miércoles, 15 de marzo de 2017

Ya no sueño que vuelo (fragmento)


Llegaste hasta la redonda ventana de mi cocina, que es, dicho sea de paso, uno de los tantos mandalas que he trazado en mi casa para que los seres del sueño puedan entrar a ella. Temblabas, tus plumas estaban mojadas, me mirabas con una especie de alegría tímidamente triunfal: llegaste volando hasta mi domicilio desconocido, por la noche, en tu primer vuelo, por amor a mi, por la fuerza de tu noble espíritu. Cuando te despertaste mi figura desdeñosa ya no estaba ahí, el mandala que tracé en la pared para voladores había desaparecido y en su lugar estaban los azulejos verde oscuro del baño de tu recámara, un cansancio profundo, una depresión de tercer grado, varios botes de pastillas, el vívido recuerdo del sueño, la duda apenas permisible de que aquello hubiese ocurrido realmente, en un plano distinto a este, tan físico y brutal, pero más aparentemente imposible, el sudor frío, el miedo, el amor.

lunes, 13 de marzo de 2017

Inclasificable


 Siempre habrá algo que se salga de la norma, que sea inaudito o ingobernable, algo que se desborde.
La clasificación de las plantas sirvió para cultivar algunas y alimentarse de ellas. Pero también sembró una devaluación de aquellas que no ofrecían ninguna utilidad práctica al hombre, quien, en su paso, ha ido borrando de la faz de la tierra todo aquello que ha considerado inútil y lo que ha considerado útil, lo ha explotado desmesuradamente, con iguales resultados. Los principios de la utilidad y la inutilidad son regentes de la clasificación en sus orígenes.
El hombre tiende a habitar en aldeas donde prácticamente todo está clasificado, calificado, valuado y medido.  Siempre ha sentido la necesidad imperiosa de agruparse, de agrupar, de seleccionar. Las propias aldeas y ciudades son resultado de una serie de agrupaciones. 
Somos, pues, como una sarna que avanza por la piel de un desdichado perro.
El arte –en sus años mozos-  tenía un número más o menos limitado de clasificaciones, porque la historia se gestaba a una velocidad menos vertiginosa que hoy. Nuestra propia sociedad lleva un rumbo que es en sí mismo inclasificable. Hoy ha dejado de ser posible entrar en materias precisas sobre el futuro. La información deviene en cataratas todos los días, la producción de noticias sobrepasa las expectativas de la historia, los cálculos de Marx; las conclusiones de aquel anónimo francés dieciochesco que vio el mundo en el año 2440, como un tiempo en el que al fin los carruajes dejarían de salpicar de lodo los vestidos de las damas en París… el asombro de Valery por las dimensiones de la técnica... Y aquello que nos fuera tan útil para englobar los pequeños universos de cosas que hay en el mundo, nos sirve ahora –en el verdadero mundo del capital-  para seguir agrupando universos cada vez más microscópicos.
Hace realmente pocas dácadas la producción cinematográfica era escasa y tenía una más clara posibilidad de generalizarse, o de agruparse luego en pequeñas élites o escuelas. Sin embargo  siempre –desde su inicio- ha tenido un sentido  más vanguardista que las artes más clásicas. Entonces, en un despropósito de sus consecuencias, el cine ha generado monstruos incalculables –de fama, de culto, de fanatismo, de ganancias monetarias, de rareza, de inclasificabilidad... Lo inclasificable es en sí mismo una agrupación. La palabra es el principio clasificador, porque permite nombrar cada universo encargado de crear las realidades, y permite ponerle una etiqueta –luego entonces- clasificarlo. Hace años incontables parecía que todo era nombrable, asequible para la memoria; y había arquitectos, pintores, zapateros, carpinteros, escultores... ¿Pero qué pasa con aquello que por más que busque no consigue quedarse en ningún globo?¿qué pasa cuando no hay forma de insertar lo creado en ninguna de las manchas, de las agrupaciones? ¿Qué pasa con aquella cosa que no es ni planta, ni es bicho, ni es aparato, ni es una de las corrientes del arte, ni es juego, ni es en serio, ni está de moda, ni deja de estarlo?¿Qué pasa cuando no podemos definir el origen de algo o alguien?¿se vuelve extraño?... Intentaremos encontrarle pronta, urgentemente, una etiqueta.

Balita

Imagínense que la editora, cuando nadie la ve, se pone a luchar con un Morten ausente y monstruoso, a veces hace gestos de verdadera angustia y no lo puede evitar; pero eso sólo le pasa cuando cree que nadie la puede ver, no sabe que está siempre bajo mi férula.
Morten es un caso de inocencia absoluta, nada me hará cambiar de idea. Hay que buscar una solución que lo libere de la ira de una mujer obsesionada por no sé qué esencia indescifrable que posee su cuerpo de hombre despistado y ausente.
Les he dicho que Morten es escritor, yo no soy una crítica literaria, no puedo decirles si es bueno o malo, pero dedica una buena parte de su tiempo a esta actividad. Se la pasa soñando con la mujer a quien ha de amar verdaderamente y tiene una vida sexual poco gratificante. Hizo una carrera en su natal Nojuega; un país lejano y desconocido que no juega un papel importante en la economía mundial, que no produce grandes artistas, que no posee siquiera algún rasgo cultural conspicuo y milenario; gana un sueldo regular como investigador, no es un profesionista ni un mínimo destacado. Su cabeza está en escribir, por lo demás, tampoco es un escritor ni un mínimo destacado. No puedo decirles si su cabeza es buena o mala, lo que sí puedo decirles es que tiene cara de estúpido, que es hogareño y melancólico, que ama el te de azahar y las galletas de canela, que es inocente de todos los agravios que la editora le imputa y que no merece morir. La marca que pone a Morten en un riesgo mayor es una de las novelas que escribió; Riesgos mayores; de un modo mordazmente casual esta obra narra detalles íntimos de la vida de una mujer que parece la descripción perfecta de la editora. El muy estúpido no sospecha que está en peligro. 
Bueno, tendré que dejarlos de vez en cuando en lectura de la verborrea de la editora, porque a veces me canso y me voy a dormir, a veces duermo durante más de un capítulo, a veces vengo rapidito a contarles algunos datos candentes sobre Morten y la editora. (En La bala enamorada)

miércoles, 8 de marzo de 2017

Los intocables (fragmento)

