sábado, 16 de junio de 2018

Legado fantasma

Me dijeron muy al principio que esto iba a constituir un juego de resistencia, yo sabía a lo que iba. Al inicio de mi carrera como fantasma profesional me dijeron que tendría que pasar por rudas pruebas. Durante mi entrenamiento se me dotaría de una armadura de carne, me advirtieron que esa armadura dolería y que su cuidado y mantenimiento requeriría varias horas de ejercicio intenso a la semana. Yo hasta entonces era un fantasma un poco tímido e inexperto, sabía que pronto me llegaría el momento pero no tenía grandes aptitudes en el arte de manejar cuerpos. Cuando al fin me dieron uno descubrí con alegría que se trataba de uno bastante lindo y proporcionado, y además femenino. Me instalé ahí no sin cierto nerviosismo e incertidumbre, pero en pocos días empecé a sentirme cómodo, me gustaban mis piernas y mis nalgas, también mis tetas, me divertía y no terminaba de agradecer por tanta suerte. Resulta que en ese momento la antigua dueña de mi cuerpo tenía un novio, según cuentan sus amigos se llevaban muy bien, estuvieron juntos varios años y todo mundo pensaba que no se separarían nunca, pero el día en que me vi en la cama con él, sin deberla ni temerla, ocupando yo el sitio de una chica con tan mal gusto, salí de ahí despavorida. 
Inmediatamente después empecé a revisar las cuentas bancarias y documentos de la antigua inquilina de esta carne tan firme, y cuando terminé mi trabajo de investigación de veras no podía creer en tanta suerte, porque la chica era hija única de un señor rico y había heredado varios bienes, hacía apenas dos años de la muerte de mi benefactor. Al día siguiente de este hallazgo hice un tour por mis nuevas propiedades, elegí una en el campo. Yo soy un fantasma profundo y espiritual, valga la redundancia, y aunque mi aspecto sea el de una chica hot entiendo sobre filosofía y tengo un refinado y politemático gusto por las artes; un fantasma nunca se separa de su esencia, por más que tenga las nalguitas paradas. Preferí, pues, la vida contemplativa para mantener mi sensible naturaleza en mejor condición. El resto de mis propiedades las alquilé y seguía sin creer en tanta suerte.
Es muy probable que tú, como todos los vivos, no sepas nada acerca de la ley de la vida y la muerte. Intentaré, pues, explicarte cómo le hace un fantasma para colarse al interior de un cuerpo. ¿Has oído hablar de la expresión: “se le subió el muerto”?, pues bien, nos le subimos a la gente, o mejor dicho, el personal autorizado dentro de la ley de la vida y la muerte puede subírsele a las personas, sacar de su interior a su fantasma habitante y hacer entrar en él a un fantasma homeless con mejor reputación. Aquella chica de nalgas tan buenas que antes vivió en mi cuerpo lo estaba destruyendo, se dedicaba a drogarse, a holgazanear y a tirarse muchachitos, estaba dándole en la torre a algo tan precioso, con tanto vicio y tanta desvelada. Así que la ley de la vida y la muerte expulsó a su espíritu estúpido y autodestructivo de ahí, dándome tan bella oportunidad de habitar toda aquella vida privilegiada. Gocé varios meses hasta que un día el fantasma de la tipa se me apareció, exigiéndome droga. Para que me dejara un poco en paz tenía que sahumar la casa al menos una vez al día con mariguana. Me prendía la música por las noches con canciones de artistas de una farándula muy barata y yo me harté muy pronto de ella, nada podía hacer, las leyes del limen entre la vida y la muerte dejan de proteger a los fantasmas cuando firmamos conformidad por cualquiera de los dos estadíos, y yo estaba más que conforme con mi nueva condición, así que traté de ignorar a esa pobre alma dolorida y me dediqué a disfrutar de su lindo trasero. Me dejé llevar por impulsos juveniles durante varios meses, sin emborracharme demasiado ni despilfarrar el dinero de mi noble benefactor para que no me fueran a quitar mi cuerpo como le ocurrió a la pobre alma desdichada, que me acechaba todos los días, susurrándome cosas raras al oído cuando yo estaba en plena conquista de algún chico, o cuando quería concentrarme en mis lecturas o en mi música, fuera del barullo de la vida nocturna a la que un inexplicable impulso adolescente me lanzaba desde que era un fantasma deseado en el cuerpo de una colegiala, huérfana reciente y descocada. Hoy sé que era su energía maligna la que me arrastraba hipnotizada hasta los clubes nocturnos, en aquel entonces me dejaba llevar hasta que una noche te encontré.
Fue como si una flecha iluminada atravesara mi armadura para desnudar de un solo tiro al fantasma melancólico y nerd que era yo en este fondo insondable de mis pechos rendonditos; más real que la fútil vida de los vivos, que nada entienden del amor, el que se reconoce en un instante y deja una herida que no cicatriza ni llegado el fin del final de los tiempos… ¿qué saben ustedes, vivitos, del amor? Yo, que estudio una maestría en la vida, y ya soy un fantasma pro, les digo que le echen ganas, porque allá arriba está más difícil de lo que les pintaron en las Santas Escrituras, hay tantos fantasmas buenos y mojigatos, hartos del toma y daca de los cuerpos, fantasmas retirados, que ya sobrepoblaron hasta el Jardín del Edén, y, entre otras muchas cosas, ya cagaron y contaminaron sus cristalinas aguas y sus numerosas fuentes rococó.
Entonces, obedeciendo al impulso de mi corazón prestado por la chica de la lindas tetas me entregué a ti durante meses hasta que un día empecé a sentir un desagradable malestar. Perdí peso aceleradamente y cuando el médico me dio los análisis sin que me dijera nada supe lo peor. Tantas barbaridades había introducido esa niña en su cuerpo que lo dejó inservible, y aunque se veía bastante bien por fuera, por dentro estaba tan podrido como el  fantasma degenerado que lo habitó. El golpe fue tan duro porque acababa de enamorarme, tenía mi corazón al rojo vivo cuando supe que en unos meses dejaría de funcionar, así que traté de exprimir al máximo lo poco que me quedaba y me aferré a ti, a la idea de hacerte feliz, de hacerme feliz, quiero decirte que te heredaré todos mis bienes, porque no tengo a nadie más, y sólo te quise a ti en esta breve temporada que los guardianes de la ley de la vida y la muerte me dieron la oportunidad de vivir, para así concluir mi último posgrado.

