... y cuando intento se me ha olvidado. Porque perdí demasiado tiempo en decirte, en buscar la manera de traspasar tu espalda. Demoré en formular discursos y los niños terminaron muertos en las fosas. Ahora hay tantas que tapar, tanta tierra que arrojarle a este misterio. He perdido tanto tiempo en decirlo lindo y todo lo feo no ha terminado de ocurrir, se ha cernido como un polvo invisible sobre nuestra ignorancia, fortaleciéndola, haciéndonos más débiles.
Tú eras mi fuerza, cuando estabas me sentía viva, pero me distraje tanto en buscar la manera que te me perdiste, te dejé caer por un agujero secreto en el bolsillo de mi pantalón. Te saliste de mi historia como la matriz de una vieja.
Y ahora se me va la memoria y ya no sé si fuiste tú o era el carnicero que mata a los cerdos, que luego mata a los niños y a las mujeres y a los homosexuales y los lanza en la fosa, o los desaparece, simplemente, en ácido, o en la carnicería, donde seas capaz de imaginar.
¿Cuáles son las formas más simples de desaparecer?
lunes, 29 de enero de 2018
Balita
Me gustas, tienes el pecho siempre a punto de estallar.
Yo, a punto de estallar siempre, te amenazo con hacer
erupción ahora en forma de vaticinio sordo. No existes; eres igual que
Morten, una invención de mi desasosiego, de mi grito pelado y mi mala ralea, de mis violencias que se agolpan en largos soliloquios de amor, de
mi misantropía y mi exceso de mí y ya no hay nada real que pueda gustarme.
lunes, 18 de diciembre de 2017
La recogedora de cadáveres en la noche de las compras de pánico
La miras con asco porque recoge perros de la calle, como aquel muchacho que traficaba con la carne de los animales atropellados en los suburbios, antiguos campos recién avenidos al caos de la Ciudad de México en los años ochenta. Los taqueros eran los principales clientes. Es una actividad normal, casi común; la carne muerta y fresca sirve para alimentar, ella la usa para dar de comer a sus aves.
Ella no sabe desperdiciar nada. No tira y consume y consume y tira como tú. Ella no tira, ni dispara a nadie como tú, que piensas que los feos se tienen que convertir en cadáveres, porque nadie les da de comer, y ponerlos guapos, así como los chicos y chicas que exhibes en tus enormes templos, va a salir muy caro. Tus templos que se yerguen invasores en las calles, tienen altares ante los cuales se postran miles de tarjeta habientes. Son gigantes armados de luces por los que trepan como hormigas atontadas los consumistas, quienes muy pronto volverán a la realidad del salario esquilmado.
Ella no sabe desperdiciar nada. No tira y consume y consume y tira como tú. Ella no tira, ni dispara a nadie como tú, que piensas que los feos se tienen que convertir en cadáveres, porque nadie les da de comer, y ponerlos guapos, así como los chicos y chicas que exhibes en tus enormes templos, va a salir muy caro. Tus templos que se yerguen invasores en las calles, tienen altares ante los cuales se postran miles de tarjeta habientes. Son gigantes armados de luces por los que trepan como hormigas atontadas los consumistas, quienes muy pronto volverán a la realidad del salario esquilmado.
martes, 5 de diciembre de 2017
Aniquilar a los yos
Matar a esa pandilla. O bien, si quieren ser pacíficos,
expulsarlos, sin insultos, a la buena, en silencio, si quieren, pero que se
vayan. Saquemos sus presencias de nuestras raíces, de lo contrario van a
matarnos. ¿No ven que son imbéciles? Están destruyéndonos por algo que podemos
darles. Enviémoslos con honores a la desaparición. Pintémosles un cuadro que se
parezca a la estúpida vida que quieren vivir. Fuera de nosotros.
miércoles, 29 de noviembre de 2017
Cigoto enamorado
Todo
hombre recalcitrante y radical es un cursi. En mi propia experiencia no hay
ideólogo que no deje escapar lagrimillas secas o bien húmedas, al admirarse a
sí mismo.
Yo no sé si seré hombre o mujer… ¿seré?
Estaba olvidando que lo sé absolutamente
todo, que tengo metida en la conciencia la eternidad que me antedece y me
precede, que tengo la eternidad como un hito, como un monumento dedicado al
momento en que se decide la vida o la muerte. Llevar la eternidad a cuestas en
la memoria es un poco confuso, sobre todo cuando uno empieza a acercarse al
olvido. Y es que desde el principio, desde que se gesta el amor entre los
amantes que han de procrearnos, hasta el último momento de nuestra vida, se
gesta a su vez, gemela maligna, la posibilidad de dejar de existir. Y bueno, sé
que no les digo ninguna novedad, pero es importante recordarles a lo que se
atienen quienes se entrenan en el ejercicio de la vida. Constantemente estarán
en riesgo, pero serán más suceptibles en sus primeras etapas. Yo, francamente,
hasta no ver la teta de mi madre rebosante de leche ante mi, no me proclamaré
triunfador. El primer amor será ella, supongo, y una vez decidida sabré con qué
clase de amante querré relacionarme.
