jueves, 2 de febrero de 2017

Albert Camus: Las dos caras del hombre


Cuando en la novela La Peste, el doctor Rieux desvela la enfermedad a familias dolientes, muestra dos caras: ambas templadas por la indiferencia. Rieux es un personaje equilibrado cuya presencia se traduce en la contención y control de una siempre latente descomposición social. Está ahí para desvelar también la mezquindad de una pequeña humanidad intocable que lucra con la desgracia y se enriquece con la enfermedad que no puede alcanzarla. Así mismo, desvela la lucha desinteresada por salvar a los desgraciados. Hace patente la extraña presencia de quienes no se enferman de poder y tienen el poder de no ser tocados por la peste.
En tanto la enfermedad ha dejado a una población menguada, sin fuerzas, llena de nostalgia por los ausentes, hay otra población que experimenta intensos deseos de seguir con la vida, de beber en los bares, de gastar el dinero almacenado, generación tras generación. En tanto Rieux trabaja incansablemente, los comerciantes elevan los costos de todo y ocultan alimentos, creando una desgracia mayor de la cual están exentos. La sociedad se divide entonces entre los que desde un estatus de confort succionan la savia de la humanidad, y la humanidad succionada.
El que da y recibe con justicia es la excepción, y posee sus propias dualidades. Rieux es, como dije, un hombre templado, pero además, absurdo, que afirma que el secreto para afrontar la peste es "la indiferencia". La indiferencia lo hace inmune. Va declarando la desgracia en el vano intento de hacer de ella un sufrimiento menor para los otros, y la peste, en una gracia aun inexplicable, respeta su vida. ¿Por qué la peste no lo toca? Por que él lleva en su interior una enfermedad aún más grave, que lo salva de la otra. Su indiferencia por el mundo y su contradicción se conjuga –contradictoriamente- con un deseo de luchar por ese mismo mundo.
Las ratas y sus pulgas siguen latentes, la enfermedad sólo se oculta subrepticiamente. Las luchas devuelven a las sociedades una justicia pasajera. La justicia, como la libertad, es condicional, y la balanza siempre volverá a inclinarse hacia las más pesadas arcas. Las pulgas alcanzarán sólo a los que viven cerca de las cloacas, las cloacas, eventualmente, volverán a llenarse de indigentes, quienes saldrán luego a las superficies, y dejarán su marca bubónica a los de en medio; a esa clase media que mira hacia arriba, que mira directo hacia la luz que la ciega, sin temor ni conciencia de los de abajo.
El hombre absurdo niega lo eterno, carece de esa gracia otorgada a los inmortales y a los religiosos. Lo que a ellos les resulta de lo más natural es imposible para el hombre absurdo, es por ello que debe conformarse con esta vida, la cual, por cierto, lo puede proveer de no pocos placeres.
Es por esa gracia que quien pretende suicidarse con la idea de la eternidad en la mente, no es un hombre absurdo, por eso Kirilov no es un hombre absurdo. Es por esa desgracia del hombre absurdo que en la vida de aquella prefectura francesa de la costa argelina, la ciudad de Orán, la peste aun aguarda y quizá algún día (y es así como concluye Camus) "despierte a sus ratas y las envíe a vivir a una ciudad alegre"
El "absurdo" de Camus, "la nausea" de Sartre, "la inquietud" de Heidegger, "la humillación" de Jaspers, confluyen en una innegable condición: la libertad condicional del hombre, dada por su incapacidad de decidir sobre su permanencia. La incredulidad sobre la trascendencia del hombre y sus actos se afirma en Camus desde su definición en El mito de Sísifo, como una constante, y dice: " no creer en el sentido profundo de las cosas es lo que corresponde al hombre absurdo" y se confirma años después, puntualmente, en La caída durante el largo monólogo que establece Jean-Baptiste Clamens desde un bar de nombre México-City, ubicado en una brumosa Amsterdam, con un interlocutor que, al menos para nosotros, permanece silente. Y dice Jean-Baptiste: "nunca pude creer profundamente que los asuntos humanos fueran cosas serias". Jean-Baptiste es un hombre otrora exitoso y optimista, de sonrisas y cortesías; un pequeño desafiante que se enfrentó al absurdo durante varios años de juventud y madurez,  y fue, al fin, aniquilado por él. Es Jean Baptiste un Sísifo que sonríe aun aplastado bajo su propia piedra; un rebelde que se hartó de los otros. Un papa que debe suplicar perdón a los desesperados. Es Jean Baptiste un hombre que tiene dos caras.
