores que voy a tener cuando me convierta en virgen!
Conforme va creciendo me voy familiarizando con la protuberancia, los ataques de incertidumbre me dan insomnio, por lo demás he tenido un embarazo bastante aceptable. La panza es un poco extraña, a veces le aparecen unos chipotitos duros que empujan hacia afuera, suavemente.
Salgo a caminar por las mañanas y a veces una sensación de tibia megalomanía me inunda; me voy al campo y me interno lo más hondo que puedo en el verdeazul: el dedo de dios apunta hacia mí, los pájaros traen mensajes. Definitivamente el hijo de dios vive en mi panza. Más tarde caigo en la cuenta de que el Anticristo ha llegado. Estoy francamente confundida.
De pronto sueño que los gendarmes del infierno me ponen a parir en la horca, mi espíritu se debate con Odín y todos sus muertos. Cuando despierto contemplo la estampa de la vírgen que tengo colgada en la pared, suspiro y me tranquilizo, esa mujer está ahí para protegerme, ella sabe la angustia que pasa una madre, más cuando espera un hijo de padre incierto.
El día esperado siento una bolita, algo parecido a media caquita de conejo saliendo de mi vagina, más tarde la bolita empieza a emerger como una pequeña serpiente. El emerger de la serpiente se interrumpe y al tacto es más bien como una lombriz algo gorda que se enreda en mi vello bañado en sangre, la desenredo: es un índice bebé, muy blanco, con cara de yo, tiene mis ojos y se parece al hijo de un ave, no parece totalmente perverso, también es tierno, ¿niño o niña? ¡es una niña! ¡una perfecta bebita índice con cara de yo!
Estoy a punto de tomar la bocina para hablarle a mi madre cuando siento salir una larga serpiente: índices, meñiques, anulares, pulgares. Todas son niñitas, se onanizan formando una hilera. ¿Cómo le voy a dar de comer a tantas dedas bebé?, luego sale un conejito muerto, también con cara de yo, luego un cepillo de dientes, tres plumas, una botella, un sacacorchos, dos velas, una zanahoria, un tubo de gel, dos rastrillos, una pinza rizadora, un encendedor, un martillo, una pastilla de sulfuro, un bat de béisbol; todos mirándome con sus hambrientas caras de yo. Tienen un olor muy desagradable que está a punto de marearme. ¡A la tina!
Ha sido relativamente fácil, la primera vez tuvieron que internarme. Mientras preparo el agua voy verificando todos los sexos, todas son niñitas. Entre las deditas se llevan bien, juegan y se onanizan, la pincita rizadora ha hecho migas con la zanahoria y las dos velas, la tubita de gel se ha identificado con la botellita y las rastrillas, la bat de beisbol y la martillita son casi gemelas, las tres plumitas juegan entre ellas, la pastilla de sulfuro no sobrevive bajo el agua, ella y la conejita son mis únicas pérdidas, gané unas hijas preciosas.
Mientras chapotean en el agua una honda felicidad me embarga; parecen gustarse mucho entre sí, me siento aliviada, la paz y el amor reina entre mis hijas. Exonerada; sólo me queda confesar que he pecado con varios objetos.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Salmo sin nombre


Que sean muertos antes de cruzar
los que lleven consigo al enemigo,
que se aneguen sus siembras
y sus frutos se pudran antes de ser cosechados.
Que se llenen de vida los que crucen,
que vengan a cortar todas las flores que quieran...

Masa de mases



Dejen de hacerse tontos engañando a sus mujeres. Dejen de engañarse pensando que ellas son poca cosa, entretenimiento. Porque mientras ustedes se abanican con sus aires de grandeza y se divierten, ellas van caminando por debajo de sus piernas, se arrastran y pronto les robarán lo único verdaderamente importante que poseen: (masa de mases, mensos, mansos de espíritu, todos dura concha y suave molusco) su esperma.
Se dedican a mirar detenidamente nuestros vestiditos y no son capaces de notar que ya ni siquiera los llevamos puestos, nos hemos vuelto una mentira inventada por ustedes. Estamos caminando hacia un rumbo contrario y hemos dejado en nuestro lugar un maniquí vestido de deseo inalcanzable. No nos importan ya sus planes estratégicos, ni sus inventijos, ni sus paquetitos. Tránsfuga es nuestro destino, y no necesitamos nada para llevarlo a cuestas, lo vamos arrastrando como cadenas arrastran todos sus fantasmas de violencia y amargura. Tránsfuga es nuestra vida y tanto así que no recordamos más que el último día. Nuestro corazón quema el pasado y enciende el presente.