Quisiera ampliar los metros de distancia entre el mundo y yo. Y saber. Sé que desapareceré, así mi sistema me lo ha planteado: moriré. Vivir mata todo. 
        No entenderé nunca por qué las personas pueden engendrar tanto odio, pueden destazar a otras personas por odio y luego decir que fue por su Dios, y así limpiarlo. Yo sé que muchos saben que Dios existe, comparten conmigo esa certeza, y yo les voy a contar porqué supe que Dios existe sólo porque sé que no se burlarán de mí. Ocurrió una madrugada, yo dormía en la caja de una cámper en un estacionamiento de un hotel, rumbo a la Ciudad de México, en Oaxaca. Un cerro se había deslavado dejando caer una gran piedra que bloqueaba la carretera y no se podía avanzar, no había muertos, pero en un pueblo metido en la sierra todo tarda mucho tiempo en moverse. Salvo los políticos, esos sí que se mueven rápido y andan siempre muy despiertos. Sonó el radiodespertador con una canción muy triste, de un cantante de esos españoles guapetones que amaban a Franco. Alguien me llamó y me dijo que quería enseñarme algo, era una amiga de la escuela de artes, que quería ser coreógrafa. Me condujo a un salón de baile dentro del hotel y ahí me mostró a un grupo de bailarines lisiados que ensayaban maravillas con sus cuerpos. Yo me quedé fascinada ante tal espectáculo y le pregunté a mi amiga cómo podían hacerlo. Mi amiga no dijo nada y entonces una luz cayó abruptamente sobre mi mollera y escuché una voz que no se oía. Esa era la voz de Dios. Sé que es una idea cursi, pero responde a ciertas inquietudes estéticas que me han venido machacando el seso desde temprana edad, desde el día en que me puse a escribir mis primeras líneas sabiendo que era un acto inútil, como todos los actos,  como el acto sublime de un Dios que dice cosas que no se escuchan. Inútil para la ciencia como un Dios que existe aunque no lo pueda oír ni tocar. Digamos que ese descubrimiento  me ha servido para paliar, para acompañar confortablemente -como un buen piloto de parapente que comparte su termal- mi angustia por la inutilidad de todo.
        Paso tanto tiempo con la mirada metida en la pantalla que imagino que terminaré habitándola totalmente, sin percibir mi reflejo en el monitor. Cuando pienso en el interior de una computadora ideas tersas llegan a mi mente. Quizá ese pensamiento me condujo a tomar uno de los empleos que más tiempo exigen ante un monitor: el de editora. Mi cabeza, debo decirlo, a causa de tanto y tanto tiempo vivido ante la máquina, posa ahora sobre un cuerpo menos atlético que el de hace años, pero me defiendo bastante.
             Hay una sobredosis de autores, escuché decir el otro día a mi colega en una junta, haciéndose el muy listo; hay algunos que son tan malos como buenos, hay otros que son más malos que buenos, algunos son buenos, sin duda, pero no podemos publicarlos a todos, así que tenemos que elegir a los mejores de los buenos y luego expurgar hasta que el presupuesto rinda y si los autores pagan sus ediciones les damos prioridad, aunque sean malos. Todos seguimos como siempre las instrucciones al pie de la letra, actuamos como nos enseñaron en la empresa. Nuestra empresa, como ustedes podrán intuir, publica sólo basura. Trato de hacer lo mejor que puedo con ella, a veces la reescribo, la dejo un tanto presentable como para sentirme una hormiga orgullosa de su trabajo.
           Cuando no soy una hormiga orgullosa me monto sobre el viento, donde recibo golpes violentos de aire caliente y asciendo hacia la montaña, siento el zarandeo de alarma en el trapo, que se tensa y se afloja, como mi temple. Y los otros: esas entidades intocables como dioses, que giran junto a mí.





lunes, 6 de marzo de 2017

El guionista del miedo

Fui un niño maltratado, mi madre no era de esas ternuritas que se conformaban con aventarte una débil chancla a la cara. No. Mi madre estiraba un gancho para colgar la ropa, metálico, y con él me daba duro en las piernas, justo en el alto muslo, para que incluso el corto short de deportes del colegio lo ocultara. Yo tenía ahí largas líneas rojas, líneas que se renovaban día a día, eso me hizo retraído, enojado, cansado. En la escuela la maestra repetía una y otra vez: No lo logras, y yo regresaba a la casa diciéndole a mi madre: no lo logro. A lo que ella respondía con un par de ganchos más a mis muslos, con una fuerza calculada y profundamente dolorosa. Yo no lo lograba. 
         Cuando un día en la escuela escribí mi primer guión teatral la maestra se quedó tan horrorizada que mandó llamar a mi madre, sin poder explicar una sola palabra de lo que había leído, sospechado y temido en mi guión sólo acertó a decirle: su hijo tiene problemas y es necesario que vea a la directora. Lo mismo había dicho mi vecina, en el edificio de departamentos, cuando arrojé a su domo -visible desde el quinto piso- a uno de los noventa gatos que tenía nuestra maniática casera.
Su hijo tiene graves problemas, repitió la cándida directora mirándome a los ojos, ostensiblemente molesta, yo mantuve la mirada firme y maliciosamente. Sentí como un chisguete de miedo recorrió sus rasgos, su gesto  se descompuso por un momento y detuvo su soliloquio castigador, metió freno, sus labios temblaron tratando de esbozar una sonrisa que quiso decir: Su hijo tiene graves problemas, pero si sigue pagando las colegiaturas por adelantado lo seguiremos recibiendo. Cuando vi esa sonrisa quedé más que intranquilo, ¿será que acaso la directora no puso atención suficiente a mi guión?, ¿comprendería realmente las señales de precoz genialidad y alarma que emití en él?, ¿por qué demonios no me corren del colegio?.
          Lo cierto es que el guionismo sería mi arte en el futuro, ese lunes por la tarde lo decidí, nunca me había sentido tan satisfecho con mi autoestima como cuando mis palabras provocaron aquella reacción, el día glorioso en que pasé de “no lograrlo” a “tener graves problemas”.
Cuando llegamos a casa mi madre hizo dos líneas nuevas en mis muslos, dos en cada uno para ser exactos.

