miércoles, 7 de mayo de 2008

La bala enamorada (breve fragmento de la novela)

Morten jamás pudo quitarse la noticia del dictamen de la cabeza: asistió un día a la recepción de la editorial y preguntó a las chicas si sabían algo al respecto, durante varios minutos ellas hacen caso omiso a lo que dice, pero él no deja de insistir; no juega. Sin embargo ellas no comprenden el carácter antilúdico y amargo que trae Morten por estos días en que el desamor y el recuerdo de la Chiquis están a punto de matarlo. Las chicas parecen divertidas pintándose las uñas, él tiene tanta paciencia y sensibilidad que se calla hasta que las tipitas no tienen otro remedio que escucharlo. Pregunta tímidamente si ya está el dictamen sobre La marca de sal, a lo que las tipitas responden a coro: “rechazado por falta de madurez neuronal”, sueltan una risita aguda y se siguen pintando las uñas, las dos chicas parecen tener muy estrictas instrucciones por parte de la Chiquis, a quién respetan como a una Stalin que además les da unos tips de personalidad sabios y formidables. Morten está a punto de desplomarse en el piso, pero una inspiración casi divina lo lleva a brincarse la recepción y correr hacia la oficina de la editora; las dos chicas están tan metidas en su práctica que ni siquiera se dan cuenta de lo que sucede, hasta que escuchan un grito agudo que proviene de la oficina de la editora; es Morten que dice: “¿por qué lo hiciste?”, de pronto la editora sale diciendo: “gasa”, con una expresión fingida de tedio y aburrimiento poco acorde a la circunstancia.
Cuando la editora sale para buscar la gasa, Morten va directo a su escritorio y vierte los chorros de sangre que brotan de cada una de sus muñecas, “¿porqué?”, vuelve a gritar y sigue gritando hasta que la ambulancia llega. Es la segunda vez que sale encamillado de la editorial.
Es a partir de esta escena que la Chiquis alcanza su mayor aturdimiento; poco tiempo después de esto Jeff le anuncia su completa indiferencia sexual, cosa que por lo demás no le impide pasar unos días más en La Arcadia, siempre y cuando sean sólo unos días. Pero las cosas siempre pueden estar peor y dentro de la editorial estalla una crisis; la Liga de los Guardianes de la Ley Literaria, ha empezado a hacerle grilla; el asunto de los papeles ensangrentados ha costado un dineral a la empresa y todo por un estúpido enredo amoroso que la pobre ha tenido con un escritorcillo de quinta al que no le ha quedado más remedio que intentar suicidarse. Los rumores se empiezan a escuchar en los pasillos, la figura de la Stalin de los tips pierde popularidad a una velocidad insospechada.
En esos días se ve obligada a abandonar La Arcadia, Jeff ya se ha instalado con Mariana, que es joven, inteligente y no para de bailar. La editora está profundamente herida y el riñón de Morten le hierve por dentro.

3 comentarios:

juan josé dijo...

Desde el título seduce. ¿De quién o de qué puede enamorarse un proyectil que raudo, invisible y puede que hasta sigiloso puede llegar a ser letal? La bala silba, la bala resbala por las paredes intocadas del aire. Está en la luz, en la luz verde de unos ojos, en la luz de cada poro, piel radiante, está en los rayos cálidos de la voz. Dices que suscita reproches, al menos sospechas, tanto apego al yo pero cómo no tenerlo tú, cómo no tenértelo, si todo lo que tientas te dice y toca todo lo que puede mirarse, tantearse. La bala enamorada: una saeta a fin de cuentas jubilosa, de tanto amor que vence toda amargura.
Tin Pru

Row dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Row dijo...

Gracias, Ado padrino, por tus palabras que me dejan suspensa, disparan mi timidez y quedo como una bala en el aire, indecisa para entrar en el pecho terso de nuestro Morten, quien no imagina su alegre destino...