jueves, 12 de abril de 2012

Balita

Tiene una riqueza espiritual que se desborda. Sufre y goza intempestivamente. Me escribe largas respuestas cargadas de sí mismo. Leo y siento su piel que tiene olor a panecillos dulces, toco sus músculos de bailarín. Evoco la imagen de un guerrero candoroso y cinematográfico. Es delicioso leer las líneas que me escribe, y saber que nunca desearé poseerlo y que lo desearé eternamente. Lo más divertido de mi amigo es que tiene alas: montada sobre su amplia espalda puedo volar a velocidad vertiginosa y sumergirme en el mar sin tener miedo a las anguilas o los tiburones. Además de sus cartas hay otra vía; los sueños recurrentes. Él, sentado en un sillón, me extiende la mano una y otra vez, a lo largo de todos los años que nos quedan de vida y más; me acaricia lentamente, luego yo me alejo una eternidad que se prolonga y se contrae una y otra vez;  el motor del miedo se desboca, el corazón late como una oveja rabiosa, porque aun ese contacto representa un peligro que nos costaría lo más preciado: nuestro derecho a la eternidad.

Fragmento de Cartas

5 comentarios:

Anónimo dijo...

a luz de esa mirada, se vive la eternidad, austera de letras que acaricien la imaginacion de la realidad confusa, cual signos en la tirada de la vida, de la vida de la luz de tus palabras....

Fernando Sojo dijo...

Row:
Últimamente no me canso de decir que la referencia de la eternidad se construye y comunica en la expresión, nuestra tarea es transcribir, en esta magia que se tiene para entrar en el otro, en ese diálogo entre el espíritu de quien nos lee, ve y escucha ¿Qué responsabilidad tan grande y constante hay que tener en estas disciplinas donde hasta el movimiento más mínimo del cuerpo puede detonar una angustia , una sonrisa, una lagrima , un alivio…
Ojalá no esté equivocado pero también en este camino me cuesta trabajo a mí en lo personal ser transparente.

Israel Alexander dijo...

Mi meta ideal descrita en este fragmento y el objetivo (también ideal), recibir como carátula de una carta de 20 páginas. Será un poco presuntuoso e inevitable compararme con la tercera persona pero lo que eres es inevitable.
Gran fragmento.

Anónimo dijo...

Su sueño es un peligro...

Murió ayer, y es que se enteró de casualidad. El pobre no lo sabia, pero cuando se dio cuenta su corazón se paro, así, de golpe, fulminante. Él se sentaba a dormir por las tardes en la butaca roja de la sala, al calor de la tarde en el verano o abrigado en el invierno. En esos sueños recurrentes ella le tocaba la mano, le sonreía, cerca por momentos, alejándose en otros. A él siempre le dio miedo, era tan real… despertaba. La deseaba tanto, pero conocerla era matarla, matarse. Hubiera sido limitar ese amor perfecto a la realidad y cancelar las miles de ilusiones mutuas abrigadas con tanto fervor, con tanto cariño, con tanto detalle. Deseo de desearse. Cuando descubrió en esa nota que ella llevaba dos meses muerta comprendió su error. Por querer compartir la eternidad compartió la muerte. Y yo sé todo esto, en parte, porque algo me habían confiado. Pera también es que también sueño…

mrp

Manuel Ruiz dijo...

... y ¿quién no quiere ser héroe?.
¡Yo señor!.
¿Cómo es eso?.
Prefiero imaginar que lo soy...