viernes, 21 de agosto de 2009

El ahuehuete y el tejo

El primer dios Odín permaneció pendiente de cabeza en el árbol del tejo durante nueve largos días de divina revelación. La sangre acumulada en su cerebro trajo consigo el caudal del conocimiento rúnico; aprendió el arte de escuchar los regaños que la naturaleza le confiere al hombre. Es interesantísima la relación entre el dios Odín y la carta del tarot de El Colgado, por las implicaciones ampliamente eróticas del signo: “..el que pende de cabeza”. Nos hace pensar pues, en Odín, como un dios de naturaleza muy varonil.
Las runas se escriben en la verde pizarra de los bosques; son letras, un sistema alfabético capaz de generar las peores catástrofes o de traer la felicidad y la prosperidad. El aprendizaje de su manejo hizo fundar la escuela druídica, destruida en su totalidad.
El árbol del tejo es muy longevo. Su alta venenosidad le ha conferido una gran resistencia y lo hizo un árbol muy temido. Es de muy lento crecimiento y por tanto necesita espacio para crecer en solitario, lejos de la sombra asesina de otros árboles que crecen más rápido, por tanto genera un suelo inhabitable para otros especímenes. Pese a su venenosidad produce unas intensamente rojas frutillas comestibles.
Para la cultura nórdica las raíces del tejo son capaces de beber la hierofanía divina de todos los planos de la tierra y del cielo.
El tejo es un árbol muy similar al ahuehuete, también llamado ciprés del pantano o ciprés calvo. En mi pragmática observación de los árboles no he podido encontrar razón suficiente para denominar al ahuehuete de estos otros dos modos, salvo que, como el ciprés, es un árbol sagrado y posee hojas del tipo taxus. El aspecto de un ahuehuete es muy distinto al de los cipreses que yo conozco.
Existen aun algunas especies de longevos ahuehuetes en la zona de Texcoco, los cuales fueron sembrados en gran número por el de veras grande Nezahualcóyotl.
El famosísimo árbol del Tule es un ahuehuete y no un hule, y no se trata de un sólo árbol, sino de tres árboles fusionados. No se nos puede olvidar, además, que es una especie mexicana.
Si el árbol del tejo fuera una persona, sería un enano nativo de la tierra de los gigantes. Si el ahuehuete fuera persona, sería un hombre de estatura media, también nacido en la tierra de los gigantes. Ambos tienen la piel clara y la barba crecida, uno la tiene rala, el otro abundante.
El ahuehuete y el tejo son dos árboles distintos y parecidos entre sí; ambos son árboles sagrados, ambos son muy longevos, son taxus y tienden a engrosar sus troncos; el ahuehuete es caducifolio, el tejo es perenne, los dos provienen de tierras distantes entre sí, y sin embargo son parecidísimos... ¿porqué? Ambos representan lo sagrado en civilizaciones que fueron exterminadas por el cristianismo. En ambos sistemas de creencias se contradicen radicalmente los fundamentos del cristianismo, ambas tienen en su culto el sacrificio humano, ambas sociedades sufrieron genocidio, en ambas se tiene a los entes de la naturaleza –tan devastados por nuestra cristiana sociedad- como entes a cuidar, a adorar y a temer.

2 comentarios:

Alejandro Ramírez Romero dijo...

Muy ciertas las aclaraciones acerca del ahuehuete y el tejo. Yo fui a Oaxaca para admirar la belleza de ese árbol sagrado que ha logrado perdurar a través de las épocas. Vale la pena conocerlo. Saludos.

Tovarich dijo...

Qué se ha de hacer para que deje de sangrar... volteo y nuevamente veo un silencio

Javier Tovar