viernes, 2 de noviembre de 2018

Capitalizar (Fragmento)

Debo admitir que he conocido mucho gracias a la serpiente, no sé si presumirles o avergonzarme de ello: he visitado, desde hace varios años, las pasarelas de los diseñadores de moda más famosos a lo largo y ancho del orbe; me he comprado varias prendas durante las ventas posteriores a esas pasarelas, pagando precios estúpidamente caros; he acudido a las clínicas de belleza más sofisticadas y costosas del mundo, soy pura vanidad. El odio profundo que siento por la serpiente, el sacrificio enorme que ha sido para mí portarlo día a día en el invierno perenne de mi vida -como un abrigo de pieles que una furiosa activista arranca a una mujer drogada y vacía- me ha hecho rica.
Supe capitalizar mi odio, mi indignidad. No merezco ni felicidad ni paraíso. Pero tengo aún derecho a contar mi historia, y así lo haré, relataré capítulo a capítulo las aventuras y martirios de mi vida junto a la serpiente.
Una mañana abrí mi bandeja y encontré un remitente desconocido con el asunto: te amo. Como soy una romántica empedernida el corazón me dio un vuelco. Empecé a enlistar mentalmente a los posibles dueños de ese remitente ¿quién podría hacer semejante declaración?
Abrí de inmediato el mail y encontré las fotografías de la serpiente, adjuntas a un breve texto donde declaraba ser mi “fan”, me decía que yo era “lo más” y que “se mataría por conocerme”. Aquello me pareció un tanto exagerado y extraño, pero como mi ego es muy sensible le seguí el juego, entonces, de una manera casi automática le respondí en tono seco: ¿ah sí?¿quién eres?... aquella pregunta desató una respuesta aún más misteriosa que me inquietó: soy tu destino.
Seguimos escribiéndonos durante unos días hasta que ella, tímidamente, me pidió que nos viéramos para desayunar. Yo accedí de inmediato y cuando la conocí me sentí en un estado de náusea, tuve que llamar al mesero porque me invadieron unas arcadas. Inmediatamente me di cuenta de que había caído en una trampa, porque su presencia me llenó de pánico y me enfermó. Ella le dijo al mesero que todo estaba bajo control y que me llevaría al médico, y con su ayuda me sacó a rastras del lugar y me subió débil y casi inconsciente a su automóvil en el cuál perdí totalmente el conocimiento.
Después de aquella cita llegué a mi casa de milagro, sólo porque al final se apiadó de mí y me lanzó con vida sobre la carretera cercana, por la cual pasaba rumbo al colegio de mi primer hijo cada mañana, de ahí me levanté con heridas profundas en todas partes y el alma corrompida. Mi marido me recibió con un rostro de terror que no olvidaré, me había estado esperando durante siglos, me dijo… ¿qué te pasó?¿dónde estuviste? Yo sólo acerté a decir: me echaron del paraíso, y volví a caer desmayada. Después de aquel desmayo desperté en la cama que mi marido y yo compartíamos desde hacía varios años, y poco a poco me fui curando hasta que un día me levanté sólo para recibir la noticia de que estaba esperando un segundo hijo. Aquella noticia, más que alegrar a mi marido lo enfureció, a mí me llenó de miedo. Mi marido, que siempre había sido una persona dulce y educada, empezó a tratarme con altanería y a poner abiertamente en duda el origen de mi embarazo, eso me hería tanto que de ahí en adelante empecé a vivir triste. Una noche en que me sentía particularmente mal no llegó a dormir y me dejó esperando toda la noche, sin responder una sola llamada. Aquello era absolutamente irregular en él, siempre franco y fiel a mí. En la mañana, cuando regresó oliendo a alcohol, se burló de la sangre que chorreaba entre mis piernas y que representó la primera amenaza de aborto. Entonces, un buen día en que yo guardaba reposo la serpiente me llamó por teléfono: mi furia era tanta que tomé la llamada y me temblaban las manos. Antes de dejarme hablar me dijo a gritos que ella no había tenido intención de herirme y que dejaría una maleta en mi dirección con dólares en efectivo suficientes para iniciar una nueva vida. La llamada de la serpiente duplicó mi rabia: aquella mañana me había drogado, me había mancillado y luego me había arrojado a la carretera. Sin embargo la propuesta de una nueva vida no me parecía nada mal. Entonces le pregunté ¿De cuánto estamos hablando?