Supongo que tendría que ser hombre.
Esto lo sé porque lo sé todo y sé que soy una
mujer heterosexual –acabo de recordarlo. Quizá lo he recordado porque estoy más cerca del olvido que en las
primeras páginas, porque en apenas unos capítulos, dominará esta historia la
desmemoria. La memoria desaparecerá y se convertirá en una vida por delante.
Por el momento sé que quiero un amante que
sea tan valiente como yo, quiero un amante que sea para mí. Derramaré una lágrima cuando encuentre
mi reflejo, diminuto, inseguro, avergonzado, dudoso, enamorado, en una humedecida pupila.
martes, 21 de noviembre de 2017
Llamarte
I
Escribí anagramas para llamarte, te grité con la mente todos
y cada uno de estos largos días, escribí en la lengua cifrada de los ocho
sacrificios para hacerme entender en secreto. Encendí velas con nuestros
nombres escritos uno sobre el otro, para invocarte en silencio. Mi
alma, sin embargo, se cuela entre mis intersticios y se roba mis secretos, los
lleva a dar un paseo a la plaza pública, vuela junto a ellos, los agita en el
aire.
II
Mi alma es también una perra que te huele a un kilómetro de
distancia y es capaz de encontrarte con los ojos cerrados, abiertos, lo mismo
da. Sólo ella puede llegar hasta ti sin mis ojos confundidos y ciegos en la noche
cerrada.
Mi alma es una perra cobradora que te trae como presa,
frente a mí, con la piel intacta.
II
Tú me llamaste desde tu vuelo. Las tuyas no fueron palabras
huecas como las que envían los amantes exhibicionistas; letras que revolotean
de lugar común en lugar común y terminan cayendo en las redes, en las
telarañas mezquinas del chismorreo.
No hay actuación más solitaria que la de un volador, sin más
público que el paisaje.
miércoles, 15 de noviembre de 2017
La morena y la fobia
He llegado hasta aquí: me moví hacia este rumbo impulsada
por una masa de acontecimientos tan lejanos como desconocidos. Algunos se
conforman con decir: “Dios nos puso en este camino”. Yo no creo en dios, porque
todos los que creen en dios piensan que soy una criatura infernal y quieren
matarme.
Yo soy hermosa: Morena, me
llaman, pero en realidad yo no soy una morena particularmente morena, más bien
soy blanca, un poco azulada, también puedo ser invisible, sin colores, me
escondo, me camuflo, puedo también tener muchos colores. Me muevo en las
profundidades y también deseo, regalo rituales a quienes se sienten atraídos
por mí, también me los como, a veces, sí, todos tenemos que comer algo, a veces
también los enveneno, pero no ando buscándolos con ese simple objetivo, los
enveneno si es necesario, todos tenemos necesidades. No comprendo por qué en su
afán de inventarse miedos me han convertido en una fobia más de su inventario.
Este listado que se extiende en números sentenciosos de culpas escondidas tras
el pavor, no debería contenerme.
Sucio cliché (fragmento)
Tuvo que contratar a la portentosa hacker de pseudónimo Nidia
Ku para que le confirmara que tenía metido a un insistente pero silencioso hacker. Ella dijo que las cuentas de correo y las redes sociales son pasillos públicos por los
que cualquiera puede transitar. En diez minutos le había dado su nombre, sus
ID, los modelos de dispositivos que usa, las diferentes ubicaciones
desde donde abre sesiones. También le dio la lista de horas a las que sus
cuentas fueron utilizadas en lo que va de este año, las ubicaciones de sus
computadoras. Encontró que había sesiones y raras operaciones realizadas a las
horas imposibles en que él tenía sus grabaciones de radio.
Supo de
inmediato que algún amigo se estaba excitando a costa suya. Y lo estaba metiendo
en una rara seducción en la que él era el único desnudo, el único expuesto. Porque
desde el día en que se encontró con aquella mujer escribió y fotografió escenas de amor
ilícito, que pronto sería motivo de chantaje.
martes, 7 de noviembre de 2017
Monomanía
Habían pasado ya miles de horas desde la hora en que
él adquirió la enfermedad: una en que la cabeza de ella se estrella contra un
azulejo de color azul celeste, luego, repentinamente, el azulejo se tiñe de una capa violácea que huele a flor de piel.