La incapacidad de trascendencia es entonces un hito irrisorio que se eleva sobre todos los asuntos que empapan la razón humana y que no constituyen sino un juego, una burla del aquí y el ahora, una entelequia que se sostiene sobre los implacables cimientos del sinsentido. En tanto, el suicidio se consolida como el único tema serio sobre el que puede disertar la filosofía, y la muerte la única certeza en la que puede confiar. El hombre es absurdo porque, ante todas las evidencias y muros circundantes en su propia existencia, no le queda otra sino esperar el cese de la conciencia, el fin de una libertad condicional que le fue concedida, en el mejor de lo casos, con el nacimiento. La libertad condicional, pese a todo, tiene sus recompensas, el goce por la vida y la posibilidad de emular la realidad a través del arte, no son poca cosa, la capacidad de elegir el camino más o menos tortuoso hacia la muerte es una salida.
¿Pero donde queda en todo esto el proletariado? ¿Hasta qué punto cuenta con esta feliz capacidad de elegir?¿Desde qué perspectiva habla Camus cuando afirma que la roca es "el asunto" de Sísifo, quien al final debe ser imaginado como un ser eternamente alegre en la inútil tarea de la resolución de "su asunto"? (¿quién puede desafiar a los dioses y ser castigado por ellos?, ¿hasta qué punto la injusticia es "el asunto" de los desfavorecidos?) En la masa proletariada esa capacidad de elección tiene unos límites eternamente lamentables que se sitúan mucho antes que el muro de la razón. El Hombre Rebelde, al mirar hacia todos lados desde la perspectiva del absurdo descubre a los otros hombres y reconoce la injusticia que ha recaído sobre ellos y esos otros están conscientes de que la injusticia ha recaído sobre él mismo. El hombre rebelde resuelve el problema de la ausencia del proletariado en El mito de Sísifo. Entonces el hombre absurdo se vuelve un hombre que actúa en comunión con las masas, sale de su coto de confort y se inconforma, agarra a su propia conciencia por los cuernos, descubre su humillación y actúa. El momento en que la conciencia percibe la injusticia y conduce al cuerpo a realizar una acción para derrocarla, para aniquilarla, es el momento en que nace la rebeldía. ¿Fue el hombre absurdo un burgués que adquirió consciencia de la injusticia y se transformó en un hombre rebelde? Quizá la capacidad de adueñarse del absurdo, hacerlo suyo, explorarlo artísticamente, convertirlo en goce por la vida, sea apenas un asunto de los privilegiados. Sólo los privilegiados pueden hacer "suyo" el absurdo en que van a vivir sus vidas. Camus no dijo al principio que para alcanzar todo eso, justamente y para todos, hay que hacer una revolución. Es este uno de los puntos en los cuales la muy mentada disputa entre Sartre y Camus encuentra sus primeros motivos.
Todavía Francia no ha podido terminar de ponerse de acuerdo para festejar la muerte y la vida de Camus; y es que Camus es un colonizado ampliamente absorbido por el sistema, un filósofo más lírico que riguroso, un hombre absurdo que desentrañó el suicidio sólo para conocer la única salida vital que hay en él, un hombre ecléctico y anarquista que militó en la izquierda, un hombre que recibió y aceptó el premio nobel antes que un Sartre sobre quien, años atrás, hizo sutil mofa en El mito de Sísifo.