Ella me dijo que no me preocupara, que siempre alcanzaría, que sus arcas eran eternas, pero que había una condición; yo debía tener y cuidar a su hijo. Cuando me dijo que ella era la madre me quedé helada, a partir de aquel momento la serpiente sembró en mí una semilla más de desasosiego. Además, mi marido estaba dejando de quererme y yo no podía más con tanta tristeza. Empecé a odiar profundamente a mi segundo hijo, al feto, esa cosa horrenda que se desenrollaba impura en mi interior y carcomía de dolor y duda el corazón de mi esposo. En mi desesperación tuve una idea: llamé a la serpiente y le dije que aceptaba el trato, pero que quería un adelanto de aquella maleta de fondos eternos que me había ofrecido a cambio de que engendrara a su demonio. Ella me respondió que “cero problema”. Me citó en un hotel, me dijo que no me preocupara, que el dinero estaría en la habitación 206. Acudí al lugar y encontré efectivamente una maleta, la abrí y encontré varios fajos de billetes, sentí una náusea tan intensa como cuando la serpiente me drogó, pero esta vez la impresión de ver tantos dólares juntos me mantuvo alerta y no me desmayé, sólo salí corriendo de ahí sin mirar atrás con la maleta en la mano.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

La mentira en el amor de Eva

Cuando se lleva a cuestas un pecado tan grande como el mío es difícil creer que la felicidad sea merecida. El peso omnipresente de la serpiente se aligera cuando miro los ojos de mi hijo, hijo de ese mismo pecado, brillantes, siempre desconfiados, bondadosos y perversos, como los de un guerrillero, capaz de matar a quien hiere o mancilla lo que él ama. La felicidad llega en el reconocimiento de ese amor, dos almas en este sacrificio perpetuo e irrisorio que es estar aquí y ahora, con esta vida, sí. De repente un día amanecimos vivos, sin saber dónde demonios estábamos antes del sueño, esta vida es nuestra ¿quién nos la dio? Unos padres, y ¿a esos padres quién les dio su vida?, y así, hasta una eternidad posiblemente finita donde un día, una sola mujer, un solo hombre, no tenían la más remota idea de su origen, de su estirpe, salvo una entidad temible, Dios, nada menos, y aun así decidieron amarse.
Nosotros no tenemos la culpa, fuimos arrastrados por una cadena que era más pesada que nuestro cuerpo, y hoy, como muertos perpetuos, ignorantes de nuestro origen, vamos tras ella.

Hay algo en la historia oficial que me parece dudoso, he platicado con serias y serios historiadoras e historiadores que me han dicho que la historia es sólo mentira. Que  nunca pasó lo que pasó, que nunca hubo grandes próceres, que los libros de texto gratuitos a los que la educación oficial sometió a mi inteligente hijo, son pura basura. Eso es alentador, saber que todo es mentira en este mundo, como dice la canción, es un verdadero alivio. Que el sufrimiento de haber sido engañada y mancillada por la serpiente es sólo un sueño, que esta vida desaparecerá, que esta vida misma es realmente sueño, como dice aquella obra maestra, es una verdad que acepto sin dudar.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Mentira II

La mentira como vaticinio
Cuando una persona miente para blofear crea un paliativo para aliviar su deseo, pero además le otorga un poder, conforme una mentira crece, como un chisme, las bocas van confiriéndole poderes que se multiplican en potencias inimaginables, hasta que un día, la mentira amanece siendo una fresca y luminosa verdad. Vaticinio cumplido.

La mentira en la fama de las redes
Hay personas que se hacen famosas: así nada más, las razones por las cuales las personas se hacen famosas suelen ser falsas en las redes, se difunde un chisme caliente, se convierte en mentira viral, hasta que de pronto es totalmente cierto, y hasta el famoso en cuestión lo cree cierto, eso se llama mitomanía colectiva.

La mentira sacra
Yo les juro que esta vez sí va a aparecer quién quiera que sea su salvador, la paciencia es el don de los sabios, ya vendrá, tengan fe. En tanto beban un refresquito y vayan al cine, coman palomitas, sean felices, agárrense de las manos, vivan sus vidas, forniquen, compren cosas, entreténganse en algo, por el amor de dios.