Eres muy afortunado, porque cuando habites alguna de nuestras casas yo estaré ahí, observándote, siguiéndote con murmullos y pisadas, diciéndote cosillas al oído mientras intentas concentrarte. Te advierto una sola cosa: ay de ti si te metes con el fantasma de la chica de las tetas bonitas, quien por cierto, se mudará con nosotros. 

domingo, 27 de mayo de 2018

Autista optimista

El único yo que se gusta es el que está solo. Y es que puedo ser muchos.
La persona que soy cuando estoy con otros no me gusta. No quiero estar solo: 
quiero estar con quien yo pueda ser el mismo que soy cuando estoy solo; que mi soliloquio, este que ahora sostengo con ustedes, llegue a ese quien y se convierta en una plática, en un juego de tenis, de ping-pong, en un juego de reciprocidad que entretenga a mi espíritu, que hoy se está chupando mi sangre, la tiene en su buró, se embriaga en solitario con ella y se aburre.
Y ahí están ustedes, los otros, inevitables, -a quienes trato de no recordar durante las horas que paso  frente a la televisión donde veo documentales de animales salvajes que no se extinguen gracias al patrocinio- inventándome una cruda desgracia, hablando mal de mí, haciéndome desagradable para mí mismo, como si algo supieran de mi felicidad. 