El viernes pasado yo había entregado a mi profesora un guión en el que todos los adultos de mi vida terminaban muertos en formas violentas y meticulosamente contadas. Así empezó mi carrera vertiginosa hacia el cine gore.

domingo, 26 de febrero de 2017

Soportar la adversidad

Me pregunto si serás capaz de actuar en situaciones de adversidad; entiéndase en el caos, en la tragedia, la pobreza. 
Traje esto a cuento por esta razón: anoche volví a soñarte.
Estamos solos tú y yo en el cuarto de una pensión casi miserable, en la que también viven mis padres y mis hermanos, más las esposas y los hijos de mis hermanos, que son muchos y mis tíos y las esposas y los hijos de mis tíos, que también son muchos. ¿Será capaz de soportar la adversidad? Tú platicas. Luego entra uno de mis hermanos: intercambias con él algunas palabras. Mi hermano sale. Te acuestas en la cama y me dices que me acueste contigo. Yo me pongo a hablar sobre lo fría que estará el agua para bañarse en esos días y en lo dolorosa que será para mi artritis (claro signo de mi falta de adaptación a la adversidad). Tú te levantas de la cama y sacas de no sé donde los siguientes objetos: el armazón de un columpio (que es un objeto real y que actualmente está en mi casa), cables de teléfono, unas mangueras, unos tubos de cobre. Con todo eso te pones a armar una máquina que produce agua tibia que sale abundantemente por las mangueras, cuando hace contacto con el suelo de nuestro cuarto se vaporiza formando nubes en el techo; cuando el vapor termina de elevarse deja al descubierto un jardín minúsculo, sembrado en la superficie de nuestro cuarto sin mover un solo mueble y con prácticos caminos de blanco granzón para recorrer la habitación sin maltratar el pasto, las nubes llueven gentilmente y con alta precisión sobre las áreas verdes, sin mojar los muebles. Al final del sueño pasan cosas demasiado íntimas para escribirlas aquí.