La mentira como un voto de amor
Yo mentí diciendo que te amaba y lo hice a propósito, porque era mi deseo amarte, luché porque ese amor se mantuviera en mi mente. Todas las mañana me repetía como una oración que te amaba. Hice ese voto durante un año. Pero aún en el voto más sublime las repeticiones terminan por aburrirnos. 

La mentira como juramento
Por el instante en que lo digo, esto es cierto, pero no sé después, el mundo cambia tanto todos los días y no sé, tengan fe. sea su salvador, la paciencia es el don de los sabios, ya vendrse difunde un chisme caliente en las redes, se convi si esto mañana será cierto. Esto que digo, se los juro por hoy, es verdad.


La mentira en el deseo
Si hay algo de lo que sé es del deseo no cumplido, cuando un deseo se cumple deja de serlo. Por eso prefiero mantenerme al margen de las satisfacciones, sólo así tendré razones múltiples para seguir viviendo, en deseo perenne de lo imposible.




domingo, 26 de agosto de 2018

Suicidio escritural

Yo soy un personaje, mi autor me llamó en esta última ocasión “escritor de culto”, suena bien. Mis seguidores, -una élite muy reducida- son fieles conocedores de cada uno de los detalles mórbidos de mi vida, que tiene infinitos capítulos en los que muero, pero, como en la literatura es posible la reencarnación –todo es posible en la literatura- vuelvo a nacer sabiendo que soy yo mismo, por tanto puedo ser cualquiera: una mujer que por las noches llora a moco suelto una pena de amor y termina ahogándose en su propio vómito en una borrachera de buró o una viuda hambrienta que arranca corazones de hombres infieles y se los come, hasta que encuentra a un fiel vengador que le arranca el corazón y lo entrega a las decenas de viudas afectadas, quienes lo lanzan al escusado en un ritual de lo más raro y humillante. También cambio de género.
El caso es que como personaje que intercambia cuerpos me aburro bastante, a veces quisiera simplemente que alguien viniera, me matara en definitiva e impidiera que este escritorcillo de mierda siga inventando mis aventuras y me mate una y otra y otra vez: estoy cansado de morir y aparecer en un cuerpo distinto sabiendo siempre que vendrá otra aburridera narrativa en la que terminaré atropellado, asesinado, desahuciado, calcinado, ancajuelado, mutilado, abandonado en un departamento de la colonia Nápoles, donde apenas una vecina piadosa sintió mi olor fétido y tuvo a bien llamar a las autoridades que ahora mismo me llevan a la morgue, leen mis últimas líneas sin comprender su significado: "por piedad, ya quítenle la beca a ese psicópata", e intentan localizar en vano a mi pariente, que no dirá jamás “ese cuerpo es mío”, en tanto a mi autor se le ocurre otra travesura para seguir martirizándome.
Este acatamiento dócil de las órdenes que recibí desde un plano extra textual, me impide suicidarme, pero bien puedo provocar el odio de alguien, de preferencia un hombre, no es que sea yo un personaje sexista, es que los hombres saben matar con mayor contundencia y pericia, tienen, pues, mayor experiencia en los menesteres del asesinato. Tiene que haber un método, una forma, para hacer que esta alma esclavizada al fin descanse en paz. El escritor ha hecho de mi vida una miseria y es la única persona a la que realmente odio, el escritor debe morir.