martes, 8 de mayo de 2018

Amor y morfina


 Me siento como un muchacho, ya no recuerdo mi edad. Esta circunstancia me es del todo familiar; sábanas, una enfermera, la felicidad. Despilfarro mi alegría pensando en ti, pasan por mi mente escenas inconexas: tus pies descalzos pisan unas hojas ininteligibles, que, según tú, constituyen una obra, una sonrisa forzada por un paladar postizo, te inclinas para recoger algo que cayó al suelo, se te abrió el cierre del vestido…
Hace algunos años, cuando era muy joven e incursionaba en el mundillo de las drogas, me puse a dibujar en estado de trance y me saliste tú. Cuando te dibujé ni sabía quien eras ni te conocía. Era un perfil y la primera vez que te vi, te vi de frente. Un día tu perfil me sorprendió. Se atravesó en mi camino como un vaticinio cumplido que nunca se cumplió, pero antes de que me sorprendiera el perfil, me sorprendió el sueño, la repetición y otras muchas cosas cuya narración me sería eterna, hoy no me queda mucho tiempo.
Me siento como un muchacho que se amarra a sus recuerdos de juventud, pero no olvido este presente, estas sábanas, esta felicidad que viene a través del cuerpo blando y la voz pausada de la enfermera. Ella no permite que llegue nuevamente la vejez.
El amor que siento por ti es la última vida que me queda, por eso se me van las horas en recordar tu dedo señalándome a lo lejos, los cientos de explicaciones nunca necesarias, la jauría tratando de marcar su territorio ante la mejor hembra de la manada, yo riéndome a carcajadas porque soy el macho alfa, la carne asada, el parque, los perros, los caminos pedregosos, tus caderas marchando cuesta arriba, un gato te lame la boca, eres tan bella... Los juegos en solitario, las cartas extendidas frente a mí me gritaron que tú también me querías, los últimos meses, las últimas semanas, las últimas horas… Se me olvidaron los miles de libros que leí, la conciencia me abandonó, todo recuerdo palidece ante la imagen de tu presencia. La poca vida que me queda la viviré contigo, Morfina, sintiéndome eternamente un muchacho.


domingo, 15 de abril de 2018

Freddy y el Innombrable (fragmento)

Últimamente, cada vez que me planteo una pregunta, la respuesta inmediata de mi cerebro, que ya no quiere pensar, es otra pregunta ¿y a quién le importa? Hoy sé que a nadie le importa, pero si no les cuento esta historia me va a salir un hueco en el corazón, entonces, aunque les importe nada, se las cuento. Se trata de una historia de amor que me pesa como un lastre que de pronto cobró vida en pleno vuelo y se transformó en una bestia inexplicable que derrumbó mi aeronave.
      Resulta que hace unos meses conocí a esta chica, ¿saben?, no quiero presumir, pero tengo el mejor gusto, ahí están mis hijos para demostrarlo, mis mujeres siempre fueron unos cuerazos, y la chica en cuestión no es la excepción. Resulta que ella era yogui, muy yogui, hasta el nivel de mi más absoluta incomprensión. No puedo ni pronunciar, ni escribir -porque es sagrado- el nombre extraño de ese tipo al que mi mujer, con quien tuve la mejor química de los últimos tiempos, tenía que consultar antes de tomar una decisión cada bendito día de su vida. Lo peor es que a aquel Innombrable yo no le caía bien, y ahí estuvo la perdición, la herida, el imposible, porque el amor de mi chica, que era apasionado, caliente, chisporroteante, no le bastó para quitar el altar que le puso al Innombrable muchos años antes de mi llegada. ¿Qué tanto pudo pasar entre él y mi chica? Quizá fuera un pervertido, un asesino sectario, un vivales que explotaba a mi mujer y en tanto se divertía infringiéndome torturas de amor, quizá fuera su amante de planta y yo sólo un bocadillo insignificante para su desmedida ambición sexual. No lo sé: cada cosa que ella hacía con aquel sacro sujeto me era desconocida... 

sábado, 14 de abril de 2018

Yo paso

Vencí a tu resistencia
y sigues vivo en el destrozo,
cargas la pena como un edificio de jaulas
en la espalda, vendedor de aves.
Me acerco al botín de guerra que frente a mí
ostenta colores y brillos peculiares,
pero a punto de tocarlo me parece vano
y paso de largo a través de la derrota
donde tú sobrevives.