miércoles, 22 de febrero de 2017

Arthur Koestler o los caprichos del azar


Desde principios del siglo XX y más intensamente, a partir de la década de los cincuenta hasta avanzada la década de los setenta, se da en la historia un auge en el extravagante estudio de la parapsicología. En este terreno se internó una sorprendente nómina de investigadores, profesores, filósofos y científicos entre los cuales se cuentan premios nobel y catedráticos de las universidades de Cambridge, Manchester, Harvard, Edimburgo, Oxford, Leningrado, Duke, Los Ángeles, Nueva York, Dublin, Utrecht, Virginia, entre otras. Hace tres décadas cada una de estas universidades contaba con un laboratorio de parapsicología y algunas de ellas incluso (como es el caso de Utrecht o Leningrado) contaban  con una cátedra en parapsicología.
Aunque el asunto parece incómodo y hasta doloroso para la inteligencia, el tema de la parapsicología tiene perspectivas inquietantes si uno se apega a la posición que tenía un autor judío, al que rendiremos homenaje, Arthur Koestler, en un libro particular que es The roots of coincidence conocido como Las raíces del azar. En el bachillerato hice una tesina sobre este tema porque me perseguían seres imposibles y mis padres empezaban a alarmarse y a enviarme a aburridas  terapias, yo temía que me encerraran en el psiquiátrico. Por tal motivo tenía que echar mano de algún artilugio científico que explicara que mi aparente locura era en realidad una capacidad de percepción extrasensorial.
Serán refutables los argumentos contrarios a la parapsicología sólo en el momento en que los científicos descubran los mecanismos para inducir en forma regular la telepatía, la telequinesis o cualquiera de los fenómenos mentales que no encajan en la estructura rígida de una ciencia reconocida como la psicología y que son estudiados por la parapsicología. Si sabemos que la variación en los volúmenes de sustancias psicoactivas pueden inducir estados en apariencia paranormales, ¿Por qué la ciencia no ha podido encontrar el mecanismo natural para desencadenar reacciones cerebrales similares que nos permitan una medición precisa de los mismos? Aquellos “científicos” que experimentaban con las cartas de Zener tenían que esperar a que ocurriera un fenómeno más bien caprichoso del azar para poder extraer de ahí sus estadísticas, las cuales eran en un alto porcentaje tristes y desalentadoras. ¿Qué son las cartas de Zener? Se trata de un mazo de cinco cartas en las cuales están impresas figuras muy simples –un círculo, una cruz, una ola, un cuadrado y una estrella- Con este mazo se hicieron las primeras investigaciones en el terreno de la parapsicología. Se tienen documentadas prácticas con cartas de Zener, en la universidad de Leningrado, sobre todo. El procedimiento consiste en hacer una adivinación mental de las cartas. (Más o menos como hacen nuestros magos –en forma infalible). Los registros de estos experimentos -cuando fueron más exitosos- fueron de un 60% de acierto y un 40 % de falla.
El estudio de la ESP (percepción extra sensorial), basado en las variaciones energéticas del cerebro, que desencadenan fenómenos mentales atípicos; por ejemplo, la comunicación de distintas mentes sin la influencia de medios físicos, es la clave del interés de un personaje destacado; Thomson, el descubridor del electrón. El plano energético era un buen argumento para hacer intelectualmente aceptable que dos mentes lejanas pudieran transmitirse mensajes sin la ayuda de mecanismos o para que una cuchara pudiese ser levantada por medios no físicos. Me pregunto si alguno de nosotros tendrá la desfachatez de llamarle a Thomson estúpido. Thomson fue miembro de la Sociedad Británica para la Investigación Psíquica, institución que llevó a cabo innumerables experimentos con adivinación de cartas. El mismo Thomson participó y documentó experimentos relacionadas con prácticas de adivinación.
Los fenómenos de la percepción extra sensorial, al no responder a ningún impulso controlado –en la mayor parte de sus casos- tienen una escasa posibilidad de registro. Las estadísticas obtenidas por las muy diversas instituciones que han generado estudios de ESP tienden a ser más bien desalentadoras, puesto que no han lanzado los suficientes elementos para ajustarlas a la norma científica, sin embargo tan solo en la década de los setentas, con la cual se vinculan estrechamente los fenómenos psicodélicos, se llevaron a cabo miles de repeticiones de experimentos con cartas de Zener. Cualquier intento por darle una secuencia controlada de repetición a estos fenómenos ha sido inútil.
Quizá el sueño de materializar esa comunicación intangible haya redundado en la creación de las herramientas tecnológicas de comunicación. Aunque desde una conservadora visión de las cosas, las máquinas serán siempre incapaces de superar a la mente que las ha creado y que –como ellas- evoluciona a paso seguro.
Es interesante el caso de Frazer, quien pese al intenso y profundo estudio realizado en todas los grupos étnicos imaginables, en torno a una amplia serie de cosmovisiones, en las cuales hay una presencia constante de estas energías paranormales y una familiarización con ellas (la telepatía, la transmisión del sueño, la psicomagia, etc), siempre se manifestó como un descalificador y nunca vaciló en llamar a los individuos de estas etnias: salvajes, estúpidos, ignorantes, y toda una serie de imprecaciones tan larga como su propia investigación.
…” En opinión de gente primitiva, el alma puede ausentarse temporalmente del cuerpo sin por ello causar la muerte. Es frecuente creer que estas ausencias temporales del alma envuelven un riesgo considerable puesto que el alma errabunda está expuesta a diversas desventuras, a caer en manos de sus enemigos y a otros peligros. Pero aparte de esto, hay otro aspecto en este poder de desunir el alma del cuerpo. Si puede asegurarse que el alma quede incólume durante su ausencia, no hay razón para que el alma pueda continuar ausente durante tiempo indefinido; de verdad un hombre calculador que sólo tenga en cuenta su seguridad personal puede querer que su alma nunca vuelva a su cuerpo. Inhábil para concebir abstractamente la vida como “una posibilidad permanente de sensación” o como “un continuo ajuste de coordinaciones internas a las relaciones externas” el salvaje la imagina como una cosa material concreta y de una magnitud definida, capaz de verla y manejarla, tenerla dentro de una caja o un jarrón y expuesta a ser golpeada, rota o hecha pedazos. Concebida así, no es necesario en absoluto que la vida esté en el hombre; puede hallarse ausente de su cuerpo y continuar aun animándolo en virtud de una especie de simpatía o acción telepática. “
Frazer establece una abismal distancia entre la percepción occidental (de la que es parte), de todos los fenómenos que atañen al espíritu, al alma, a la psique, etc., y la percepción de lo que él llama constantemente “pueblos salvajes” o “pueblos primitivos” de estos mismos fenómenos. Legitima la primera cosmovisión y descalifica invariablemente a la segunda.
Desde una perspectiva más bien ambivalente Arthur Koestler hace un repaso de los personajes destacados en la academia de muchos países que estuvieron cercanos al estudio de los fenómenos paranormales. Entre ellos se puede contar a Gilbert Murray quien tuviera en su tiempo y en su ámbito una presencia académica muy destacada, autoridad en el tema helenístico, fue redactor de la Liga de la Naciones. El mismo Murray redactó un informe, lleno de sorpresas y datos significativos sobre una serie de experimentos de trasferencia de pensamiento realizados en Cambridge en 1924. También compartieron estos oficios Charles Richet, fisiólogo, descubridor de la terapia de Serum y premio Nobel de medicina en 1913. Henry Bergson, premio Nobel de literatura en 1923, Lord Rayleigh, profesor de química experimental, premio Nobel de física en 1904, descubridor del Argón y el Radón. Lo que busca demostrar Arthur Koestler en su renombrada lista es que el estudio de los fenómenos mentales que sobrepasan a los fenómenos de la psicología o la psiquiatría no ha sido asunto de gente poco respetable, como muchos creen en la actualidad. Los estudiosos de las ciencias reconocidas han vituperado a brujos y telépatas, más es claro que el estudio de la parapsicología no fue siempre un asunto de chiflados ni de tontos. Este libro da una perspectiva del estudio de la parapsicología hasta principios de la década de los setentas, que ha servido para documentar desde cuántas instituciones se han emitido resultados de experimentos, procedimientos utilizados, y herramientas para el estudio de los fenómenos paranormales como la telepatía o la telequinesis.
Arthur Koestler se suicidó en 1983 y con él su propia esposa. Para dar un perfil del individuo que fue, hay un ensayo de Vargas Llosa, publicado por Letras libres, sobre otro de sus libros El cero y el infinito. Y cito un fragmento en que lo describe:
“El Apocalipsis doméstico de Montpelier Square pinta a Arthur Koestler de cuerpo entero: la vorágine que fue su vida y su propensión hacia la disidencia. Vivió nuestra época con una intensidad comparable a la de un André Malraux o un Hemingway y testimonió y reflexionó sobre las grandes opciones éticas y políticas con la lucidez y el desgarramiento de un Orwell o un Camus. Lo que escribió tuvo tanta repercusión y motivó tantas controversias como los libros y opiniones de aquellos ilustres intelectuales comprometidos, a cuya estirpe pertenecía. Fue menos artista que ellos, pero los superó a todos en conocimientos científicos. Su obra, por eso, ofrece una visión más variada de la realidad contemporánea que la de aquéllos.”
Vargas Llosa lo nombra “tránsfuga de ideologías y creencias” aunque Koestler se caracterizó por una ideología -quizá a su propio pesar- eminentemente socialista. Su vida ilustra su propia obra: nunca se afilia a una causa sino para más tarde renunciar a ella: renuncia al sionismo, del cual fue un cercano apasionado, renuncia al judaísmo y escribe uno de sus libros más controvertidos, La tribu número trece, ensayo en el cual presenta una teoría muy atacada sobre un origen alterno en el pueblo judío europeo, haciéndolo descendiente de los jázaros, y escribe The roots of coincidece, para hacer una defensa –débil y no desprovista de humor- de las cualidades de la parapsicología.
Es interesante ver la importancia que tuvieron los estudios de parapsicología en la Unión Soviética, y como ahí se pretendía darle aplicaciones militares a la telequinesis y la telepatía. Las ideologías contrarias, las que se sienten comprometidas a prever un orden social alterno, parecen estar enamoradas de la posibilidad energética de la mente para generar situaciones paranormales. La ideología revolucionaria ha tenido una tendencia a separarse de los sistemas de creencias tradicionales para darle una connotación científica a los hechos de la mente que los creyentes calificarían como “iluminaciones” o algo similar. El mismo Koestler era un ideólogo, perseguía defender alguna causa, y si esta causa parecía perdida y contraria al orden establecido, mejor. Declaró Koestler -según el mismo artículo de Vargas Llosa-, “Arruiné la mayor parte de mis novelas por mi manía de defender en ellas una causa; sabía que un artista no debe exhortar ni pronunciar sermones, y seguía exhortando y pronunciando sermones”. La obra de Koestler tuvo una particularidad interesante; un disfraz de narrativa que es pasaje autobiográfico, la narración de asuntos diversos en los que se involucró gracias a este espíritu científico y disidente que lo caracterizó. Su interés por la parapsicología se desprende de su inagotable curiosidad científica y de su tendencia a ir con las causas de la disidencia. Intentó Koestler ubicarse en un plano neutral y no se dejó llevar por la ola de enérgicos detractores de la parapsicología, científicos dudosos pero muy sorprendidos, hasta grandes entusiastas que se volvieron fanáticos y terminaron por perder credibilidad ante la marejada de charlatanería que se desató en torno a los temas pseudocientíficos.
Y a todo esto… ¿Qué es, en resumen, la parapsicología? Se define como una pseudo ciencia. Se encarga de estudiar aquellos fenómenos de la mente, cuya existencia goza de algún reconocimiento académico (la telequinesis, la telepatía o la percepción extrasensorial) pero que nunca han contado con los elementos de comprobación necesarios para consolidarse como “hechos científicos”. Ya sea por su falta de continuidad o frecuencia, por su carácter aleatorio, por su intangibilidad física y en resumen, por su falta de explicación. Hoy es difícil encontrar una sola página seria al respecto en la web. La falta de praxis científica, la reticencia de los “científicos serios” y el retiro de los presupuestos gubernamentales a este tipo de estudios los han borrado de los intereses públicos. Sin embargo es totalmente probable que por debajo de la esfera pública podamos encontrar a uno que otro perturbado por el ansia de poder, que pretenda dar continuidad al estudio de los fenómenos paranormales. El estudio de la parapsicología se parece al de la clonación en el sentido de que ambas prácticas están recubiertas por un halo de “falta de seriedad” , y sin embargo los gobiernos e instituciones de distintos lugares del mundo han implementado laboratorios y hecho inversiones considerables para continuar en sus estudios. Parecen por otro lado poco claras las intenciones de ambos estudios y sus aplicaciones utilitarias. Tienen, además, el halo del “secretismo”. Incluso en sus tiempos de mayor auge y sensacionalismo -que claramente describe Koestler – se publica en las revistas psiquiátricas de mayor renombre de su tiempo, una escasa información que deja en claro que aunque muchos experimentos son asombrosos es imposible declarar a la parapsicología una ciencia exacta, pues sus formas de medición no coinciden ni podrán coincidir con la medición científica. Me pregunto si dentro de estos apartados y cada vez más extintos laboratorios de parapsicología, dispersos en diversas instituciones y universidades del mundo, alguien encontrará el hilo negro que la legitime y le otorgue una función práctica.