No es cometer suicidio lo que, con todo el goce de su libertad condicional, decidió Albert Camus. Decidió seguir adelante en los menesteres y sinsentidos de la vida, se dedicó a desentrañarlos fielmente bajo la mirada del absurdo, antes contó la historia de un hombre despersonalizado que un día mato a otro hombre, y luego miró la peste desde la indiferencia y la lucha; el amor y la vida desde su brumosa intrascendencia y, desde su triste decadencia, la belleza recuperable de Helena. (Este es un resumen de una conferencia magistral, que dicté en la FFyL, UNAM)

miércoles, 1 de febrero de 2017

Manipulador (Apunte para Cigoto)

Mi personaje es un fanático. Antes fue un espermatozoide que unido a un óvulo alcanzó la etapa de Cigoto. Este Cigoto sospecha que es una mujer y que nació para triunfar. Mas manipula a sus espectadores sólo para despistar, para que no comprendan la estrategia que se ha planteado para manipularlos, erigirse en un poder que imagina desde el vientre de su madre, creyendo saber todo, con un ego agigantado en su infinita pequeñez. Le habla a sus espectadores sobre una Diosa omnipoderosa que los está mirando desde el cielo. Luego se transforma en una sacerdotisa, luego en una jueza, calificadora, castigadora. Mi personaje no ha nacido y lo sabe, está consciente del sitio en el cual se encuentra, piensa que debe escribir su historia desde ahí, escribe en el papel de una eternidad megalómana. Mi personaje, de pronto, se comporta como un hombre; ha heredado de los hombres de poder su machismo y en momentos se confunde, entra en conflicto, y se manifiesta como una manipuladora misógina, que coloca a los hombres por encima de las mujeres. Más en algún momento reflexiona y se da cuenta de que entre las mujeres también hay mayorías consumistas. Y entonces empieza a manipularlas, a tratarlas “bien”, “diferente”. “Las mujeres también compran”, piensa en un sub diálogo secreto que aparentemente no revela a su público, pero que queda inserto en sus palabras como un venenillo que reserva para sí mismo. Para manipular utiliza un tono profético, se declara iluminado. Miente. El veneno no lo mata, pero lo transforma en un hombre derrotado y deprimido, con ganas de abortarse, de nunca nacer. Odia el consumismo, odia el concepto comprar, odia a la humanidad, odia a la mujer, quiere comprarla, quiere que ella lo compre, se odia a sí mismo, tanto como odia a la sociedad que lo verá nacer, quizá como hombre, quizá como mujer. Ahora ya no sabe nada. Más, como buen maniaco depresivo llega a un punto en que su ego se eleva vertiginosamente, remonta por los aires, alcanza alturas estratosféricas y nunca parece caer de su felicidad, hasta que ocurre algo más: algún recuerdo del futuro se escapa, aparece un eslabón grisáceo en la cadena genética. Se rompe. Entonces busca la compasión de sus espectadores, se llena de autocompasión ante la certeza de que realmente no es observado, que sus espectadores nunca existieron, que siempre estuvo tan solo como algo menos que un feto. Entonces remonta a su estado maniaco. Se declara solitario empedernido, único, rey, sacerdote, juez, Dios, devoto de un Dios que gobierna en él mismo. Y así queda condenado a la cima y a la sima per sécula seculorum. Como él mismo dijera a sus espectadores, su objetivo final fue: “convertirse en polvo, en muchos, para más tarde ser uno solo, y más tarde ser polvo, uno y muchos, una y otra vez”

martes, 31 de enero de 2017

Estoy haciéndolo dulcemente

Tú eres parecido a mi, pero no eres yo y tus cualidades son opuestas y complementarias a las mías. Soy tu lado contrario. ¿Ya comprendiste? Soy el que se refleja en tu espejo, lo que quieres ver de ti mismo a través de tus ojos. La carne de tus adentros. Algo nos diferencia: tu dolor es soportable, estás preparado para morir. Yo no. Tengo la misión de quitarte la vida, lenta e hipócritamente. Yo siento un dolor perenne que sólo se aliviará con tu muerte. Tú te irás y me liberarás. Tengo un pacto con Dios y Él me otorga el derecho de mentirte, de irte llevando con lisonjas y argucias por una vereda a veces tortuosa y gris, a veces recta, limpia y florida, hasta la muerte. Estoy pudriéndote dulcemente, cuerpo mío. Te daré lo que quieras, tus antojos te los voy a cumplir uno a uno mientras pueda, pero cuando ya no pueda te cobraré el placer con dolor y la vida con muerte.

jueves, 17 de enero de 2013

Cigoto Enamorado


Y sí, esta es mi oportunidad para ponerme cursi. ¿Saben? Todo hombre recalcitrante y radical es un poco cursi. Aunque yo no sé si seré hombre o mujer… ¿o sí lo sé? Estaba olvidando que lo sé absolutamente todo, que tengo metida en la conciencia toda la eternidad que me antedece y me precede, que tengo la eternidad como un hito, como un monumento dedicado al momento en que se decide la vida o la muerte. Llevar la eternidad a cuestas en la memoria es un poco confuso, sobre todo cuando uno empieza a acercarse al olvido. Y es que desde el principio, desde que se gesta el amor entre los amantes que han de procrearnos, hasta el último momento de nuestra vida, se gesta a su vez, gemela maligna, la posibilidad de dejar de existir... y bueno, sé que no les digo ninguna novedad, pero es importante recordarles a lo que se atienen quienes se entrenan en el ejercicio de la vida. Constantemente estarán en riesgo de morir, pero serán más suceptibles en sus primeras etapas. Yo, francamente, hasta no ver la teta de mi madre rebosante de leche ante mi, no me proclamaré triunfador. El primer amor será ella, supongo, y una vez decidida mi sexualidad sabré con qué clase de amante querría relacionarme. Supongo que tendría que ser hombre. Y esto lo sé porque lo sé todo y sé que soy una mujer –ahora lo sé, acabo de recordarlo. Aunque mis padres lo sabrán mucho más tarde. Quizá yo lo he recordado porque estoy más cerca del olvido que en las primeras páginas. Quizá porque en apenas unos capítulos, el olvido me dominará. Toda la memoria desaparecerá y se convertirá en un futuro, en una vida por delante.
Por el momento sé que quiero un amante que sea tan valiente como yo, quiero un amante que sea para mí, que le sirva a mi progenie para demostrar su eterna capacidad de supervivencia, quiero un hombre, claro.