martes, 13 de marzo de 2018

Ansiedad

Las élites son pequeños grupos que creen que son especialmente buenos en algo. Lo real es que en todos los medios prima el prejuicio. Las personas estamos criadas -que no creadas- en el prejuicio. Desde mi perspectiva las élites en el ámbito del arte son grupos de prejuiciosos con algún grado de identificación. 
Yo suelo dividir a las personas entre “positivas” y “negativas”. No discrimino a ninguno de los grupos, aunque, dada mi condición de “negativa” -grupo en el que me inscribo irónica y alegremente- con frecuencia encuentro a los positivos poco convincentes. Me detengo en aquellos positivos de dientes para afuera, que se la pasan en terapias raras e intensamente huecas para salir de sus problemas, de sus ansiedades, y no crean, no son productivos. Para mí, el único orgullo posible es el del creador, el de la creadora, por eso cuando reconozco el talento en una persona celebro que ha sabido enfocar su ansiedad, su rabia, en una terapia realmente positiva: la creación. El que crea tiene mejores motivos para avanzar, para continuar en el camino, para cambiar el mundo, para estar alegre. 
Ocurre que una gran parte de la literatura proviene de la ansiedad, de algo que Sartre llamó la “nausea”, de algo que Kierkegaard llamó también el “mareo”. He dedicado mi vida a la literatura precisamente por culpa de esa ansiedad, nausea, mareo, vértigo, asco, rabia, llámenle como quieran.
La creación es un asunto que reina en muchas élites: los buenos atletas crean cuerpos poderosos, los filósofos crean respuestas, los panaderos crean panes. Las élites creadoras no necesariamente se ubican en los altos estratos.
Pero las élites no todas son creadoras: hay élites de personas perezosas e ignorantes cuyo único interés es figurar haciendo lo menos posible, les interesa que saquen fotos y videos donde hacen hincapié en inventar todo lo bueno que han hecho por el mundo, por cuyos caminos han transitado colgándose todos los santos, y les rezan en público, como curas degenerados, como políticos corruptos, cuya existencia nunca ha representado una buena obra. Élites que son élites porque cobran elevados tributos por un honor que no merecen y un trabajo que no hacen.

domingo, 4 de febrero de 2018

Negra

Ojalá el tiempo pasara tan lentamente como antes, recuerdo la eternidad de mis días previos, cuando no pasaba nada y yo sabía todo, sin saber nada, y gozaba, ávida siempre de mí, con las luces del universo apagadas, mientras flotaba en una laguna subterránea, inmóvil, estancada. Desde que volví a nacer me desconozco, abrigada en este traje de luces que ni siquiera me queda: yo provengo de la oscuridad, tanta luz me ciega, soy el yin, el otro lado de la luna, soy todo lo que ustedes quieran, pero en negro.

lunes, 29 de enero de 2018

Asíntota

... y cuando intento se me ha olvidado. Porque perdí demasiado tiempo en decirte, en buscar la manera de traspasar tu espalda. Demoré en formular discursos y los niños terminaron muertos en las fosas. Ahora hay tantas que tapar, tanta tierra que arrojarle a este misterio. He perdido tanto tiempo en decirlo lindo y todo lo feo no ha terminado de ocurrir, se ha cernido como un polvo invisible sobre nuestra ignorancia, fortaleciéndola, haciéndonos más débiles.
  Tú eras mi fuerza, cuando estabas me sentía viva, pero me distraje tanto en buscar la manera que te me perdiste, te dejé caer por un agujero secreto en el bolsillo de mi pantalón. Te saliste de mi historia como la matriz de una vieja.
  Y ahora se me va la memoria y ya no sé si fuiste tú o era el carnicero que mata a los cerdos, que luego mata a los niños y a las mujeres y a los homosexuales y los lanza en la fosa, o los desaparece, simplemente, en ácido, o en la carnicería, donde seas capaz de imaginar.
¿Cuáles son las formas más simples de desaparecer?