La parapsicología es, aún y aparentemente, una fracaso. Por eso es que vemos a los parapsicólogos convertidos en brujos y charlatanes y nos hemos olvidado de los grandes científicos y de los premios nobel que en algún tiempo participaron en experimentos de telequinesis y telepatía. Por eso vemos esa larga hilera de páginas web que intentan convencer al lector de su verosimilitud para después venderle algún volumen escasamente acreditado, de algún quiromante, alquimista o mago que en algún lejano día de su vida logró un raro estado de ESP y que documentó sus vagas y más bien patéticas experiencias.

viernes, 17 de febrero de 2017

He aquí lo que dijo Verónica

Amigas y amigos de FB, les pido unos minutos de su tiempo.
Estamos viviendo una Emergencia Nacional.
Es parecida a un huracán, temblor o inundación. En parte porque tanto el gobierno federal como los locales están rebasados. En estos casos hemos visto cómo una ciudadanía activa y receptiva corre a comprar comida, a llevar ropa, medicamentos, hace aportaciones económias, se suman como voluntarios para colaborar con lo que pueden dentro y fuera de México.
Sabemos que DIARIAMENTE llegan a México cientos de migrantes expulsados de Estados Unidos por los decretos de Trump. Por aire o por tierra (éstos en peores condiciones) regresan a México sin nada. Sus edades ocsilan entre 5 y 80 años, la mayoría sin redes de familiares y amigos que los apoyen o acojan. Sin papeles, dinero, credenciales, pasaporte, IFE, NADA. Llegan sólo con una Constancia de Deportación que no les sirve. El Seguro de Desempleo les será autorizado quince, si bien les va, 15 días después de haber llegado a México y la cantidad que reciben es insuficiente para vivir una semana. En esos siguientes quince días a partir de su deportación, ¿qué comen, dónde duermen, cómo lavan su ropa, se asean, bañan? Llegan a la Ciudad de México o a otras ciudades que no conocen, cómo se transportan, con qué dinero compran su boleto de regreso a sus pueblos. Al llegar a su país, son las personas más vulnerables, ya que están solos y desconocen cómo transportarse, a qué Instituciones acudir, quién puede brindarles ayuda inmediata. Muchos no hablan bien el español.
Queridos, les propongo que me ayuden a ciudadanizar esta emergencia. Pasemos de las marchas y las toneladas de información que distráen y aniquilan nuestras acciones, para responder de inmediato y de muy distintas formas a esta EMERGENCIA NACIONAL.
Patricia Vega,  Julia Santibáñez y otros amigos en FB, ustedes saben manejar el Twitter, hagamos viral su situación, volvamos sus necesidades urgentes un "trending topic". Los migrantes de ambos sexos y de distintas edades necesitan TODO: comida, dinero, ropa, electrodomésticos, un lugar en dónde quedarse mientras entienden qué sigue en su vida, ayuda psicológica porque han dejado familia, historia, trabajo, amistades y regresan a una realidad hostil porque aquí nadie los quiere de regreso, no obstante que han enviado millones de dolares de remesas, y que muchos estados sobreviven gracias a sus dólares. Dr. David Barrios Martínez, tú puedes armar un grupo de especialistas para apoyarlos en este sentido, estoy segura que muchos de tus amigos psicólogos y psiquiatras se sumarían con gusto. Hebe Rosell MaselFrino AbMardonio CarballoMargie Bermejo, Alonso Arreola, Fernando Rivera Calderón, Carlos Nahuel Porcel de PeraltaNacho MéndezRodolfo Ritter ArenasAlejandro BarranonGuillermina Monroy, Armando Vega-gil, ustedes podrían armar conciertos diversos que recauden dinero para apoyar esta bienvenida en especie que les urge ya, hoy, mañana. Gabriel Macotela, Estela TrevinoRogelio Cuellar, Damián Flores, Juan BerruecosFernando Osorno CruzChrista CowrieMarco Barrera BassolsPatricia Quijano FerrerAngélica Abelleyra ustedes pueden donar obra, y/o pedirle a sus amigos y amigas artistas plásticos, fotógrafos que colaboren. Alejandro Luna, Silvia A Peláez, Jaime Chabaud, los dramaturgos, directores de teatro, actores, Otto Sirgo, Arturo Beristáin, Siameses Company, podrían sumar voluntades y organizar funciones y eventos para recabar fondos para solventar un poco las necesidades más urgentes de nuestos migrantes. Escritoras: Kyra Galvan, Ethel Krauze KJulia SantibáñezJuana Marìa NaranjoAna García BerguaAna Clavel, Natalia Toledo, Alicia García BerguaRocío CerónRowena BaliMaría BarandaZazil Alaíde CollinsBeatriz Rivas… Escritores:  Benito TaiboAlberto Ruy SánchezJosé Manuel Recillas PoetaDavid Martín del CampoAlberto Chimall… Ustedes los creadores y creativos de la palabra, pensemos entre todos en cómo involucrar a los ciudadanos en acciones concretas. Las empresarias Patricia Torres MayaSusana OrtizAna Lilia Cepeda y tantas otras, hablen con sus iguales y armen juntos paquetes de apoyo.
Las televisoras, los comunicadores no están ciudadanizando esta realidad. Estoy segura, ustedes en las redes pueden ayudar en mucho para volver visible esta tragedia humanitaria, la gente de bien está esperando que alguien los organice, les pida, oriente en cómo, con qué, dónde pueden colaborar, junto con las organizaciones de apoyo existentes que no se dan a abasto para solventar las urgencias básicas de nuestros connacionales. Les doy algunos datos, teléfonos, nombres, organizaciones: Luis Ángel Gallegos, Asamblea Popular de Familias Migrantes y coordinador del Programa de Atención al Retorno del Instituto de Investigación y Práctica Social y Cultura, A.C. Tel. 70 38 48 43, FB: APOFAM. Otra organización, Instituto de las Mujeres en la Migración, A.C.; FB IMUMI, tels. 5211.4153 y 5658.7384, imumi.org/ Tarda un día en contestar, dejar recado. DF@familias migrantes.org, entre otras. Hay organizaciones ciudadanas esforzándose por atender a los cientos de migrantes que llegan, en todos los Estados de la República, sobre todo en los fronterizos. Quienes viven allá, busquen estas organizaciones y súmense. Patty Duarte FrancoGerman Pablos TiradoMartin Urrea TiradoEnrique Lawrenz, Aidé Grijalva. Hay mucho en lo que ustedes y sus amistades pueden ayudar. Acérquense, difundan, corran la voz, sumen porque el problema que tenemos enfrente requiere de todos nosotros, de nuestra creatividad y de un poco de nuestro tiempo y respaldo.
Muchas gracias.

