martes, 25 de enero de 2011

Izquierda, derecha...

Tengo perdida una buena parte de mi memoria, y sin embargo hay segmentos que recuerdo nítidamente; en general están relacionados con plazas repletas de personas llenas de esperanza. Mis hemisferios se cuatrapean, y como consecuencia, cada vez, como ustedes, me olvido más de los demás, me sumerjo en el ruido de mi mismo, en la presencia fantasmal de mi nombre impreso miles de veces. Mi nombre. Mi nombre en todos los medios y géneros. Mi nombre y la gente. Mi nombre y el de la gente necesaria. La gente necesaria que tiene un carácter tránsfuga, y se vuelve de pronto la gente inútil. Mi nombre y el de las personas acarreadas. Mi nombre en el fondo, música en un centro comercial, virgen que me habla, aparición estampada en mi camiseta, tinitos en mi tímpano, discurso en el terregal... Mi nombre empolvado. Respuesta repetitiva de mi mismo: mi nombre inscrito en un caudal de caudales.

domingo, 16 de enero de 2011

Poco amable

Te quiero
y pretendo
hacerte
horrendo,
macilento,
lento,
tonto,
descontento;
un pelele,
un zoquete
con telele,
y dejarte
en el suelo
de un moquete.

sábado, 15 de enero de 2011

Happy corner

La playa saludable

Siendo aun muy niña alguien me dijo que en una de mis vidas pasadas mi nombre había sido María Antonieta; yo no había sido la reina, sino otra, una mujer intrascendente. Curiosamente, pensar en la cabeza cortada de la reina constituyó los pininos de mi imaginación morbosa. A partir de ese momento mi cabeza no volvió a abandonar la sangre. Mi tierna infancia estuvo oscurecida por sueños recurrentes sobre soldados y playas cubiertas de cadáveres. Una playa, pues, no fue nunca para mi solamente el lugar sano y alegre de los vacacionistas, sino el lugar de las ejecuciones y las repeticiones de las balas, el lugar de los decapitados, el lugar donde desaparecía rápidamente la carne de los muertos al calor de las aves.

Alone

jueves, 6 de enero de 2011

Sol negro

La salida

La entrada es por ahí. Cuando llegues vas a reconocer una puerta al fondo, vas a recordar su roce con el marco. Tras la puerta hay un jardín y luego un cuarto con una cama; reconocerás en sus paredes tus cuadros. Sobre esa cama nuestros rubíes salpicarán las sábanas como gotas de amor, como gotas de sangre de mi sangre. Antes yo crucé con desesperación diletante los muros y los témpanos de hielo, para encontrarme con tu nido hueco y negro. Al fin estás ante mi, te veo. Eres más triste que una gota de lágrima después de la mordedura de una nauyaca. Eres el enviado de dios para hacerme purgar mis pecados. No tengo otro remedio que arrastrarme a tus pies. Eres alto. He hablado con admiración sobre ti muchas veces, pero ahora que te conozco... Desde aquí abajo puedo ver tus ingles, desde aquí veo tus manos blandengues y nerviosas. No te preocupes, ahora que te vayas borraré tus visiones y seguiré hablando con admiración sobre ti, como si nunca te hubiera conocido.

Ese nombre

Me es familiar. He tenido ancestros, novios, maridos y hasta hijos adoptivos y no, que lo han llevado. Todo buen nombre debe llevar las virtudes de quien lo lleva; todos los hombres a quienes conocí, y que se llamaron así, las llevaron. He sido una buena madre. Yo soy, pues, además, la madre de cada hombre que se llama así; parí a mi ancestro, a mi novio, a mi marido y a mis hijos adoptivos y no. Yo los alimenté con mi pecho a todos, y por si fuera poco, soy quien les da valor... yo los embellezco, los hago felices... Cada hombre, a cambio, me redime, esa es la enorme recompensa de ser madre de todos. Cada nombre que le pongo a cada uno de mis hijos es la promesa de una nueva venida, es emancipación, es cura de la herida. Pero no sólo eso; cada hombre que yo he conocido y que ha llevado ese nombre es mi amante.

miércoles, 5 de enero de 2011

Tu silueta suena y sabe a serpiente

Sin preguntárselo a mi mente mi alma fue a buscarte y te encontró, o eso creí. Vi tu silueta. Era una situación conocida, parecida a aquella del castillo mil veces relatado de las almas. Hay dudas. Quizá la piel dormida que encontré estuviera muerta y no fuera la tuya, si no la piel de una serpiente partida en dos, divida por el machete de un campesino.
Yo besé aquella parte que creí eran tus labios, y los vi susurrar canciones que sonaban a silueta y a silbido y sabían a sal. Tu silueta se sacudió sobre mi como un látigo, se me enredó como una anaconda, me hizo llorar sangre como una nauyaca. Tu silueta me hizo pagar mis pecados, como cualquier serpiente. Entonces me convertí en machete y partí tu piel en dos.