Balita

Me gustas, tienes el pecho siempre a punto de estallar.
Yo, a punto de estallar siempre, te amenazo con hacer erupción ahora en forma de vaticinio sordo. No existes; eres igual que Morten, una invención de mi desasosiego, de mi grito pelado y mi mala ralea, de mis violencias que se agolpan en largos soliloquios de amor, de mi misantropía y mi exceso de mí, 
y ya no hay nada real que pueda gustarme.


lunes, 18 de diciembre de 2017

La recogedora de cadáveres en la noche de las compras de pánico

La miras con asco porque recoge perros de la calle, como aquel muchacho que traficaba con la carne de los animales atropellados en los suburbios, antiguos campos recién avenidos al caos de la Ciudad de México en los años ochenta. Los taqueros eran los principales clientes. Es una actividad normal, casi común; la carne muerta y fresca sirve para alimentar, ella la usa para dar de comer a sus aves.
Ella no sabe desperdiciar nada. No tira y consume y consume y tira como tú. Ella no tira, ni dispara a nadie como tú, que piensas que los feos se tienen que convertir en cadáveres, porque nadie les da de comer, y ponerlos guapos, así como los chicos y chicas que exhibes en tus enormes templos, va a salir muy caro. Tus templos que se yerguen invasores en las calles, tienen altares ante los cuales se postran miles de tarjeta habientes. Son gigantes armados de luces por los que trepan como hormigas atontadas los consumistas, quienes muy pronto volverán a la realidad del salario esquilmado. 

martes, 5 de diciembre de 2017

Aniquilar a los yos

Matar a esa pandilla. O bien, si quieren ser pacíficos, expulsarlos, sin insultos, a la buena, en silencio, si quieren, pero que se vayan. Saquemos sus presencias de nuestras raíces, de lo contrario van a matarnos. ¿No ven que son imbéciles? Están destruyéndonos por algo que podemos darles. Enviémoslos con honores a la desaparición. Pintémosles un cuadro que se parezca a la estúpida vida que quieren vivir. Fuera de nosotros.



miércoles, 29 de noviembre de 2017

Cigoto enamorado


Todo hombre recalcitrante y radical es un cursi. En mi propia experiencia no hay ideólogo que no deje escapar lagrimillas secas o bien húmedas, al admirarse a sí mismo.
Yo no sé si seré hombre o mujer… ¿seré?
Estaba olvidando que lo sé absolutamente todo, que tengo metida en la conciencia la eternidad que me antedece y me precede, que tengo la eternidad como un hito, como un monumento dedicado al momento en que se decide la vida o la muerte. Llevar la eternidad a cuestas en la memoria es un poco confuso, sobre todo cuando uno empieza a acercarse al olvido. Y es que desde el principio, desde que se gesta el amor entre los amantes que han de procrearnos, hasta el último momento de nuestra vida, se gesta a su vez, gemela maligna, la posibilidad de dejar de existir. Y bueno, sé que no les digo ninguna novedad, pero es importante recordarles a lo que se atienen quienes se entrenan en el ejercicio de la vida. Constantemente estarán en riesgo, pero serán más suceptibles en sus primeras etapas. Yo, francamente, hasta no ver la teta de mi madre rebosante de leche ante mi, no me proclamaré triunfador. El primer amor será ella, supongo, y una vez decidida sabré con qué clase de amante querré relacionarme.
Supongo que tendría que ser hombre.
Esto lo sé porque lo sé todo y sé que soy una mujer heterosexual –acabo de recordarlo. Quizá  lo he recordado porque estoy más cerca del olvido que en las primeras páginas, porque en apenas unos capítulos, dominará esta historia la desmemoria. La memoria desaparecerá y se convertirá en una vida por delante.
Por el momento sé que quiero un amante que sea tan valiente como yo, quiero un amante que sea para mí. Derramaré una  lágrima cuando encuentre mi reflejo, diminuto, inseguro, avergonzado, dudoso, enamorado, en una humedecida pupila.


martes, 21 de noviembre de 2017

Llamarte


I
Escribí anagramas para llamarte, te grité con la mente todos y cada uno de estos largos días, escribí en la lengua cifrada de los ocho sacrificios para hacerme entender en secreto. Encendí velas con nuestros nombres escritos uno sobre el otro, para invocarte en silencio. Mi alma, sin embargo, se cuela entre mis intersticios y se roba mis secretos, los lleva a dar un paseo a la plaza pública, vuela junto a ellos, los agita en el aire.
II
Mi alma es también una perra que te huele a un kilómetro de distancia y es capaz de encontrarte con los ojos cerrados, abiertos, lo mismo da. Sólo ella puede llegar hasta ti sin mis ojos confundidos y ciegos en la noche cerrada.
Mi alma es una perra cobradora que te trae como presa, frente a mí, con la piel intacta.
II
Tú me llamaste desde tu vuelo. Las tuyas no fueron palabras huecas como las que envían los amantes exhibicionistas; letras que revolotean de lugar común en lugar común y terminan cayendo en las redes, en las telarañas mezquinas del chismorreo.