jueves, 16 de febrero de 2017

Por lo que dijo Verónica

Hace unos días la escritora Verónica Ortiz envió un mensaje que me conmovió. Y sé que a muchos les pasó lo mismo. Le prometí que la seguiría en la intención que proponía en ese mensaje. Mi manera de hacerlo es la escritura, pero hay muchas maneras.
     Verónica me hizo pensar que no debemos actuar como esos a quienes criticamos severamente, hipócritamente, omitiendo de nuestra conducta cualquier culpa: olvidando que hemos dejado caer algo feo por ahí, alguna vez, inconcientemente, sin darnos cuenta, quizá. A ignorar que nuestra existencia mal aprovechada está destruyendo el planeta: nuestros coches lo están haciendo, nuestro consumismo, nuestras cosas, que no son nuestras del todo, porque son tan finitas -algunas más, algunas menos- como nosotros. ¿Por qué no al menos recoger la basurilla que arrojamos: reciclarla, convertirla en arte, en ciencia, en jardín, en bosque? ¿Por qué no  pagar el monto de los daños?
No debemos seguir actuando como aquellos de los que nos avergonzamos; no podemos seguir ignorando olímpicamente la agonía de los migrantes, sólo porque no nos imaginamos siquiera que sean nuestros semejantes, porque somos incapaces de empatizar con ellos, ¡Dios nos libre! No nos pondremos por nada del mundo esos zapatos arrancados de los pies por la miseria, no adoptaremos esos pies callosos que cruzaron la frontera, no encarnaremos ese cuerpo deshidratado, heroicamente violado y vejado –más aún el femenino- en el camino.
Luego de leer el mensaje brillante de Verónica platiqué con el escritor Emiliano Monge, quien ha dedicado una buena parte de su trabajo de investigación y literario al tema de la migración: varios mensajes de este escritor me conmovieron también.
Dejemos de ignorar que ellos son de aquí, que este país es de ellos tanto como nuestro. Dejemos de ignorar las masacres ocurridas en los pueblos y caminos lejanos, donde no hay medio alguno para retratar o rescatar y si lo hay es aniquilado. Hace un tiempo relativamente reciente que gracias a estas redes es posible llevar imágenes de lo que han hecho desde mucho tiempo atrás sin que hubiera una cámara a mano y menos un medio que lo transmitiera en tiempo real. Como habitantes de las redes tenemos la elección de utilizarlas estúpidamente: sólo para medir nuestro nivel de popularidad y alimentar raquíticamente nuestro ego, o para convocar personas, habitantes con los que es necesario comunicarse para que las cosas sean mejores para todos.

Yo invito a todos los escritores a los que he conocido en persona y considero mis amigos, a que, sin afán alguno de protagonismo, escriban para seguir la intención de nuestra amiga Verónica.