Ella mirándolo a lo lejos con la hija de otro en brazos,
ella bajándose del autobús, ella bailando en el Bulibuli, ella dando giros en
el aire antes de sumergirse en el agua, ella presumiéndole a sus amigas su buen
culo enfundado en pantalones blancos. Ella en todos los estados imaginables después
de la muerte. Ella chocando una y otra vez contra el agua no suficiente de
la alberca, él intentando detenerla demasiado tarde.
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Ella en todos los estados imaginables
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Pequeño accidente
y me recibió con un choque
de nubes,
en medio de la sala
donde me llevó a sentarme,
a tomar un café, serenamente:
mientras yo veía un par
de gruesas capas negras perseguirse
y crecer sobre la mesa.
Quiero estar en su casa,
-un planeta lejano
de la buena suerte,
donde todos tienen la punta
contenida en un rayo,
siempre inminente,
y resuelven en forma eficiente
cada pequeño accidente-
pero ahí mi aire es otro.
Mis ondas sonoras jugaron
hace tiempo
con el aire enralecido de su altura,
de su santa no-presencia.
Mi aliento es mío
y lo respiro yo;
está contenido
entre las miles de páginas
que él no ha leído,
en las preguntas
que no ha respondido,
entre los labios que no ha besado
y las muertes que no ha vivido.
martes, 19 de septiembre de 2017
Negación del polvo
No traspasaste la pared de tu cuarto, no sentiste las
astillas de la puerta rasparte ligeramente la piel insostenible, nunca rasgaste con furia por no alcanzarme, por no poder tocarme, nunca te negaste a aceptar que todo es una mentira. Me
lo debo negar cansinamente hasta desintegrarlo, hasta convertirlo en polvo.
Un escritor dice que cuando dos cuerpos se juntan empiezan a disiparse.
Un escritor dice que cuando dos cuerpos se juntan empiezan a disiparse.
Cuando dos cuerpos se unen comienzan a
colapsarse, en ellos sucede una implosión lenta pero violenta que termina por
desaparecerlos, por desintegrarlos. Antes de que esto ocurra se desarman, pasan por las más rudas torturas, confiesan, gritan, mueren, resucitan, hacen locuras y hasta viven. Luego se pulverizan, luego son menos que polvo, son fantasmas. Cuando dos cuerpos se juntan un reloj
de arena se invierte y la materia empieza a mudarse a otra eternidad.
martes, 29 de agosto de 2017
En el futuro incierto de la vida (Cap. 8 de Cigoto)
Estoy
a punto de olvidar mi pasado, a partir de ahora mi vida se narrará en
presente y futuro, en un tiempo que llevo guardado en mi código
genético. Soy apenas una. Pude haber sido dos, incluso
tres, o más. Pero fui una. Y desde esta perspectiva les hablaré de aquí en
adelante. Me detendré y, como una semilla, actuaré desde dentro con acompasada sabiduría y, si todas las condiciones necesarias se dan, se empezarán a formar
todos los órganos de mi cuerpo. Para eso hace falta que mi buena madre se porte
como debe y no cometa descuidos. Mis padres tienen una relación feliz, y sé que se cuidarán mutuamente en los malos momentos y
siempre. Pero me preocupa en modo alarmante la abuela. Con estos oídos en
pleno proceso de formación, que escuchan a futuro, yo escuché a la abuela
gritarle a mi madre cosas horribles. Mi madre llora alrededor de mí con frecuencia. La he sentido caer en varias ocasiones, y desde mis ojos que se
asoman como periscopios futuristas, he podido ver el puño nudoso de la abuela
acercarse vertiginosamente hasta su delicada nariz. El puño del vértigo
se retira y siento a mi madre caer, la abuela da golpes y mamá me protege lo
más que puede con sus brazos y sus rodillas. Por suerte la abuela es una mujer
anciana. Mi madre tiene en su código genético el impedimento de
levantarle la mano a una persona mayor, e incapaz de defenderse, la anciana
abusa hábilmente y le pone unas golpizas tremendas. Mi padre, que ama a mi
madre, también ama a la abuela con un amor tan ciego como el que siente por mi
madre. El problema es que la abuela tiene amenazada de muerte a mi portadora y
si ella habla, si se lo dice a mi padre, la matará, y guarda en su ropero una
vieja Beretta, que a veces saca para amenazar y jugar a que dice la verdad. Yo podría testificar en su contra porque la veo desde mi periscopio, pero ¿quién me creería?