lunes, 4 de agosto de 2008

Barateros

¿Quién sería capaz de abaratarse
para arrastrarse hasta él?
Yo no, aunque intenté descender hasta su pozo,
aunque en mi desgracia
no le he costado un céntimo
a nadie.

No hay pozos oscuros en mi destino,
sólo he pasado frente a uno
y me he detenido un breve tiempo;
después de una larga caminata
apremia rellenar el pozo propio,
y si hay sequía
no importa que sea con agua turbia.

domingo, 3 de agosto de 2008

Lo de siempre

Ella se pregunta si él lo hará, hay algo en su mirada que lo delata, algo en sus movimientos, y sin embargo no se atreve a preguntar. Sonríe y se levanta hacia el baño, ahí demora cinco minutos; tiempo para aspirar profundamente, sentarse un rato en el retrete, hacer una reflexión sobre el miedo o algún tema. Hacerlo, resignarse.
Recuerda unos segundos antes, antes de que suceda cualquier cosa o no suceda nada. Si algo ocurre tiene miedo, si no ocurre nada se aburre. Se siente como en uno de esos brutales juegos de feria, donde una vez abrochado el cinturón no hay retorno, en el asiento contiguo hay una muchacha histérica y aprieta los dientes hasta que el vértigo atrapa su voluntad en caída libre.
Ella sigue apretando, las rodillas le tiemblan cuando sale del baño.
Los ojos de él la miran con desconfianza, los ojos de la mesera la miran con desconfianza, los ojos del vigilante la miran con desconfianza.
Sin embargo él la toma de la mano y le da un beso, la mesera se acerca sonriente con la cuenta, el vigilante le da las buenas noches.
Él se pregunta si ella lo hará, hay algo en su risa, en su aliento, pero no se atreve a preguntar. Se apresura a llevarla a su casa, a medio camino se detiene, le pide a ella que espere en el auto y escondido tras una cabina telefónica lo hace. Recuerda la noche en que su padre lo descubrió: aún ahora su mente no se atreve a evocar la palabra que dijo tras una serie de fuertes sacudones, sacudones que bien le pudieron costar unos huesos, siente otra vez el cuerpo de enano, convulsionado y triste.
Se resigna, asume esa infelicidad perversa. Siente sus pasos de gigante avanzar hacia el auto, después de hacerlo. Los ojos de ella lo miran con desconfianza, su suegra lo mira con desconfianza cuando llega a entregar a su novia. Más tarde, con el reloj en la mano, sonríe y se despide.
Mientras se despide con el reloj en la mano se pregunta si el yerno lo hará y si no tendrá la desfachatez de obligar a su hija. Aunque ella, en la soledad de su habitación, también, a veces. .. Su mente no se atreve siquiera a pensar porqué.
La mesera se pregunta si el vigilante lo hará, hay algo en sus gestos, algo en sus dedos, pero no se atreve a preguntar. Llega la hora de salida, corre hacia el vestidor, enciende el ventilador al máximo y lo hace: cuenta las ganancias del día. Piensa en el niño que dejó solo y con el que debe encontrarse en media hora: piensa si no se habrá muerto ya por tantas horas solo, sino habrá metido el dedo en el enchufe, o atragantado la mamila, o dios sabe. Aspira todo el dolor posible y lo retiene, escapa de ahí con una sonrisa al vigilante, quién la mira con desconfianza y luego se despide afablemente.
Se pregunta si ella lo hará, hay algo en ese pelo, en esos pasos, pero no se atreve a preguntar, en lugar de eso esboza una sonrisa, espera a que ella se aleje, echa un vistazo a la calle y lo hace.

viernes, 1 de agosto de 2008

Micción


Quiere construir un jardín
con todas las flores negras
que le quedan,
quiere sembrarlas en el
cantero de su pecho,
y sólo encuentra ahí
un puñado de tierra estéril.

