Me es familiar. He tenido ancestros, novios, maridos y hasta hijos adoptivos y no, que lo han llevado. Todo buen nombre debe llevar las virtudes de quien lo lleva; todos los hombres a quienes conocí, y que se llamaron así, las llevaron. He sido una buena madre. Yo soy, pues, además, la madre de cada hombre que se llama así; parí a mi ancestro, a mi novio, a mi marido y a mis hijos adoptivos y no. Yo los alimenté con mi pecho a todos, y por si fuera poco, soy quien les da valor... yo los embellezco, los hago felices... Cada hombre, a cambio, me redime, esa es la enorme recompensa de ser madre de todos. Cada nombre que le pongo a cada uno de mis hijos es la promesa de una nueva venida, es emancipación, es cura de la herida. Pero no sólo eso; cada hombre que yo he conocido y que ha llevado ese nombre es mi amante.