sábado, 16 de junio de 2018

Legado fantasma

Me dijeron muy al principio que esto iba a constituir un juego de resistencia, yo sabía a lo que iba. Al inicio de mi carrera como fantasma profesional me dijeron que tendría que pasar por rudas pruebas. Durante mi entrenamiento se me dotaría de una armadura de carne, me advirtieron que esa armadura dolería y que su cuidado y mantenimiento requeriría varias horas de ejercicio intenso a la semana. Yo hasta entonces era un fantasma un poco tímido e inexperto, sabía que pronto me llegaría el momento pero no tenía grandes aptitudes en el arte de manejar cuerpos. Cuando al fin me dieron uno descubrí con alegría que se trataba de uno bastante lindo y proporcionado, y además femenino. Me instalé ahí no sin cierto nerviosismo e incertidumbre, pero en pocos días empecé a sentirme cómodo, me gustaban mis piernas y mis nalgas, también mis tetas, me divertía y no terminaba de agradecer por tanta suerte. Resulta que en ese momento la antigua dueña de mi cuerpo tenía un novio, según cuentan sus amigos se llevaban muy bien, estuvieron juntos varios años y todo mundo pensaba que no se separarían nunca, pero el día en que me vi en la cama con él, sin deberla ni temerla, ocupando yo el sitio de una chica con tan mal gusto, salí de ahí despavorida. 
Inmediatamente después empecé a revisar las cuentas bancarias y documentos de la antigua inquilina de esta carne tan firme, y cuando terminé mi trabajo de investigación de veras no podía creer en tanta suerte, porque la chica era hija única de un señor rico y había heredado varios bienes, hacía apenas dos años de la muerte de mi benefactor. Al día siguiente de este hallazgo hice un tour por mis nuevas propiedades, elegí una en el campo. Yo soy un fantasma profundo y espiritual, valga la redundancia, y aunque mi aspecto sea el de una chica hot entiendo sobre filosofía y tengo un refinado y politemático gusto por las artes; un fantasma nunca se separa de su esencia, por más que tenga las nalguitas paradas. Preferí, pues, la vida contemplativa para mantener mi sensible naturaleza en mejor condición. El resto de mis propiedades las alquilé y seguía sin creer en tanta suerte.
Es muy probable que tú, como todos los vivos, no sepas nada acerca de la ley de la vida y la muerte. Intentaré, pues, explicarte cómo le hace un fantasma para colarse al interior de un cuerpo. ¿Has oído hablar de la expresión: “se le subió el muerto”?, pues bien, nos le subimos a la gente, o mejor dicho, el personal autorizado dentro de la ley de la vida y la muerte puede subírsele a las personas, sacar de su interior a su fantasma habitante y hacer entrar en él a un fantasma homeless con mejor reputación. Aquella chica de nalgas tan buenas que antes vivió en mi cuerpo lo estaba destruyendo, se dedicaba a drogarse, a holgazanear y a tirarse muchachitos, estaba dándole en la torre a algo tan precioso, con tanto vicio y tanta desvelada. Así que la ley de la vida y la muerte expulsó a su espíritu estúpido y autodestructivo de ahí, dándome tan bella oportunidad de habitar toda aquella vida privilegiada. Gocé varios meses hasta que un día el fantasma de la tipa se me apareció, exigiéndome droga. Para que me dejara un poco en paz tenía que sahumar la casa al menos una vez al día con mariguana. Me prendía la música por las noches con canciones de artistas de una farándula muy barata y yo me harté muy pronto de ella, nada podía hacer, las leyes del limen entre la vida y la muerte dejan de proteger a los fantasmas cuando firmamos conformidad por cualquiera de los dos estadíos, y yo estaba más que conforme con mi nueva condición, así que traté de ignorar a esa pobre alma dolorida y me dediqué a disfrutar de su lindo trasero. Me dejé llevar por impulsos juveniles durante varios meses, sin emborracharme demasiado ni despilfarrar el dinero de mi noble benefactor para que no me fueran a quitar mi cuerpo como le ocurrió a la pobre alma desdichada, que me acechaba todos los días, susurrándome cosas raras al oído cuando yo estaba en plena conquista de algún chico, o cuando quería concentrarme en mis lecturas o en mi música, fuera del barullo de la vida nocturna a la que un inexplicable impulso adolescente me lanzaba desde que era un fantasma deseado en el cuerpo de una colegiala, huérfana reciente y descocada. Hoy sé que era su energía maligna la que me arrastraba hipnotizada hasta los clubes nocturnos, en aquel entonces me dejaba llevar hasta que una noche te encontré.
Fue como si una flecha iluminada atravesara mi armadura para desnudar de un solo tiro al fantasma melancólico y nerd que era yo en este fondo insondable de mis pechos rendonditos; más real que la fútil vida de los vivos, que nada entienden del amor, el que se reconoce en un instante y deja una herida que no cicatriza ni llegado el fin del final de los tiempos… ¿qué saben ustedes, vivitos, del amor? Yo, que estudio una maestría en la vida, y ya soy un fantasma pro, les digo que le echen ganas, porque allá arriba está más difícil de lo que les pintaron en las Santas Escrituras, hay tantos fantasmas buenos y mojigatos, hartos del toma y daca de los cuerpos, fantasmas retirados, que ya sobrepoblaron hasta el Jardín del Edén, y, entre otras muchas cosas, ya cagaron y contaminaron sus cristalinas aguas y sus numerosas fuentes rococó.
Entonces, obedeciendo al impulso de mi corazón prestado por la chica de la lindas tetas me entregué a ti durante meses hasta que un día empecé a sentir un desagradable malestar. Perdí peso aceleradamente y cuando el médico me dio los análisis sin que me dijera nada supe lo peor. Tantas barbaridades había introducido esa niña en su cuerpo que lo dejó inservible, y aunque se veía bastante bien por fuera, por dentro estaba tan podrido como el  fantasma degenerado que lo habitó. El golpe fue tan duro porque acababa de enamorarme, tenía mi corazón al rojo vivo cuando supe que en unos meses dejaría de funcionar, así que traté de exprimir al máximo lo poco que me quedaba y me aferré a ti, a la idea de hacerte feliz, de hacerme feliz, quiero decirte que te heredaré todos mis bienes, porque no tengo a nadie más, y sólo te quise a ti en esta breve temporada que los guardianes de la ley de la vida y la muerte me dieron la oportunidad de vivir, para así concluir mi último posgrado.