El futuro incierto de la vida empieza a
hacerse presente cuando al fin una es una, y tal parece que cuando una es una empieza a entender que la vida es triste, llena de dramas que a lo lejos
parecen inverosímiles, imposibles, pero comunes a dos y a tres y a
todos. Lo bueno de esto es que yo aún soy una con mi madre y ella, como es fuerte, resistirá los embates de su mala suegra y me entregará mi vida, la cual
lleva ahora en resguardo, sana y salva. En honor a mi valiente madre mi vida será útil, no importa la violencia
que viva a mi alrededor. Lucharé por la paz. No seré como la abuela.
Aunque el futuro, cuando una empieza a ser una, se vuelve más incierto, una puede hablar al menos de un tiempo hipotético, soñar con un paraíso personal, ir planeando en tanto su proyecto de vida, hacer dibujos con esta mente futurista en pleno proceso de formación, viñetas de una Arcadia que a fuerza de este largo sueño de meses, habita en la carne de mi madre, con todos los ruidos del exterior que se cuelan en mis oídos incipientes, ruidos que le empiezan a enseñar el lenguaje a estas cuerdas vocales aún tiernas, a esta voz en pleno crecimiento.
Aunque el futuro, cuando una empieza a ser una, se vuelve más incierto, una puede hablar al menos de un tiempo hipotético, soñar con un paraíso personal, ir planeando en tanto su proyecto de vida, hacer dibujos con esta mente futurista en pleno proceso de formación, viñetas de una Arcadia que a fuerza de este largo sueño de meses, habita en la carne de mi madre, con todos los ruidos del exterior que se cuelan en mis oídos incipientes, ruidos que le empiezan a enseñar el lenguaje a estas cuerdas vocales aún tiernas, a esta voz en pleno crecimiento.
martes, 15 de agosto de 2017
Recuerdo vívido
En efecto, la historia que les contaré a continuación no es muy distinta
a la que cuentan algunos diarios en esta ciudad. Los que son como yo, antes eran
como ustedes. Algunos se deleitaban, no sin cierto escalofrío o retortijón,
viendo nuestras imágenes en las primeras planas. Para
algunos somos tan atractivos como esas bonitas e impecables modelos que
aparecen en las revistas para mujeres. Aunque nosotros no solemos salir muy
limpios, normalmente no estamos sonriendo, ni nos vemos guapos. Sin embargo los
diarios donde aparecemos todos los días se venden como pan caliente. Somos,
desde muy distintas perspectivas, un gran negocio.
Yo, que tengo varias horas en esta circunstancia
desafortunada, no podré siquiera mirar mi foto, y qué bueno. Hoy comprendo que
en realidad los que estamos como yo, somos todo menos atractivos. Los tipos que
me dejaron aquí no tuvieron la delicadeza de maquillarme un poco antes de irse
muertos de la risa en su camionetota. Me dejaron en una pose humillante y
triste y yo ya nada pude hacer para acomodarme y aparecer en la foto del diario
con un poco de dignidad. De cualquier modo no niego que ser un espectáculo de
un día sobrepasa mis ambiciones de fama. En realidad la fama nunca me llamó la
atención. Pero el dinero… ¿Quién no quiere dinero? Sé que ustedes lo comprenden
bien.
Antes de estar en esta circunstancia yo no tenía mucho
más de lo que tengo ahora. No sé donde pueden estar mi madre y mi padre. Nunca tuve una familia, sin embargo y por muy raro que les parezca, tuve una
casi enfermiza adicción a la literatura. Por eso sé cómo contarles esta
historia. Después de que uno lee muchos libros ya sabe, como por arte de magia,
como se debe escribir correctamente. La lectura, además, despierta la
imaginación. Aquí donde me ven, en esta condición tan desagradable, yo sigo teniendo mucha
imaginación. Recién he comprobado que la creatividad no se pierde con la
muerte. Lástima que esta triste historia no sea imaginaria.
Hace tiempo leí a un escritor estambulí que me marcó
de por vida. Esta vida marcada por aquel escritor, que aun vive felizmente
galardonado, apreciado y querido
por todos, fue demasiado breve. Y es que la literatura –llegué a leer– a veces
es un vaticinio. Curiosamente, cuando leí ciertos pasajes que narró con
maestría aquel escritor tan admirado, sentí un estremecimiento tal que tuve la
sospecha de que estaba leyendo una premonición. Pero, como aquella premonición
era desgraciada, preferí olvidarla. Hoy se ha cumplido.