viernes, 5 de octubre de 2012

Cigoto Claudicador

No sé qué hacer, no sé cómo avanzar ahora, la eternidad es tan enorme que me permite detenerme a reflexionar sobre un segundo durante todos los segundos que yo quiera. Hasta me permite detenerme bajo un viejo tejo o bajo un ahuehuete a descansar durante el tiempo que me plazca, o ir creciendo, como una raíz, lentamente, bajo la tierra, en eterno y móvil reposo.
Habría que suponer ante tan aparente inmovilidad, que mi disyuntiva es fruslera, que nada tiene un destino necesario ni trascendente, salvo esta posibilidad de tomar una siesta escuchando suaves palabras que vienen del exterior para luego dejarlas tendidas sobre la sábana, en mi propia habitación. Ser un Cigoto es gozar de la posibilidad del eterno detenimiento; en mí se resume la fuerza que conforma la eternidad cuando se hace aliada de la finitud. Ser un Cigoto es, pues, una gran responsabilidad, cualquier descuido en el uso de la eternidad puede ser mortal. Es muy fácil, sin embargo, detenerse en el siempre y claudicar, nunca dar el siguiente paso que te separará, dios mediante, de la eternidad y te colocará en la vida por un tiempo. 
¿Y por qué diablos tanta lucha, si llegar a la vida puede representar también sórdidos capítulos de miseria y violencia? ¿Saben? La humanidad me tiene tan decepcionado que es una vergüenza para mi entender que en unos meses seré parte de sus huestes malignas. Esa vergüenza, paradójicamente, está revestida por un instinto ineludible, una necesidad imperiosa de convertirme en esa vergüenza. 
Ya sé qué hacer: Gozaré de lo que los humanos hechos y derechos gozan, accederé a las satisfacciones que una piel aireada y cultivada representa y las dejaré florecer por largas generaciones.  En principio dejaré de ser un Cigoto para alcanzar el cuerpo.

jueves, 4 de octubre de 2012

Balita

Durante días y días te desee, dudé de la dicha, no dormí, me deprimí. Pero el impulso de mi dura frustración fue tan débil que nunca moví un dedo por ti. Dejaste caer el ofrecimiento que te hice, después intentaste, obsesivo y dedicado, pero débil, rearmar lo que dejaste caer. Hasta muy tarde supiste bien que era ese hilo de saliva que ni siquiera supiste probar: ese hilo era un caudal interminable en el que ya te ahogaste. El caudal de un fantasma... ¿El lecho de un enorme río seco?
Durante días y días te desee, dudé de la dicha, no dormí y me deprimí por un asunto que sólo habitaba en mi mente, por unas pesadillas vívidas que me indicaron con todas sus señales que eras para mi. Caí en la trampa de los innumerables vaticinios que hablaban del color de tus ojos, de tu piel, del origen de tu familia, de tu edad, de tu inteligencia, de tu profundo amor por mi. Caí en la trampa de tu presencia perennemente sonriente. Los vaticinios nunca me hablaron de tu debilidad, ahí estuvo su peor artimaña. Nunca me advirtieron que nuestra voluntad estaba castrada y era prisionera de una bruja envidiosa. (En Hablando de Gerzon)

viernes, 20 de julio de 2012

Cigoto misántropo y amante de las masas

Ha pasado suficiente tiempo de evolución y desde que tengo recuerdo adolezco de una misantropía, digamos, benigna. Con los años terminó por convertirse en un amor discreto y profundo hacia muy contadas personas y un amor temeroso y desenfrenado por las masas. Los individuos multiplicados se convierten en una mancha visible, dejan de ser humanos. En esa mancha se concentra la sutil energía que hace de cada uno menos sí mismo. Las manchas amorosas crean paraísos. Las manchas dolorosas crean infiernos, se vuelven asesinas; manos sucias a sueldo de los que nunca se han enlodado los zapatos, se convierten en oleadas de miedo, inventos del poder, experto en terror, que está diseñado para explotar a millones, y luego aniquilar en las mismas cantidades. 
Mi primera carrera, esta que acabo de cruzar, es mi única vida. Fue la primera oleada, y sé, sólo porque sobreviví entre una parvada inimaginable, entre un cardumen inmenso, que siempre podré sentirme cómodo entre muchos. Muchos pueden construir jardines -como dice la canción- donde había basureros; pero además, pueden hacerlo velozmente, verlos crecer ante sus ojos, con apenas unos cuantos veranos. 