Es un joven poeta
al que quise alisar
con tersas palabras,
para que él
dejara al fin de estrujar
y reestrujar
su papel en blanco
tantas veces tirado
a la basura.

Es un infante
que tuvo para sí
sólo un mínimo corral
para vivirme.

Es un adolescente
lleno de un fuego
que confunde
la eyaculación
con la micción,
un púber jardinero
que no sabe regar,
que confunde la lluvia eterna
con un chorro de meados.

Arcadia viene


Mueve las caderas
de tu insomnio
que Arcadia viene;

deja de ver
sombras
en la cama,

planta flores,
que impaciencia
de olores tiene;

trae la manga
repleta de semillas
y reparte...

su rostro es bello,
tiene en la frente
un diamante y
un poema
de lisas batallas.

Cuando
a mover caderas
se aviene,
nada la detiene,

así que mueve el oro de tu insomnio.

Breves sobre mi libro: Hablando de Gerzon. Del que por cierto, poco o nada he hablado.

Un graffiti de "Humo", tan abigarrado como el alma de Gerzon
Tiene una estructura en espiral con temas recurrentes. Estos temas son: la muerte del personaje denominado “Reina”, la infancia, la burocracia, el sexo y la morbosidad, entre otros.
Es narrada por un personaje femenino, Isela, pero Gerzon, el personaje principal, también irrumpe en momentos como narrador.
Describe un fenómeno de frustración creciente, tanto en la narradora, que es un personaje pleno de fantasías eróticas reprimidas y retorcimientos sicóticos, como en Gerzon, que también vive obsesionado por el sexo y por la muerte de su mujer.
Isela ha pasado largos años de su vida persiguiendo a cierta raza de individuo, a la cual llama “de los pequeños”. De ellos extrae la materia que le permite llevar a cabo una investigación. Con este fin se hace pasar por una terapeuta. Persigue a Gerzon hasta que termina siendo vampirizada por él, tanto que la vemos asumir sus actitudes y en cierto sentido su destino.
Gerzon es un burócrata que lleva una vida miserable. Al morir su mujer lo deja a cargo de un bebé ajeno que resulta débil mental. Se consolida como un alcohólico, y sostiene un empleo mientras desatiende totalmente al bebé, el cual sobrevive durante un tiempo, para convertirse en un monstruo maloliente. Este personaje también conforma un objeto de vampirización para la narradora.
Hay cierto culto a un autor ficticio llamado Emilio Morten, quien escribe una novela (poco leída) que Gerzon considera un vaticinio y que lleva por nombre Las chicas del lago. Que es en realidad un tributo personal a una novela de Vicki Baum, El lago de las damas.