Los desgraciados que se fueron muertos de risa en su
camionetota me asesinaron, sí. Pero antes me llevaron a un bosque oscuro que
queda muy cerca de la ciudad. Entre dos enormes cedros colgaron una cuerda a
modo de columpio y ahí me sentaron, amarrado, y comenzaron a balancearme. Uno
de los risueños empezó cortándome una pantorrilla con una sierra
eléctrica cuyo ruido debió escucharse a varios kilómetros a la redonda. Una vez
cortada mi pantorrilla siguieron columpiándome y mientras más fuertes eran mis
gritos de dolor (que debieron escucharse a varios kilómetros a la redonda) más
fuertes eran las carcajadas de mis asesinos. Después me cortaron la otra
pantorrilla, y los dos brazos, y quedé así durante largo rato, convertido en
una especie de tamal triste, mientras la vida se me iba en aquel vaivén mortífero sobre el columpio. Al final, para asegurarse de mi muerte, me
cortaron lo último que me quedaba, la cabeza, que cayó al suelo en una mueca
que aparecerá en la primera plana del periódico de mañana.
Me alegro de que alguien me haya
encontrado pronto. Dice el escritor estambulí que cuando un cuerpo inerte
permanece sin sepultura y sin que sus familiares y seres queridos lo
encuentren, su alma no tiene reposo. Supongo que nunca reposaré, no hay familia que me reclame. Mi cuerpo nunca esperó ser encontrado por
nadie. Antes de que aquel campesino notificara mi hallazgo a las
autoridades y los periodistas de nota roja se acercaran con tanto interés, me
inquietaba la idea de que llegara un perro y lengüeteara y mordiera mis
miembros dispersos bajo el columpio, eso era todo. Estar muerto es casi lo
mismo que estar vivo. Uno puede recordar los pasajes literarios de la misma
forma que los recuerda en vida, puede repasar una y otra vez las risas y los
rostros de los matones a los que vio antes de morir, y es exactamente igual.
Yo, que nunca tuve una madre que me inculcara la idea de la vida después de
la muerte, sólo me preocupé por ese tema cuando los risueños me subieron a la
camioneta. Sólo hasta ese momento empecé a preguntarme qué se sentiría estar
muerto, nunca pensé que no se sentiría nada. Mi tránsito de la vida hacia la muerte
se vio oscurecido por el dolor que me dejó inconsciente. Ahora me pregunto si
hubiese preferido morir totalmente despierto, por decirlo de algún modo, y así poder contarles con mucha más precisión lo que es dejar de existir. Habría
descubierto el hilo negro que hace del más allá un enredo que ha roto las
cabezas de toda la humanidad, al menos de quienes, como yo, se ocupan de los
libros.
Aquellos risueños no debieron matarme,
cometieron una equivocación de la que se habrán dado cuenta hace varias horas.
Yo no soy el infeliz al que estaban buscando, me parezco, pero no soy.
miércoles, 9 de agosto de 2017
Dos muertos
Tu alma me anda buscando por los
pueblos donde crecí, junto al ganado, las bicicletas, los patines, los estudiantes y los golpes de hermanos. Suele rondar también entre lo que he imaginado. La descubro, mas está siempre tratando de disimular. Cuando al fin me
encuentra un latigazo de vida la golpea en la cara, pero desvía la mirada,
haciéndose la distraída con algo más conspicuo que mi presencia. Se atraviesa
entre las palabras de mi amigo, de mi vecina. Me la encuentro de lejos, se
aparece, me persigue, pero huye. Tu alma es una stalker que intenta descifrar el mensaje
velado, alusivo, aquí, allá, evitativa. En algún
pasado lejano mi alma te andaba buscando, cuando te encontró, avanzó hacia ti con tal fuerza que te rompió el cuerpo. Ahora somos un inocente dividido
entre dos desaparecidos.
domingo, 6 de agosto de 2017
Yo y la mujer de Isaac Kunts
Estoy
casada con un hombre muy conocido. Todos me conocen a mí también, me tienen
como referencia en ciertos medios, mis amigos se mueven en las altas esferas,
donde, por cierto, todos saben el nombre de mi marido. Cuando salgo a algún
lugar y me encuentro con conocidos me preguntan con frecuencia ¿Tú eres la
esposa de Isaac Kunts?, suelen agregar cosas como ¡Qué gusto verte! o ¿Cuándo
nos tomamos un café para platicar sobre ese asunto que quedó pendiente? Entre
todos mis asuntos casi nunca tengo tiempo para recordar los que quedaron
pendientes. Yo respondo siempre con absoluta diplomacia, trato de ser amigable
con todo el mundo.
Esta
mañana me quedé largo rato mirando al espejo como mi imagen se ensombrecía,
dejaba de ser ella y se convertía en la esposa de Isaac Kunts. De tanto dejar de ser reconocida por mi propio nombre he empezado a olvidarlo. Hubo en mí un
impulso: una y otra vez dije la palabra “Yo”.