jueves, 14 de junio de 2012

Cigoto recalcitrante, antisistema y amante de El Divino

La religión nunca aceptó que el paraíso estuviera en manos de la gente, se apropió de él a través de actos violentos, lo convirtió en un negocio del cual sólo pueden gozar las altas esferas, y lo dividió tajantemente del infierno, el cual colocó en las orillas de las ciudades. Mi convicción del eterno amor del Divino es inalterable, pero la religión casi nunca honra al Divino, de quien yo soy apenas un leguleyo que clama en el desierto útero de su madre, o, peor aun, uno más entre un montón que desaparecerá, sin duda, como carne de cañón -o peor todavía-, como carroña para buitres. Morirán mis hermanos porque les negaron la posibilidad de luchar por su vida, sin trampas, en igualdad de condiciones. Negar la vida que El Divino nos ha regalado a todos es un sacrilegio que tendrán que pagar los hombres. Todos sabemos lo que está bien y lo que está mal ¿para qué crear un sistema de creencias si Sus Preceptos son innegables? Y perdonen si a veces caigo en el lugar común, si me enlodo con ciertos sentimientos, que a fuerza de tanta distancia y tanta lejanía entre El Divino y nuestros seres, nos causan extrañeza y vergüenza; ambas deriban de la ignorancia, una ignorancia que crece en todas las cabezas como un insaciable cisticerco. Una ignorancia que no entiende que la justicia y el amor son posibles. Una tenia que se duplicó desde hace siglos en las esferas de la política y del clero, en las esferas que son intestinos, gruesos, delgados, intestinos alejados de la cabeza, intestinos que están haciendo del mundo pura mierda.   

sábado, 19 de mayo de 2012

Laicismo: La fe no mueve montañas, nuevo de Cultura Urbana


Con textos de Miguel Concha Malo, Tedi López Mills, Myriam Moscona, Carla Faesler, Bernardo Fernández BEF, Alberto Chimal, Ana García Bergua, Bernardo Esquinca y más. 
Galería de Autor: Gustavo Abascal. Reseña: Agustín Peña

miércoles, 25 de abril de 2012

Amistad peligrosa

La necesidad,
necedad peligrosa,
la fatiga,
el perezoso aturdimiento,
tedio,
vacío vicio
del alma pesimista,
esta amistad
con el hastío.

lunes, 23 de abril de 2012

Despersonalización

Cuando ese halo 
de majestad 
te envuelve 
eres un divo 
desnudo y aburrido 
de todo. 
Olvidas la ortografía 
de los nombres 
de tus amigos 
y te preguntas
si de veras
existieron, 
al menos 
como mínimas musas 
de tus desencuentros 
en los pliegues 
de la blancura. 
Te miras a ti mismo
y me miras ahí 
y entonces olvidas 
los nombres 
de tus enemigos.

jueves, 12 de abril de 2012

Balita

Tiene una riqueza espiritual que se desborda. Sufre y goza intempestivamente. Me escribe largas respuestas cargadas de sí mismo. Leo y siento su piel que tiene olor a panecillos dulces, toco sus músculos de bailarín. Evoco la imagen de un guerrero candoroso y cinematográfico. Es delicioso leer las líneas que me escribe, y saber que nunca desearé poseerlo y que lo desearé eternamente. Lo más divertido de mi amigo es que tiene alas: montada sobre su amplia espalda puedo volar a velocidad vertiginosa y sumergirme en el mar sin tener miedo a las anguilas o los tiburones. Además de sus cartas hay otra vía; los sueños recurrentes. Él, sentado en un sillón, me extiende la mano una y otra vez, a lo largo de todos los años que nos quedan de vida y más; me acaricia lentamente, luego yo me alejo una eternidad que se prolonga y se contrae una y otra vez;  el motor del miedo se desboca, el corazón late como una oveja rabiosa, porque aun ese contacto representa un peligro que nos costaría lo más preciado: nuestro derecho a la eternidad.

Fragmento de Cartas

lunes, 2 de abril de 2012

Soy muy pistola (En Cigoto)