Fragmentos inconexos.
1
Su inteligencia ha tenido un desarrollo precoz pero tímido: desde muy temprano era capaz de formular exposiciones brillantes en el salón de clase, pero nunca habló a nadie sobre ellas, callaba mientras iba generando una hostilidad insana hacia el profesor. Vivía con una punzada constante de angustia, por supuesto, la angustia es un elemento de la pequeñez. Su timidez era tal que incluso moverse de un lado a otro del jardín le causaba pánico, pasaba la mayor parte del tiempo en un solo lugar, concentrado en algo mucho más abstracto de lo que sus contemporáneos podían comprender sin aburrirse tiempo antes. Por tanto pasaba sus recreos solo. Hasta que se le ocurrió que toda aquella verborrea interna podía externarse en forma más natural si la escribía, aunque nunca fue capaz de hacerlo; le pareció más sano odiar a su maestro que ser un alumno brillante.
Se dio cuenta de que la verborrea empezaba a surgir paulatinamente desde su cerebro hasta su boca, y que ese fenómeno podía desencadenar cierto interés en los compañeros, de modo que se atrajo en un tiempo un buen número de admiradores, los cuales, una vez hastiados de sus ideas obsesivas, se alejaron de él.
2
Durante esta narración la reina entrará estrepitosamente a escena, a veces transcribo pasajes de la voz de Gerzon, que intenta hablarles desesperadamente, sin previo aviso. Así irá contando detalle a detalle los segundos de su muerte.
Quizá el saber que hubo mucha sangre en la alberca les ayude a permanecer con Gerzon hasta el final de su participación, o quizá si les digo que había trocitos de cerebro en el agua, astillas. No me pidan que les cuente todo de una sola vez, porque la voz cantante no lo deja hablar con tanta rapidez. Cada vez que se clava demasiado en el episodio, la voz cantante, como una buena amiga, atrae su atención hacia otro tema.
3
“Todo aquel sueño de fantasmas anhelantes se desvaneció cuando mi amada correspondió a los toqueteos, entonces en nuestro amor se abrió una rendija luminosa de vacío; la reina, perdida de borracha le decía mi nombre al torpe estúpido que la tocaba, y se empeñaba inocentemente en complacerlo. Por esa rendija escapó mi rodilla hacía la verga tristemente supina del imbécil, que se quedó tiritando de dolor en el piso mientras yo sacaba el cuerpo aún complaciente de mi amada.
No puedo saber en qué momento mi conciencia se perdió, pero cuando amanecí, casi desnudo a su lado, supe que aquello había sido una iluminación y me sentí completamente renovado y feliz. Sabía que mi nombre era la fuente de su deseo; durante su embriaguez no recordaba al misterioso padre de ese hijo, era más mía que de nadie.”
4
“Morten no es un caso notable de escritor, vive una vida poco gratificante en todos los sentidos; nunca consigue afianzarse una pareja estable, las pocas fotografías que de él se tienen muestran a un hombre de estatura baja y vientre abultado por una vida etílica y sedentaria. Después de su suicidio, al igual que le ocurrió a Zomzet, su madre vende su obra a una editorial a la cual debo la publicación poco exitosa de mi vaticinio.”
5
Que su presencia pueda ser ignorada es quizá una manera de justificarlo, de perdonarlo, de hacer que me vuelva y me revuelva a importar un pito que haya hombres como él por la calle; yo sólo vine a escribir esta historia, no a meter a ningún violador en la cárcel. Por tanto se me ocurre decir que aquella mujer era sólo una puta, ¿importa cuando un hombre viola a una puta?
6
Era la punta que convertía el hexágono en heptágono. El edén era la séptima cosa que le importaba al pequeño falso, a quién por cierto, seguí estudiando por pura atracción.
7
Un buen día tuve fuerzas para levantar el culo hasta el secreter donde guardo mi preciada pistola y sin dudarlo fui y le pegué un tiro a mi computadora, la asesiné con toda mi obra acumulada por años y años y luego fui detrás del hijo de la reina, dispuesta a asesinarlo también. Muy trapaceramente el infeliz -viendo mi cañón apuntándole a los ojos- buscó rápidamente en su stock de imágenes televisivas el rostro amadísimo del Rubio Pequeño, sonriente en la pantalla. Cobardemente lo mantuvo en sus ojos hasta que creyó que yo iba a bajar el arma, le pregunté dónde podía encontrar a mi adorado: me devolvió la imagen de una conocida televisora. Cuando tuve en la mira el par de ojillos tintados de amarillo y naranja, disparé.
Vi el cadáver frente a mi y caí en la cuenta de que hacía muchos años que no intercambiaba una palabra con nadie; desde su llegada él se encargaba incluso de lavar el coche, de pedir el súper, de tirar la basura, de todo.