No hay actuación más solitaria que la de un volador, sin más público que el paisaje.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

La morena y la fobia

He llegado hasta aquí: me moví hacia este rumbo impulsada por una masa de acontecimientos tan lejanos como desconocidos. Algunos se conforman con decir: “Dios nos puso en este camino”. Yo no creo en dios, porque todos los que creen en dios piensan que soy una criatura infernal y quieren matarme.

Yo soy hermosa: Morena, me llaman, pero en realidad yo no soy una morena particularmente morena, más bien soy blanca, un poco azulada, también puedo ser invisible, sin colores, me escondo, me camuflo, puedo también tener muchos colores. Me muevo en las profundidades y también deseo, regalo rituales a quienes se sienten atraídos por mí, también me los como, a veces, sí, todos tenemos que comer algo, a veces también los enveneno, pero no ando buscándolos con ese simple objetivo, los enveneno si es necesario, todos tenemos necesidades. No comprendo por qué en su afán de inventarse miedos me han convertido en una fobia más de su inventario. Este listado que se extiende en números sentenciosos de culpas escondidas tras el pavor, no debería contenerme.

Sucio cliché (fragmento)

Tuvo que contratar a la portentosa hacker de pseudónimo Nidia Ku para que le confirmara que tenía metido a un insistente pero silencioso hacker. Ella dijo que las cuentas de correo y las redes sociales son pasillos públicos por los que cualquiera puede transitar. En diez minutos le había dado su nombre, sus ID, los modelos de dispositivos que usa, las diferentes ubicaciones desde donde abre sesiones. También le dio la lista de horas a las que sus cuentas fueron utilizadas en lo que va de este año, las ubicaciones de sus computadoras. Encontró que había sesiones y raras operaciones realizadas a las horas imposibles en que él tenía sus grabaciones de radio. 
Supo de inmediato que algún amigo se estaba excitando a costa suya. Y lo estaba metiendo en una rara seducción en la que él era el único desnudo, el único expuesto. Porque desde el día en que se encontró con aquella mujer escribió y fotografió escenas de amor ilícito, que pronto sería motivo de chantaje.

martes, 7 de noviembre de 2017

Monomanía

Habían pasado ya miles de horas desde la hora en que él adquirió la enfermedad: una en que la cabeza de ella se estrella contra un azulejo de color azul celeste, luego, repentinamente, el azulejo se tiñe de una capa violácea que huele a flor de piel.
Ella mirándolo a lo lejos con la hija de otro en brazos, ella bajándose del autobús, ella bailando en el Bulibuli, ella dando giros en el aire antes de sumergirse en el agua, ella presumiéndole a sus amigas su buen culo enfundado en pantalones blancos. Ella en todos los estados imaginables después de la muerte. Ella chocando una y otra vez contra el agua no suficiente de la alberca, él intentando detenerla demasiado tarde.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Pequeño accidente


 Él me invitó a su casa
y me recibió con un choque
de nubes,
en medio de la sala
donde me llevó a sentarme,
a tomar un café, serenamente:
mientras yo veía un par
de gruesas capas negras perseguirse
y crecer sobre la mesa.

Quiero estar en su casa,
-un planeta lejano
de la buena suerte,
donde todos tienen la punta
contenida en un rayo,
siempre inminente,
y resuelven en forma eficiente
cada pequeño accidente-
pero ahí mi aire es otro.

Mis ondas sonoras jugaron
hace tiempo
con el aire enralecido de su altura,
de su santa no-presencia.