No esperen que venga aquí a decir genialidades después de lo que acabo de pasar. Así las cosas, me limitaré a responder sus preguntas en el modo más sintético posible y sin demorarme demasiado, necesito descansar porque esta chica seguro pedirá más en un rato y quiero estar preparado. No tengo cabeza para pensar demasiado. Sólo sé que acabo de vivir una experiencia inolvidable. También sé que soy la estrella de todo esto, el personaje principal en el acto sexual. Y bueno, si esto les suena sexista es porque lo es. Mi presencia en las escenas es tan conspicua que siempre llamo la atención. En general me llevo una buena parte de la cámara, excepto cuando me introduzco en una vagina y desaparezco. 
Las estrellas, como saben, descansamos con cierta frecuencia. Pero cuando nos encendemos no nos despegamos totalmente del firmamento. Somos también las encargadas de colocar intermitentemente a nuestro portador en el cielo. De atrapar su mirada y su mente durante alguna noche oscura y transparente.
Soy, para que lo tengan claro, el gran Odín que pende del manzano de Eva, y que los legos confundieron con una serpiente. En realidad, ni siquiera se trata de un manzano, sino de un tejo, y aquello que comió Adán no era una manzana, sino una de mis frutillas. Pero para el caso es igual. 
Soy –además y entre otras cosas- La Pistola. Me desempeño como un arma de fuego perfecta, no cometí ningún error y por lo tanto, ningún crímen, ustedes me entienden. Por si fuera poco dejo a las chicas muy satisfechas. Soy, pues, la cereza hinchada de sangre fresca que corona el gran pastel del himeneo. En fin. Este soy yo. 
Si algún día tengo la suerte de fecundar, mi bebé será un triunfador gracias al arrojo y la valentía de mi espermatozoide. Es importante aclarar que ese bebé me olvidará, nunca tendrá la más mínima noción de lo que signifiqué en su vida. Ahora, si quieren que les diga la verdad, a mi no me importa nada. Para eso soy El Pene. Para que me importe un bledo todo y me ponga a descansar hasta la próxima jornada. Soy lo más importante, sin mi nada de esto sería posible y desde ahora se los digo: es una afirmación falocéntrica y me tiene sin cuidado.

jueves, 22 de marzo de 2012

Cigoto misántropo y literato

Ustedes, verdad de Dios, merecen que les caiga el Apocalipsis, y les va a pasar, de eso hablan mis ancestros desde hace mucho tiempo. Él es testigo de todo lo que hacen y tendrá a bien castrarlos como a cerdos. Luego los va a pulverizar y luego los convertirá en uno y luego en dos, y luego en muchos, y otra vez, hasta que se corrompan y vuelvan a merecer el castigo divino que nuevamente los convertirá en uno, luego en dos y así hasta el infinito, repetitivamente.
       En el infinito un instante puede ser tan largo como para escribir un libro. 
      Yo sé que es imposible que crean que un cigoto puede escribir: ustedes piensan que desconozco el lenguaje, y tienen razón. Pero he prestado atención por generaciones y generaciones al ruido continuo de las voces externas del pasado, tanto así que se ha grabado como un mantra en mi interior. Y es que en efecto; el sonido continuo de una lengua desconocida es un mantra. En un mantra se concentran claves de conocimiento profundo, que es el que provoca que miles de cigotos de todo el universo puedan escribir. Mis antepasados, además de ser grandes espermatozoides y guerreros, también fueron grandes literatos. 

martes, 6 de marzo de 2012

El amor habla oscuro II

Bordemos
un atlas
de palabras

horadadas;

dedos punzantes,

labios amoratados,
ósculos oscuros
y muslos
que vuelan
esperando un disparo.

domingo, 12 de febrero de 2012

Puertas y candados

Y para no dar hilacha suelta
a mi amor por ti, Intolerancia,
mejor me quedo encerrada.
He puesto una puerta negra
y más de cien candados entre tú y yo.

Intolerancia, querida:
nunca te tocaré,
nunca me abrazarás,
nunca te lameré,
nunca te sanaré ninguna herida...

Prefiero atrincherarme,
armarme,
agazaparme
y apostarme
con un tigre

que entregarte
esta cordura que ahora peligra.

Y conforme más me acerque
a la vejez y a la pasión,
Intolerancia mía,
más puertas
y candados pondré.

No mirarte esa sonrisa de insignia
será mi consigna.

sábado, 14 de enero de 2012

Silencio incendiario

Mi muerte será una fiesta. Invitarás a las mujeres más calientes de la cuadra, echarás tus mentiras por la ventana y te lucirás. Vendrán los mejores y más estruendozos sonideros de tu manzana. En mi reventón de despedida conocerás a alguien más candente y erizante que yo: mi espíritu, que habrá dado su vida por un minuto de silencio y que en pleno jolgorio encenderá a tu alrededor una hoguera. Mucho sufrirás, lucirás pésimo y quedarás eternamente mal ante tus vecinos y parientes.

domingo, 8 de enero de 2012

Amargor

Cicuta,
corta la disputa
que me hace recluta
de esta vida bruta.

