jueves, 3 de julio de 2008

Balita


Desde aquella noche en que te apareciste supe que querías hacerme un daño mortal. Mi riñón era el órgano que me alertaba de tu horrible presencia. Me empezó a avisar con breves punzadas que en pocas horas se convirtieron en puñaladas. Todo aquello fue por el susto de verte aparecer de repente donde jamás habría imaginado, con aquellos estúpidos lentes que me vigilaban entre una muchedumbre de chavos hasta las chanclas.
De alguna forma pude salvarme de ti, pero tu obsesión me empezó a atormentar tanto que tuve que terminar de leer el bodrio y ahí ocurrió la catástrofe.
Justo cuando terminé de leer el riñón me estalló en cientos de trozos inconfesables; todo aquello por la amarga impresión de que cada una de tus palabras inmundas retrataba mi vida, mis vicios, mis complejos y hasta mis perversiones.
En una casualidad trapacera te encontrabas ahí, ¡en la oficina! en el momento que ocurrió el estallido. Ya era bastante, ya era suficiente. No sólo eso, te las agenciaste para implantarme tu órgano, me pusiste en coma varios meses, y cuando desperté... ¡ahí estabas!, con tu estúpida cara que va más allá de toda posible alucinación. Hice que te expulsaran inmediatamente de ahí.

1 comentario:

Tonatiuth Hernández dijo...

¿HAY MAS EN EL TINTERO? LLAMAME UN DIA DE ESTOS OK.
UN ABRAZO Y QUE ESTES MEJOR