Yo
quería tener amantes. Mi marido es el hombre de mi vida, pero no puedo evitar
enamorarme de otros: es normal.
Así me lo ha hecho ver él mismo. Cuando conocí a aquel joven mi mente no
pudo evadir la obsesión por su sonrisa. El muchacho no era por ningún motivo un
hombre exitoso, eso lo hacía aún más deseable. Hice lo que pude para
agenciármelo, por lo demás, eso para mí es sencillo. Yo, como esposa de un
hombre importante, puedo darme el lujo de pagarle a mis amantes a quienes exijo
absoluta discreción. No es que no los ame, se ha dicho que el amor pagado no es
amor: mentira. Yo los amo y por eso les pago. Ser amante de la esposa de un
hombre como mi marido tiene sus consecuencias y una de ellas es convertirse en
un empleado.
A
Isaac jamás le confiaría que lo engaño, pienso que no lo entendería. Alguna vez
intenté decírselo, pero, como suele ocurrir, no prestó atención a mis palabras.
Aquel
joven se acercó amistosamente hacia mí y yo le propuse sin mayor aspaviento que
fuera mi amante: me coloqué frente a él, acerqué mis labios a los suyos, lo
miré a los ojos, le hice la propuesta en el oído. El muchacho entendió todo muy
bien. Cuando empezamos a hablar fue para establecer los términos de su contrato.
Yo, como la esposa de un hombre exitoso, no puedo dejar ningún contrato sin
firmar. Le pagaría un automóvil y el club deportivo para que se mantuviera en
mejor forma que nunca. No puedo tener amantes que no estén en excelente forma. Nuestra
relación funcionó de maravilla. Cuando yo estaba con él dejaba de ser la esposa
de Isaac Kunts para volverme su mujer. Más, como la esposa de Isaac Kunts que
vuelvo a ser inevitablemente, no puedo darme el lujo de enamorarme ni más ni
menos de la cuenta. ¿Cómo desperdiciar el capital entero en uno solo cuando mi
marido está ahí para solventarme tantos?
Aunque
trato de ser amigable con todo el mundo a veces el mundo no es amigable conmigo. Cuando vuelo y mis pies están
demasiado cerca del mundo, sobre superficies no muy deseables, -como arboledas
o rocas- siento que mi choque con él puede ser más que molesto. Mas, cuando
estoy en mi fase ciudadana, imagino que sería peor chocar contra un pedazo de
fierro. El mundo es mejor que varias toneladas de fierro.
Justo
la tarde en que pensaba dejar a mi joven amante lo cité en una antigua casa
adaptada como hotel, en la colonia Condesa. En la habitación principal hay un
hermoso baño con un domo en forma de espiral que da al universo, cuando lo vi
salir de ahí con la piel enrojecida desee no ser la esposa que soy. Pasamos la
tarde juntos y nos despedimos en la puerta del hotel. Justo a esa hora pasó mi
marido junto a nosotros, mas, como suele ocurrir, Isaac hizo caso omiso a mi
presencia y siguió de largo. Imaginé que de pronto, al cruzar la calle, varias
toneladas de fierro se le iban encima. Siempre que veo a Isaac pasar de largo
experimento la misma rabia. Trato luego de tranquilizarme. Sé que de tanto
engañarlo he ido trocando mi aspecto, de tanto ser yo me he vuelto una
desconocida.
jueves, 13 de julio de 2017
El principio de todo (Fragmento)
El deseo de placer reina en la catástrofe de forma indiscutiblemente
egoísta, esta verdad la ilustran novelas como Loxandra, de Maria Iordanidu, donde una mujer vive inmersa
en un pequeño paraíso familiar e ignora –o finge ignorar- lo que ocurre fuera de su casa en un suburbio estambulí durante el genocidio armenio, o bien la ilustra aquel pasaje de La peste,
de Camus, donde los habitantes de Orán se gastan lo que tienen en los
restaurantes y bares de una ciudad en cuarentena, mientas conversan sobre cosas
frusles y tratan de olvidar a sus amigos y familiares recién muertos por la peste bubónica, y recuerdo una novela más, La mancha de sal, de Emilio Zomzet, en la
cual los muchachos y las muchachas de un internado se escapan de sus separados dormitorios atestados de entidades sobrenaturales y amenazantes, sólo para
marchar despavoridos hacia el bosque y copular.
martes, 11 de julio de 2017
Vaticinio
Hace algunos años, en una de las
transmisiones del programa “Zigma, ideas para mañana”, que hice junto a mis
amigos Agustín Peña y Eugenio Echeverría, tratamos el tema de la parapsicología
y los fenómenos paranormales de la mente, en la perspectiva de Arthur Koestler,
citamos ampliamente un ensayo que sobre su vida, obra y humanidad, escribió
Vargas Llosa, y que fue publicado en Letras Libres. Caí en la cuenta de
que aquel programa en sí mismo pudo ser un vaticinio que probara, como no
queriendo la cosa, la seriedad de la tarea parapsicológica y de este modo
colgué en mi cuello y en el cuello de mis amigos, el único milagrito que
pudimos haber predicho, pues, exactamente al día siguiente de aquella transmisión
se anunció el premio Nobel de literatura a Vargas Llosa.