viernes, 6 de enero de 2012

El dios de los juguetes

El Altísimo me encomendaba varias tareas; yo salía cada mañana de mi casa, entregaba al niño en el colegio y me disponía a cumplirlas. De ahí volvía a mi casa, hacía los quehaceres hasta que mi hijo salía del colegio, luego le daba de comer. Llegaba el día quince y el Altísimo me mandaba el dinero en la mochila del niño. Él era bueno; le regalaba juguetes.
Una mañana me sentí muy mal, como un fusil descargado después de un tiroteo estéril, algo me había hecho daño y no pude cumplir con las tareas del Altísimo.
Aquella tarde esperaba encontrar los encargos en la mochila del niño. Llegó a buscarlo como todos los días, como si fuera su padre; revisó discretamente la mochila pero no encontró el bulto. Entonces se llevó al niño a dar una vuelta y lo interrogó, le estuvo comprando juguetes hasta que se convenció de que no había tomado nada de la mochila.
El niño llegó a la casa con la mochila llena de juguetes y una vez más le tuve que dar las gracias al Altísimo; le expliqué que aquel día algo me había hecho daño.
Me acarició la frente; con la bondad de siempre, me dijo que descansara y que mañana a primera hora estaría bien. Pero no tuvo razón; amanecí más enferma.
Otra vez se llevó al niño y volvió a interrogarlo, mi hijo llegó cargando varios kilos de juguetes.
El Altísimo supo que yo estaba más enferma que antes, me puso la mano sobre la frente y me dijo que en una hora a más tardar, ni más ni menos, tendría que estar lista para cumplir mi tarea, sino tendría que interrogar al niño. Pero se equivocó, yo me sentía cada vez peor, como una espada destemplada.
Entonces el niño fue interrogado por el Altísimo hasta que se enfermó con los juguetes; con tal de obtener más empezó a mentir en el interrogatorio, mientras más ingeniosa y grande era la mentira más grande e ingenioso era el juguete.
El niño regresaba de la escuela con montañas de juguetes, hasta que en la casa dejamos de caber.
Le dije a mi hijo que sacara los juguetes, él se los llevó al patio y pronto ahí no hubo espacio para las plantas. Entonces empezó a molestarme la conducta del Altísimo. Toda la casa estaba llena de juguetes y el niño, apoderado de una furia alegre, seguía trayendo más. El Altísimo podía comprar cualquier cosa.
Yo seguía sintiéndome muy mal. Como un tanque que atropella a un camarada en la victoria.
Una noche me levanté a media noche sintiéndome peor que nunca. Me encontré a un gendarme en la entrada de mi recámara, cuando intenté cruzar la puerta mi rostro topó con su estómago, al parecer era casi tan alto como el Altísimo. El contacto con mi rostro lo hizo invisible. De pronto sentí que unos brazos se interponían entre la salida y yo. Con las manos los aparté sin mayor dificultad, eran unos brazos ansiosos; brazos de muñeco desmembrado. Había una sombra al fondo de mi habitación, tras ella reapareció el gendarme, quien al verme caminar con tanto apuro quiso burlarse de mi un rato. Fui por él, ahora mi mano se apoyó sobre un muslo duro como un tubo. No pude mirar hacia arriba porque el gendarme no me lo permitía. Se hizo una armadura acuosa en la que se hundió mi palma. Yo sentía el tubo en el fondo, luego se deslizó y dio un salto al otro lado del cuarto, yo ya no quería tocarlo. Era de unos dos metros y medio, muy ingenioso; un vigilante. Me pregunté si el niño lo habría dejado ahí, era un juguete molesto y peligroso. Pero fue una advertencia del Altísimo. Cuando al amanecer pude salir de mi recámara me le paré enfrente al Altísimo, algo en el encuentro con el gendarme me había dado bríos. Le dije que dejara de llenarme la casa de juguetes o bien que me pagara una renta adicional para mudarme y dejar la otra casa como bodega. El Altísimo me dio una sabia respuesta: véndelos.
Puse una juguetería; había tantos juguetes en el jardín que no sé cómo no se me ocurrió antes.
La enfermedad dejó de pesarme por completo. Me sentí liviana como una victoria. Festejé la bondad de aquel ángel que era el Altísimo.
Aquellos juguetes costaban una barbaridad y se vendían como pan caliente, pronto tuve que comprar un camión y contratar un chofer para que fuera a recoger al niño del colegio.
El niño era interrogado todos los días y traía novedades cada vez más caras y atractivas. Pero la felicidad duró poco y el Altísimo cobró su generosidad; sin previo aviso comenzó a prolongar los interrogatorios. El chofer se quejaba de tener que esperar por horas en la puerta del colegio y los pedidos se atrasaban. Pudimos llegar a un acuerdo; el niño pasaría más horas en el interrogatorio pero él mandaría mercancías de mejor calidad y en mayor volumen.
Entonces compré un tráiler para que fuera a recoger al niño al colegio y las ventas se me fueron al cielo. Luego compré otro y otro, contraté un total de siete choferes para ir a buscar al niño al colegio, incluso mandé imprimir el nombre del Altísimo en ellos. Hasta que un día conté las horas que pasaba el niño en el interrogatorio y  otra vez me planté frente al Altísimo, le dije: tenemos que negociar; ¿Cuántas horas de interrogatorio al día requieres y cuántas toneladas de juguetes me darás a cambio? El Altísimo me dijo; veintitrés. Yo podría recoger mercancías durante todo el día, no importaban las veces que cargara los tráilers. A mí me pareció una oferta estupenda. Trabajamos a gusto en ese convenio durante mucho tiempo; hasta que un día los choferes llegaron asoleados y molestos diciendo que la mercancía no había llegado nunca.
¿Acabó el interrogatorio? pregunté, los siete respondieron que no lo sabían. Fui a la bodega y comprobé que aún quedaban suficientes juguetes para cubrir los pedidos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Ya salió el número 31-32 de la Revista Cultura Urbana de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. "Sexualidad Diversa"