Mi aliento es mío
y lo respiro yo;
está contenido
entre las miles de páginas
que él no ha leído,
en las preguntas
que no ha respondido,
entre los labios que no ha besado
y las muertes que no ha vivido.



martes, 19 de septiembre de 2017

Negación del polvo

No traspasaste la pared de tu cuarto, no sentiste las astillas de la puerta rasparte ligeramente la piel insostenible, nunca rasgaste con furia por no alcanzarme, por no poder tocarme, nunca te negaste a aceptar que todo es una mentira. Me lo debo negar cansinamente hasta desintegrarlo, hasta convertirlo en polvo.

Un escritor dice que cuando dos cuerpos se juntan empiezan a disiparse.

Cuando dos cuerpos se unen comienzan a colapsarse, en ellos sucede una implosión lenta pero violenta que termina por desaparecerlos, por desintegrarlos. Antes de que esto ocurra se desarman, pasan por las más rudas torturas, confiesan, gritan, mueren, resucitan, hacen locuras y hasta viven. Luego se pulverizan, luego son menos que polvo, son fantasmas. Cuando dos cuerpos se juntan un reloj de arena se invierte y la materia empieza a mudarse a otra eternidad. 

martes, 29 de agosto de 2017

En el futuro incierto de la vida (Cap. 8 de Cigoto)

Estoy a punto de olvidar mi pasado, a partir de ahora mi vida se narrará en presente y futuro, en un tiempo que llevo guardado en mi código genético. Soy apenas una. Pude haber sido dos, incluso tres, o más. Pero fui una. Y desde esta perspectiva les hablaré de aquí en adelante. Me detendré y, como una semilla, actuaré desde dentro con acompasada sabiduría y, si todas las condiciones necesarias se dan, se empezarán a formar todos los órganos de mi cuerpo. Para eso hace falta que mi buena madre se porte como debe y no cometa descuidos. Mis padres tienen una relación feliz, y sé que se cuidarán mutuamente en los malos momentos y siempre. Pero me preocupa en modo alarmante la abuela. Con estos oídos en pleno proceso de formación, que escuchan a futuro, yo escuché a la abuela gritarle a mi madre cosas horribles. Mi madre llora alrededor de mí con frecuencia. La he sentido caer en varias ocasiones, y desde mis ojos que se asoman como periscopios futuristas, he podido ver el puño nudoso de la abuela acercarse vertiginosamente hasta su delicada nariz. El puño del vértigo se retira y siento a mi madre caer, la abuela da golpes y mamá me protege lo más que puede con sus brazos y sus rodillas. Por suerte la abuela es una mujer anciana. Mi madre tiene en su código genético el impedimento de levantarle la mano a una persona mayor, e incapaz de defenderse, la anciana abusa hábilmente y le pone unas golpizas tremendas. Mi padre, que ama a mi madre, también ama a la abuela con un amor tan ciego como el que siente por mi madre. El problema es que la abuela tiene amenazada de muerte a mi portadora y si ella habla, si se lo dice a mi padre, la matará, y guarda en su ropero una vieja Beretta, que a veces saca para amenazar y jugar a que dice la verdad. Yo podría testificar en su contra porque la veo desde mi periscopio, pero ¿quién me creería?
El futuro incierto de la vida empieza a hacerse presente cuando al fin una es una, y tal parece que cuando una es una empieza a entender que la vida es triste, llena de dramas que a lo lejos parecen inverosímiles, imposibles, pero comunes a dos y a tres y a todos. Lo bueno de esto es que yo aún soy una con mi madre y ella, como es fuerte, resistirá los embates de su mala suegra y me entregará mi vida, la cual lleva ahora en resguardo, sana y salva. En honor a mi valiente madre mi vida será útil, no importa la violencia que viva a mi alrededor. Lucharé por la paz. No seré como la abuela. 
Aunque el futuro, cuando una empieza a ser una, se vuelve más incierto, una puede hablar al menos de un tiempo hipotético, soñar con un paraíso personal, ir planeando en tanto su proyecto de vida, hacer dibujos con esta mente futurista en pleno proceso de formación, viñetas de una Arcadia que a fuerza de este largo sueño de meses, habita en la carne de mi madre, con todos los ruidos del exterior que se cuelan en mis oídos incipientes, ruidos que le empiezan a enseñar el lenguaje a estas cuerdas vocales aún tiernas, a esta voz en pleno crecimiento.