sábado, 11 de febrero de 2017

Cuerpo débil


 Haber nacido dentro de esta dimensión significa ser dueño de un trozo de carne viva, capaz de alimentarse y realizar acciones tendientes a mantener la vida dentro de sí. Nosotros tuvimos la buena o mala suerte de nacer con un cuerpo humano, pero pudimos ser un rinoceronte o una libélula, imaginen lo que quieran.
El caso es que para estar aquí e interactuar con nuestro entorno el único requisito indispensable es ser dueño de un cuerpo. La vida es, pues, por cualquier lado que se le vea, una cuestión de privilegios, y tener un espacio de carne qué habitar es uno de ellos. Todo aquel que sea dueño de un cuerpo tiene la obligación moral o no, de protegerlo. Debe ser dueño, además, de los recursos necesarios para que no se muera por hambre o por enfermedad.
Nuestras sociedades, además, han erigido al cuerpo como emperador del consumo. La mayoría de los planes publicitarios incluyen uno o más cuerpos, cuya presencia se materializa en uno o más modelos. El cuerpo libre de defectos será el principal candidato para representar al mercado. Muchos, quienes tienen la suerte de vivir en paz, provistos de alimentos y hasta lujos, luchan encarnizadamente para conseguir el cuerpo perfecto. Ese mismo con el que también sueñan los diseñadores de ropa, zapatos y accesorios. Se agotan en sesiones de gimnasio, hacen rigurosas dietas, se someten a dolorosas operaciones. Pero suelen olvidar que más que estar bello, el cuerpo tiene como primicia estar vivo.
En las sociedades de consumo se ha perdido la capacidad para sobrevivir en caso de perder la casa o el coche, -los cuales, al final, no son más que extensiones del cuerpo mismo, diseñadas para protegerlo y hacerlo más veloz- En todo caso, esta capacidad se le exige al sistema. El sistema ideal es aquel que ha absorbido la capacidad de supervivencia de sus habitantes. Los habitantes del sistema actual no deben la supervivencia de sus cuerpos a la caza o la pesca, ni mucho menos a la agricultura o la recolección; un derrumbe del orden a partir de una catástrofe natural está muy lejos del alcance del sistema y haría patente la incapacidad de supervivencia de sus habitantes y de sus cuerpos. La naturaleza y sus desastres tienen un poder inconmensurable ante el cual el cuerpo es una entidad endeble. Por otro lado la vida en sociedad conlleva altos riesgos para el cuerpo.
El instinto de conservación ha llevado a las especies a ingeniar el sofisticado sistema del placer en la reproducción. Las bacanales fueron la manifestación más clara del culto a los placeres del cuerpo. No sólo eran festejos, sino el aliciente que soportaba el duro trabajo que conlleva la construcción de una gigantesca civilización. El momento del festejo le da sentido al trabajo, que por cierto, también es cosa del cuerpo. Todo rose del individuo con su exterior es asunto del cuerpo. El cuerpo hedonista tiene, como segunda prioridad, justo después de la supervivencia, la procuración del gozo. El falo es el más venerado de los iconos del cuerpo. Llama la atención que en nuestras culturas madres haya habido tantas representaciones de falos, que van desde las pequeñas figuras de hombrecillos de barro de enormes penes que caracterizaron a la cultura maya, hasta las gigantescas tallas en madera, semejantes a edificios, que desfilaban por las calles de Alejandría o Roma durante ciertas procesiones y bacanales. Casi trescientos años antes de Cristo un cronista de nombre Kalixeinos de Rodas relata una procesión en la que vio jalar un enorme falo dorado cuya estatura en metros superaría a un edificio de más de quince pisos. Este culto ha sido el más glorioso y privilegiado de todos los cultos.
En la actualidad, la mercadotecnia del placer sexual reconoce al hombre como su principal consumidor. Ya no se exhiben aquellos enormes penes por las calles. Sin embargo, las mujeres -que en mayoría conforman su aparato, diseñado para el hombre heterosexual-, trabajan arduamente para que sus cuerpos relucientes posen ante cámaras fotográficas, de cine y televisión, o, en casos menos afortunados, se deslicen por tubos metálicos al centro de un escenario. Se desviven, pues, los sistemas, a lo largo de los siglos, para seguir rindiendo al pene un culto, para seguir montando espectáculos, especialmente ensayados para provocar la erección, que evocará el estado ideal, que evocará a nadie menos que a Dionisio, en principio, y atraerá copiosos capitales, fundamentalmente.
El cuerpo es el receptor de las viseras, músculos y huesos que hacen posibles sus acciones. El cuerpo es receptor, además, del pensamiento, del deseo y la apariencia. El cuerpo -una vez superadas todas sus necesidades fisiológicas- guarda un importante espacio de sus preocupaciones en la vestimenta. El cuerpo bien vestido es otra de las características del ideal publicitario. El cuerpo vestido para la ocasión es la carta de presentación ante una sociedad que observa y juzga. La moda ha llevado incluso a ese mismo cuerpo al ridículo. El cuerpo, pues, ha sido no sólo una víctima de la guerra, el accidente, la catástrofe o la hambruna, sino una víctima de la moda. El cuerpo vestido y victimizado por su propia vanidad, manifiesta, además, una identidad.
El cuerpo desnudo ha sido signo de grandeza para algunos; los dioses y los hombres de alto rango se retrataban desnudos en la Grecia y la Roma Antiguas. El cultivo del cuerpo, su belleza y su fuerza, fueron prácticas sistemáticas de las cuales se desprende la institución de los juegos olímpicos. Mucho tiempo después de esta época dorada del cuerpo, sobrevino la institución del Cristianismo, y a partir de él cierta pérdida de la valoración del cuerpo y sus posibilidades hedonistas. El cuerpo fue entonces el receptáculo del alma, en cuya existencia se fundamentará lo único verdaderamente valioso, la posibilidad de ascender al plano divino, en total desposesión de una carne ya para entonces ampliamente desdeñada. Durante la Edad Media el mundo occidental se pobló de estrafalarios y santos ermitaños cuyas historias, de una precariedad corporal más bien mórbida, recorrerían la literatura de palmo a palmo, y así llegaron a nuestros días. Se sabe, por ejemplo, que San Besarión nunca se acostaba, que Santa Eufracia simplemente no se bañaba, que San Simeón cuidaba con esmero a las larvas que le retoñaban en la piel, que él mismo escoriaba. El menosprecio del cuerpo convirtió la desnudez, imperial y divina para los clásicos, en una condición del desamparo, y la humillación.
En los años que corren la desnudez no se muestra por pudor, y quienes la muestran con fines sexuales no son muy bien vistos socialmente. Digamos que, la desnudez está bien, sólo si tiene un fin artístico. El affaire que tienen últimamente ciertos sectores con la pornografía, ha traído una más clara aceptación masiva de la desnudez, aunque estos sectores sean masas aún subrepticias. La exhibición del acto sexual ha sido también una práctica común –aceptada o no- en las sociedades; los carnavales y las orgías, han sido cosa de todos los tiempos. No estamos diciendo que eso esté bien. Creemos que la pudicia y la reserva son prácticas mucho más sensatas que la perdición y la obscenidad. Los medios proclaman la importancia de la unidad en la familia, la iglesia reprueba la promiscuidad. Algunas de estas proclamas son realmente sinceras, muchas otras sólo son superficiales.
El cuerpo, además es un encubridor; posee una piel que lo viste, diseñada a la medida. En décadas recientes, a ciertos artistas les ha dado por exhibir el cuerpo en una forma muy distinta de lo que se hace en las bacanales o de lo que se hace en los prostíbulos. Ya en el Renacimiento, cuando la ciencia y el conocimiento profundo del cuerpo despuntaron, nació un científico, Friederich Ruysch, quien echó mano de las técnicas de embalsamamiento recién descubiertas y montó en el salón posterior de su casa, la exposición de una serie de personajes de carne y hueso humano; muertos, claro está, a quienes embalsamó cuidadosamente y luego vistió caprichosamente y colocó en situaciones cotidianas, e incluso graciosas. Con la reciente técnica de la plastinización, descubierta en la década de los setentas por un científico que habría de consolidarse también como artista plástico: Gunther Von Hagens, se puede conservar el tejido de los cuerpos sin que sufran deterioro alguno y bajo condiciones de relativamente poco cuidado, durante muchas décadas. El cuerpo, bajo el concepto de este científico artista, se inmortaliza y se convierte en una obra de arte perenne. Hasta nuestro país llegó una famosa exposición de cuerpos plastinizados, que había ido causando escándalo y admiración, problemas éticos, morales y religiosos, con mucho éxito y por muchos países del mundo. En este caso, el asunto didáctico es una excelente justificación para la exhibición, lo mismo pareció ocurrir con los cadáveres embalsamados del renacentista holandés Ruysch, que por cierto, en algún momento fueron comprados por un ruso que los pagó a precio de oro, algunos de estos cadáveres aun se conservan.
El asunto de la exhibición del cuerpo humano, su desnudez y su muerte y en general los asuntos relacionados con la carnalidad, son motivo de polémica en el mundo. El ser, al ser dueño de un cuerpo vivo, no sólo es dueño de una existencia, sino de una individualidad. Individualidad que lo vuelve único e irrepetible, capaz de juzgar y contemplar el mundo desde una perspectiva distinta a la de sus semejantes. El tener una perspectiva individual le permite estar en desacuerdo con esos mismos semejantes. En los asuntos del cuerpo la sociedad será incapaz de ponerse de acuerdo y menos aún, en paz; las prostitutas lucharán siempre porque sus cuerpos puedan ser vendidos con dignidad, los drogadictos lucharán porque sus cuerpos puedan obtener rehabilitación, o, en su caso, una digna drogadicción, las mujeres lucharán por envejecer lo más juvenilmente que puedan, los hombres de más de cincuenta perseguirán desesperadamente el elixir que les procure erecciones cada vez más contundentes, los niños de la calle lucharán porque sus cuerpos no sientan hambre y combatirán con la clásica “mona” su ansiedad por vivir. Al contrario que las personas, muchos animales formarán parte de la cadena alimenticia, y con milenaria resignación, dejarán que sus cuerpos sean engullidos por otros animales.