Con textos de: Luis Zapata, Carlos Monsiváis, David Miklos, Gonzalo Lizardo, Mauricio Molina, Adriana González Mateos, Sergio Téllez-Pon, Sergio Loo, Isaí Moreno, Paola Tinoco, y muchos más.

martes, 15 de noviembre de 2011

Sólo algunos colaboradores de la Revista Cultura Urbana de la UACM.

José Emilio Pacheco. Carlos Monsiváis. Elena Poniatowska. Miguel Ángel Granados Chapa. Vicente Leñero. Jorge López Páez. José de la Colina. Francisco Hinojosa. José Kozer. Francisco Hernández. Bárbara Jacobs. José Agustín. Raul Renán. Enrique Serna. Norman Mailer. Torgny Lindgren. Juan Pablo de la Colina. José Hernández Campos. Mónica Lavín. Ana García Bergua. Alicia García Bergua. Pablo Boullosa. Carmen Boullosa. Ana Clavel. Magali Tercero. Cristina Rivera Garza. Guillermo Samperio. David Miklos. Agustín Monsreal. Hugo Gutiérrez Vega. Dana Gelinas. Ricardo Castillo. José Kozer. Leo Mendoza. Gonzalo Lizardo. Alberto Chimal. Ernesto Lumbreras. Mathilde Gerard. Richard Rogers. Óscar de la Borbolla. David Huerta. María Baranda. Rosa Beltrán. Ethel Krauze. Armida Durán. Coral Bracho. Tedi López Mills. Daniel Sada. Ida Vitale. Paola Tinoco. Pablo Raphael. Vilma Fuentes. Adriana González Mateos. Antonio Deltoro. Rafael Pérez Gay. Eduardo Antonio Parra. Fabrizio Mejía Madrid. Armando González Torres. Álvaro Enrigue. Santiago de la Colina. Martín Solares. Marc Villard. Cecilia Pérez Grobas. Martha Chapa. Alejandro Ordorica. Cathy Fourez. Emiliano Pérez Cruz. Daniel Fragoso. Luis Humberto Crosthwaite. Rocío Cerón. Sergio Raul Arroyo. Conrado Tostado. Hernán Lavín Cerda. Guty. Renán Pérez. Edén Bernal. Luis Felipe Dávalos. Alfonso Hernández. Javier Moro. Gabriel Hurtado. Sergio Loo. Sergio Téllez-Pon. Dalí Corona. Mariano del Cueto. Eugenio Echeverría. Víctor Sampayo. Abi Marwan. Daniel Escoto. Emilio Zomzet. Juan José Reyes. Édgar Reza. Andrés Ramírez. Óscar González. Gerardo de la Torre. Adolfo Castañón. Alberto Blanco. Josué Ramírez. Paola Jauffred Gorostiza. Antonio Helguera. José María Espinasa. Jair Cortés. Pablo Rulfo. Magú. Ahumada. Rocha. Mario López Rivero. El Fisgón. Daniel Alva. Emir Guerrero. Rosina Conde. Jeannette Porras. Adriana Diaz Enciso. Norma Abúndez. Angélica Santa Olaya. Daniela Camacho. Eve Gil. Trino. Mónica Ae. Lourdes Grobet. Lourdes Almeida. Sharenii Guzmán. Medardo Maza. Eduardo Langagne. Filemón Alonso-Miranda. Alejandro Pérez Cruz. Federico Gama. Enrique Covarrubias. Bernardo Fernández BEF... y muchos más amigos escritores, escritoras, artistas gráficos, camaradas, colegas, talentosos, talentosas...

domingo, 30 de octubre de 2011

miércoles, 19 de octubre de 2011

martes, 11 de octubre de 2011