El asunto viene a cuento por que
cada vez creo más en los vaticinios. Conforme creo más en los vaticinios, más
creo que mi futuro literario será escribirlos.
Hoy me contó candorosamente un
amigo cómo predijo para sí mismo la muerte de Colosio; describió la visión de
la siguiente forma: “Vi la cara de Colosio en la televisión y de pronto me
pareció que era Kennedy, en ese momento dije en voz alta: a este güey lo van a
matar” Mi amigo lamentaba no haber dejado un registro escrito de aquella
premonición, que justo al otro día se volvió una realidad que lo dejó
estupefacto.
Recordé como la desgracia suele
estar presente en los vaticinios, cómo estos parecen a veces dictados por una
conciencia maléfica.
Casi siempre le negamos nuestra conciencia a la desgracia; sin embargo, cuando se es auténticamente feliz se sabe que la adversidad es inevitable, pero también se sabe que se cuenta con el aditamento espiritual para soportarla. Uno de estos aditamentos es precisamente la capacidad de premonición: el aviso. Recibir vaticinios, a través de sueños, presentimientos, señales o palabras de otras personas, sólo revela una sustancia común a todos los individuos, pero esta sustancia sólo se produce abundantemente en individuos muy excepcionales.
Casi siempre le negamos nuestra conciencia a la desgracia; sin embargo, cuando se es auténticamente feliz se sabe que la adversidad es inevitable, pero también se sabe que se cuenta con el aditamento espiritual para soportarla. Uno de estos aditamentos es precisamente la capacidad de premonición: el aviso. Recibir vaticinios, a través de sueños, presentimientos, señales o palabras de otras personas, sólo revela una sustancia común a todos los individuos, pero esta sustancia sólo se produce abundantemente en individuos muy excepcionales.
No sólo la desgracia habita
en los vaticinios. La desgracia y la felicidad, pues, son realidades
predecibles. Un vaticinio es una visión
difícil de reconocer para muchos, un pensamiento que tendemos a ignorar por
pereza o a encontrar falto de verosimilitud. Nunca se debería ignorar un
vaticinio, sea feliz o infeliz, puesto que siempre trae consigo una mínima o
grande posibilidad de cambiarlo si es desgraciado y de ayudar a provocarlo si
es feliz. Ignorar un vaticinio feliz es alejar su posibilidad, ignorar un
vaticinio desgraciado es acercarla. Aceptar un vaticinio pasivamente, entonces,
puede traer consigo la infelicidad. El vaticinio no es una realidad, sino una
perspectiva hacia futuro si no se hace lo necesario para cambiar las cosas, en
caso de ser malas. Esta perspectiva se debe alentar para provocar esas cosas,
si son buenas. Por tanto, un vaticinio siempre invita a la acción. Aquel que
recibe un vaticinio debe escucharlo, tomarlo en cuenta, decirlo o escribirlo,
pero sobre todo debe procurar hacer con él lo mejor posible, para que se desvanezca
o se haga real.
La felicidad
Si la felicidad fuera un
fenómeno expansivo que bañara todo el orbe e incluso al universo, seguramente
se consolidaría -algún día- como un fenómeno feliz.
Una felicidad que se sabe
acompañada de la desdicha ajena no puede ser felicidad. Por ese motivo la
felicidad nunca ha sido permanente, sino para el ignorante. Haría falta una
especie de campaña de reanalfabetización para que el iletrado desaprendiera a ser un individuo social, para después tener el genuino sueño de ser feliz,
para luego empezar a luchar para alcanzar el sueño y así obtener un poco de él,
sólo un poco... Para quien la felicidad es una condición aprendida, o para el
que piensa que una sonrisa siempre ensayada es la felicidad, la infelicidad
ajena es un hecho ignorado. Para quien finge estar feliz siempre los infelices
son unos estúpidos, a quienes no se debe prestar atención, ni de los que se
debe tomar ejemplo. Los felices perennes no son capaces de prestar atención ni
a sí mismos.