jueves, 9 de febrero de 2017

Cross my heart




Hoy aterricé en el Manzano. Ahí los niños quieren echarse una cerveza y unos doritos por mi cuenta, por eso me sonríen, se acercan en manada.
Los niños me cuentan que aquí y allá hay fosas donde han encontrado cadáveres “todos de señoras, se les veía el pelo largo, la sangre, ¿quiere ver dónde fue?, aquí violan muchas señoras, por eso la acompañamos… “. 
Pasamos por un pequeño socavón junto al camino, en la ladera del cerro Gordo, la hierba seca, crecida y manchas negras que algo ocultaban, no sé qué, no lo comprobé, no me asomé detrás de la hierba. Los niños querían dinero, el miedo es uno de los mejores recursos de la mercadotecnia, pensé que quizá por eso me contaban historias tan macabras en nuestra primera charla. Mi persona cayó del cielo en forma de billete en su visión del universo. Billete fue la palabra clave. Mientras tomábamos el camino hacia el taxi discutían conmigo si yo debía darles tantos o cuantos billetes, se los repartieron en su imaginación, establecieron una larga negociación, acordaron con una justicia asombrosa que yo les daría cuarenta pesos –De los cuarenta niños que me recibieron en el aterrizaje, sólo cinco se prestaron a hacer la expedición y uno de ellos era demasiado pequeño para entrar en negocios. Diez pesos cada uno. A uno de ellos le decían el Abuelo, era el mayor, con un aspecto minúsculo para la edad que confesó, me dijo que en su familia todos eran chiquitos. Era el líder del grupo. Me preguntó si yo decía groserías, ante mi negativa les indicó a los demás que no dijeran groserías frente a mí. Luego me preguntó sobre el precio de las cosas que llevaba. Otro niño, un poco menor, interrumpió para decir contundentemente que ellos no robaban, que no me anduviera preguntando el precio de mis cosas porque yo iba a pensar que querían robarme. Agregó que ellos buscaban ganar dinero: “muchos caen por aquí y los sacamos”. “Ya nos hemos empedado”, interrumpió uno mucho menor. Otro tomó la palabra para contarme que un día se encontró a dos hombres cogiendo, literalmente, “los mataron”, agregó al final. Uno más grande pidió que el Abuelo tomara la palabra y me contara el asunto con toda propiedad. Pensé que seguro los cuerpos de los señores que cogían fueron arrojados junto a las señoras de cabello largo en la fosa.
Caminamos durante una hora veredas y varias calzadas de cedros, ocotes y encinos, tres ranchos. Cruzamos un arroyo a las faldas del cerro Gordo, me dijeron que podía beber de ahí, ellos mismos bebieron, yo no. Los niños, impregnados de mugre se veían contentos, se reían, jugaban a las peleas mientras avanzaban firmemente junto conmigo. Pasó un muchacho en una moto, el Abuelo le gritó que me llevara pero él respondió terminantemente: “¿Y si la tiro?”. Seguimos de largo y encontramos a otro trabajador de uno de los ranchos, que se ofreció a llevarme, los niños se subieron junto conmigo a la caja de su camioneta, ellos lo conocían. Encontramos una vereda, le indicaron al conductor que parara ahí, por ahí bajamos. Cruzaba otro arroyo. Aquello confluyó en un camino bastante bueno que desembocaba en un  área pavimentada. Varias camionetas pasaron: “ahí va el patrón de zutano, ahí va el patrón de perengano”, decían los niños, “Todos los de las camionetas son patrones”, pensé. Me volteaban a ver las parejas de patrones con sendas caras amables, yo les respondía con una generosa sonrisa, -yo igual que los niños andaba en la cacería de algo: otro aventón-, pero ellos nunca se detuvieron: “los pilotos les debemos parecer chistosos”, pensé. Seguí caminando junto a los niños que hablaban mal de los patrones “esa señora es bien brava” dijo uno, enfatizando la frase con un doble sentido que hizo a todos carcajear, a mí no, “ese es un hijo de la chingada”, dijo otro. No tenían en general una buena impresión de los patrones.
Después de varios minutos por esa senda me encontré a un colega parapentero que viajaba en una camioneta, su conductora madre al volante. Me sacaron de ahí hasta la carretera donde pude tomar un taxi que me dejó en el internacionalmente conocido Jován, donde me encontré con mis colegas Horsepower y Jeff. He intentado aprender recientemente el concepto de Cross country en un país donde hay  mucha miseria e inseguridad. Hoy aterricé en el corazón esa miseria y seguiré intentándolo.