Balita


El escritor que escribe porque no le queda otro remedio puede ser, por ejemplo, un maniaco depresivo que termina dándose un tiro en la colonia Clavería, sin que nadie –ni siquiera su madre– se entere de que el ropero está atestado de poemas brillantes. Más tarde la pobre mujer los venderá junto con todo lo demás. La madre en cuestión solía desconocer la importancia del arte en todos sus terrenos, por tanto incitó violentamente a su hijo (a estas alturas recuerda los gritos que le dio a la hora de la comida, después de que el muchacho exhibiera cándidamente sus deseos de ser "poeta", con un dolor punzante) a que estudiara mercadotecnia. Ahora vende los poemas -que estaban acumulados en un legajo informe e inexplorado incluso por sus propios ojos- junto con la ropa.

El caso del escritor que sufre una transformación inevitable para pasar de dependiente -con título de la universidad icel en mano- en una tienda de computadoras a autor brillante y oscuro, es frecuente. Un amigo desconocido cuyo nombre me muero por mentar -y mentaré en otros planos más tarde- es Medardo Maza (escritor de un género insospechadamente prolífico pero inédito en nuestro país: el fantástico), autor que debió ganarse las mieles del éxito, solamente porque tiene un acumulado de obra brillante. Quizá Medardo sea una ficción o un imposible. Este caso es el del autor que -fuera de cualquier moda- se reconstruye a sí mismo literalmente, se edifica en cada promesa, se derrumba en cada inicio de sexenio y se vuelve a edificar como un sueño quebradizo en cada campaña. Porque la miel del éxito que alguna vez el arcádico dios cosechó para los escritores mexicanos de clase media y más abajo, se ha agotado.

miércoles, 30 de julio de 2008

Mira todo lo que hago por mirarme a mi mismo

Un sticker de Fly, fotografiado por Federico Gama
No tengo nada, no soy nadie, ninguna gracia me ilumina: soy un actor en género neutro que siempre está preparado para actuar en papeles de menor importancia.
Para ser como yo hacen falta décadas de fingimiento, de irracionalidad programada: ser una maquinaria de atuendo gracioso. Ser mujer en el sentido estricto de la palabra; ser hombre –en el sentido estricto- y nunca cansarse de planchar y replanchar el mismo atuendo marcado por arrugas insondables y cicatrices tránsfugas en la entrepierna.
Los cuerpos deseados de mi vida, vestidos y desnudados una y otra vez, sólo desearon mirarse a sí mismos junto a un cuerpo que, secretamente, sólo se miraba a sí mismo junto a otro cuerpo, que a su vez se miraba a sí mismo junto a un cuerpo.
En lo que me queda de vida haré hasta lo imposible sólo para verme un día iluminado con la gracia de un reflejo.

Viuda extrema

Le inyectó veneno,
lo colgó,
le dio un tiro,
le enterró cien navajas,
lo machacó,
lo hizo puré,

lloró un río y un mar,

un Apocalipsis
causó,

con los siete
jinetes cabalgó.

El mundo
de hombres destruyó
y una gran tropa
de andróginos creó.

martes, 29 de julio de 2008

Hoy a las 10:00 PM, en Radio Efímera.

Hoy estaré platicando con Moon Rider, Javier Moro y varios poetas invitados, sobre el concurso En busca del poeta desconocido (que promueve Cultura Urbana y la UACM). Leeremos poesía, fumaremos cigarro tras cigarro y tomaremos copa tras copa.
Por Radio Efímera a las 10:00 PM.

lunes, 28 de julio de 2008

Máscaras vemos

Una foto de Diego Cornejo Choperena, de la serie Martes de Arte en Tepito.

El repiqueteo de la lluvia. Por Diego Cornejo Choperena.