Eres muy afortunado, porque cuando habites alguna de nuestras casas yo estaré ahí, observándote, siguiéndote con murmullos y pisadas, diciéndote cosillas al oído mientras intentas concentrarte. Te advierto una sola cosa: ay de ti si te metes con el fantasma de la chica de las tetas bonitas, quien por cierto, se mudará con nosotros. 

domingo, 27 de mayo de 2018

Autista optimista

El único yo que se gusta es el que está solo. Y es que puedo ser muchos.
La persona que soy cuando estoy con otros no me gusta. No quiero estar solo: 
quiero estar con quien yo pueda ser el mismo que soy cuando estoy solo; que mi soliloquio, este que ahora sostengo con ustedes, llegue a ese quien y se convierta en una plática, en un juego de tenis, de ping-pong, en un juego de reciprocidad que entretenga a mi espíritu, que hoy se está chupando mi sangre, la tiene en su buró, se embriaga en solitario con ella y se aburre.
Y ahí están ustedes, los otros, inevitables, -a quienes trato de no recordar durante las horas que paso  frente a la televisión donde veo documentales de animales salvajes que no se extinguen gracias al patrocinio- inventándome una cruda desgracia, hablando mal de mí, haciéndome desagradable para mí mismo, como si algo supieran de mi felicidad. 

martes, 8 de mayo de 2018

Amor y morfina


 Me siento como un muchacho, ya no recuerdo mi edad. Esta circunstancia me es del todo familiar; sábanas, una enfermera, la felicidad. Despilfarro mi alegría pensando en ti, pasan por mi mente escenas inconexas: tus pies descalzos pisan unas hojas ininteligibles, que, según tú, constituyen una obra, una sonrisa forzada por un paladar postizo, te inclinas para recoger algo que cayó al suelo, se te abrió el cierre del vestido…
Hace algunos años, cuando era muy joven e incursionaba en el mundillo de las drogas, me puse a dibujar en estado de trance y me saliste tú. Cuando te dibujé ni sabía quien eras ni te conocía. Era un perfil y la primera vez que te vi, te vi de frente. Un día tu perfil me sorprendió. Se atravesó en mi camino como un vaticinio cumplido que nunca se cumplió, pero antes de que me sorprendiera el perfil, me sorprendió el sueño, la repetición y otras muchas cosas cuya narración me sería eterna, hoy no me queda mucho tiempo.
Me siento como un muchacho que se amarra a sus recuerdos de juventud, pero no olvido este presente, estas sábanas, esta felicidad que viene a través del cuerpo blando y la voz pausada de la enfermera. Ella no permite que llegue nuevamente la vejez.
El amor que siento por ti es la última vida que me queda, por eso se me van las horas en recordar tu dedo señalándome a lo lejos, los cientos de explicaciones nunca necesarias, la jauría tratando de marcar su territorio ante la mejor hembra de la manada, yo riéndome a carcajadas porque soy el macho alfa, la carne asada, el parque, los perros, los caminos pedregosos, tus caderas marchando cuesta arriba, un gato te lame la boca, eres tan bella... Los juegos en solitario, las cartas extendidas frente a mí me gritaron que tú también me querías, los últimos meses, las últimas semanas, las últimas horas… Se me olvidaron los miles de libros que leí, la conciencia me abandonó, todo recuerdo palidece ante la imagen de tu presencia. La poca vida que me queda la viviré contigo, Morfina, sintiéndome eternamente un muchacho.