Todos coincidimos en que la
felicidad no es necesariamente la abundancia, ni la parquedad, ni es una
circunstancia permanente, y coincidimos en que la felicidad no es privativa de
ninguna clase o raza; sin embargo hay muy sólidas posibilidades de que esta
sociedad de consumo la privatice por completo.
Aristóteles escribió sobre el justo
medio, que situaba el estado ideal de las personas en el equilibrio, en la
concordancia, en la templanza, en la medida justa de las cosas… sin embargo el
justo medio tampoco es la felicidad, sino una propuesta para llevar la vida con
la dignidad necesaria para hacerse acreedor a una dosis de felicidad, que se
irá repartiendo en pequeñas cucharadas a lo largo de la vida, a intervalos de
infelicidad. Hay un acuerdo mutuo entre las personas en cuanto a que la
felicidad es una condición a la que todos quieren llegar, sin embargo, las
discrepancias se desatan en forma tristemente violenta en el preciso instante
en que se intenta descubrir el método, el modo, o el camino... Si pensamos en
la felicidad en términos globales, deberíamos decir que hemos vivido en un
mundo infeliz. Puesto que hemos inoculado en él un agente morboso de
insatisfacción, y propagamos infelicidades todos los días, para luego vender
antídotos. (Fragmento de guión radial)
miércoles, 14 de junio de 2017
Alado ídolo II
Tú pateaste a mis perros excitados,
desollaste a la oveja que amó
el brillo en el colmillo del lobo,
desoíste las cincuenta súplicas
del cerbero detrás de la puerta,
asesinaste al dragón
y luego abandonaste
el vellón dorado.
Alado ídolo
Tú mataste a mi fantasma,
se quedó desorientada mi alma
y no sabe danzar mi cuerpo
torpe y vacío
sobre tus piedras,
ni saltar hasta el altar donde te sueñas
como el dios de las lechuzas,
ni remontar el tenue aire
que tu aleteo mueve.
miércoles, 7 de junio de 2017
Oración
Líbranos de tu presencia
antifaz de terror,
líbranos de tu influencia por el amor de dios,
líbranos de la existencia de los dioses,
Diosito, por favor.
líbranos de tu influencia por el amor de dios,
líbranos de la existencia de los dioses,
Diosito, por favor.
martes, 30 de mayo de 2017
Oveja prêt-à-porter
Hay un presente
customizante
y
concupiscente
y tú eres
el único
sobreviviente.
Si vas desnudo
y sufres hambre
mi carne cómete
y con mi piel
vístete.
Verso apátrido
Y así comienza un verso apátrido, átono,
apático… Un verso en prosa, que no tiene una intención honrosa, ni voluntad, ni
valentía, ni intensidad, ni espera de la letra cosa alguna. Un verso que más
que verso es laguna turbia de la inspiración, agua estancada. Un verso que no
tiene musa enarbolada, ni himno, ni canción, que no quiere, ni quería, ni está
enamorado, ni turbado siquiera. Un verso que no es amo ni fámulo, ni rey ni
vasallo. Un verso callado, que no rehusa, ni acusa, ni de algún lado se pone,
ni a alguna causa se opone. Un verso indolente, que no despierta el interés de
la gente, que no se precia de ser decente, ni grosero, ni imprudente, ni
oprobioso. Un verso abúlico, flemático y calmoso, que no clama, que no ama.
lunes, 29 de mayo de 2017
Sin señal
Un colmillo sobresale
entre unos labios
desatando mi curiosidad,
ahí me detengo
ahí me detengo
durante un rato sin lograr
que las palabras que lo tocan tan de cerca
me digan lo que quiero saber.
Nada resuelve el misterio del deseo.
Etiquetas:
No hay palabras inteligentes para el deseo
martes, 23 de mayo de 2017
La vaca habla a la piedra
¿Por qué te quedas en la orilla mirando cómo abreva esta
vaca?¿por qué, desde que me detuve con mis grandes ojos a mirarte, y con mi
larga lengua a lamerte, piedra dulce, piedra de río, no has cambiado tu forma
en lo más mínimo?¿por qué no cobras vida verdadera?¿por qué te quedas ahí inamovible
y triste como la historia de siempre?¿por qué no trasciendes como carne, -como
un bistec, si tú quieres- y dejas de derramar lágrimas bajo la corriente?
No tengo otro
lugar a donde ir, esta orilla me sostiene. Tú eres lo único que encontré en
este camino, estoy condenada a ti, a ti vendré a morir y serás mi tumba y aquí
estaré, piedra, después de la sequía, después de que este río se vuelva un
basurero, después de que no quede de mí ni el desdén de los buitres, ni el olvido
de los gusanos.
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