Tarde de Lluvia, por Diego Cornejo Choperena, para la serie Calle Viva
La lluvia tupida choca contra el techo. Forma corrientes en los canales de la lámina y cae en chorros que deforman el lodo del piso. Dentro del cuarto, el Picochulo escucha. Abre los ojos desmesurados. Encuentra las sombras que lo aproximan al Muñeco, a su muerte bajo el chubasco. Y vuelve a cerrar los ojos; aprieta los párpados. Quiere olvidar la sangre que escurre del techo y cae en la alcantarilla por la que se fue la lluvia de su amigo. Un escalofrío lo estremece. Huyen. Las calles enlodadas les impiden escapar. El Muñeco tropieza. No logró levantarse. Le traían ganas porque se había metido donde ni yo me imaginaba que se atrevería a entrar. Fue algo tan vale madres como que exista una banda tan cabrona, brava. Cuando él me lo contó, así, de repente, en medio de la lluvia, se nos dejaron venir en montón, y nos pelamos, escapamos a través de la madrugada que lo empapa de tanto pesar que le echa encima. Nos persiguieron entre los charcos, arrojando amenazas con sus voces desconocidas. ¡Párense ai, culeros, o valen para pura chingada! Pero no, no ahora que los filos acechan. Ahora que anda bien méndigo, sin un billete para pasárselo a los tiras y, cuando menos por hoy, que lo dejen en paz, escuchando el repiqueteo de la lluvia, el resonar de los relámpagos que se cuela a través de las paredes salitrosas, de los tinacos, de los techos de lámina. Escapa en busca de cuartos derruidos. Atrás se queda el Muñeco, rogándole con sus lamentos que le ayude. Corre, se adentra en el sudor frío, en la habitación que suena a cuerpo mutilado. Todo por puras mamadas. Ondas del Muñeco que se paseaba entre las chavas rodeadas de cumbias, creyéndose muy galán según él. Sólo que llegó a la esquina donde encontró a la chava enamorada que resultó ser el Bardot -con su fama de ser una cabrón bien ojete (hasta ese momento sin sospecha alguna de que fuera puto)-, que le dio vuelo en el baile, repegado a él en la penumbra, dejándose hacer, hasta que al Muñeco le entró el arrepentimiento y eso no le gustó al Bardot. Desde ahí empezó a saberse que de él o de nadie, sentenció al Muñeco. Ya conocíamos que al Bardot le dolía mucho la burla y más el desengaño con las chavas (¡pero no con los machos, cabrón!)). Lo buscó, le regaló, le ofreció moneda, le rogó al Muñeco, que terminó riendo con sarcasmo o, más bien, sacado de onda por el asedio, que nunca se imaginó, del Bardot. Y ni para qué meterse en esas broncas, en ese pavor que retiene mis pies hundidos en el suelo, apretujándome a un muro. Alcanza a percibir aquellos maquillajes escurridos que se acercan amenazantes. Caen sobre él. En un momento, el Muñeco queda desarticulado, acarreado por la lluvia que corre como río. Más allá, hundido en la angustia, el Picochulo recorre las calles caídas. Entra en las viviendas deshabitadas de la madrugada. Los tiras que desencadenó la acusación del Bardot, lo acechan como perros hambrientos. Lo agobia el temor de que salten sobre él y lo devoren. Empiezan por las piernas, causándole ese dolor que lo obliga a abrir los ojos llorosos para recordar cómo el Bardot y su banda se cebaron en el Muñeco. Lo abandonaron en un charco turbio, masacrado, gacho. Eso es lo que más le atormenta, que el patio de la vecindad le parece inalcanzable; cada intento por acercarse a la puerta desvencijada, lo aleja, lo separa de su posible salvación. Parece que nunca alcanzará la penumbra en la que quiere confundirse entre los cuerpos deshilachados que cuelgan de los tendederos. Cuando finalmente lo logra, los tiras se arrojan sobre él. Lo atrapan antes de que se diluya en la sombra. ¡Yo no fui, se lo juro, jefe! ¡Yo no chingué al Muñeco! El tira lo ve, se prepara para abrirlo en canal y esculcarle las entrañas. ¿Entonces por qué corrías, cabroncito? Es que tenía miedo. ¿Miedo de qué, a quién? Calla, no se atreve a pronunciar que le teme al Bardot, a su banda, a los tiras, a la muerte que cae como lluvia sobre las láminas del techo de aquel cuarto en el que la imagen persistente de su amigo se desarticula. De repente cree que vuelve a escuchar los lamentos agónicos del difunto...
Dosfilos permanece inmóvil, con los ojos bien abiertos y los oídos atentos. Ansía que pronto termine el repiqueteo de esa pinche madrugada lluviosa...

Diego Cornejo Choperena 30 de junio del año 2006