Canalla dijo...
Mis ojos diera
por saber siquiera
que soy tu hombre frío.
Serías mi desafío
y te querría rabiosamente.
Y eso sí lo sé
de buena fuente.
Mi único temor
es ser el tipo desabrido
del corridoy si así fuera,
más valiera
a este anuncio improvisado ser borrado, suprimido, condenado.
Rowena Bali dijo...
Frío eres, sí,
gélida la superficie
en la que escribes,
fríos los abrazos
que de mi recibes,
cubos de hielo los besos,
iceberg el ciber espacio
que de ti me separa.
Y si frío eres tanto
como desconocido,
nunca tu sabor sabré,
lejano desabrido.
Razón de más
para dedicarte un corrido.
Visita: http://paisdecanallas.blogspot.com/
viernes, 6 de febrero de 2009
miércoles, 4 de febrero de 2009
Dolores intensos
El alma se me hizo pedazos. Apenas en unas cuantas páginas había caído en tantos y tantos errores, en tantas y tantas pendejadas -incluyendo las de mis antecesores- que simplemente no pude más. Mi alma se tuvo que rearmar en una larga depresión durante la cual el culo se me puso demasiado gordo y el corazón me pendía de un hilo. Sufría unas punzadas terribles repentinamente, tan fuertes que me arrojaban al piso donde permanecía durante algunos minutos, esperando a que la muerte sobreviniera a un dolor que sólo traía más dolor. A veces me levantaba con la ayuda de alguien, a veces sola, pero para mi desgracia siempre me levantaba, nunca acababa de estallarme el corazón.
Su ausencia me inmovilizaba por grandes periodos, la había envidiado con tanta fuerza que terminé por necesitarla más que a mi misma. Se fue y mi cuerpo perdió toda su energía, era como si su recuerdo me vampirizara desde lejos dándome fuertes jalones en el músculo cardiaco.
El día que la encontré ya tenía yo el corazón hecho añicos y el alma juvenil desarmada y reconstruida en una tenebrosa cañada.
El día que la encontré ya tenía yo el corazón hecho añicos y el alma juvenil desarmada y reconstruida en una tenebrosa cañada.
Cuando la volví a ver me pareció aun más hermosa que en los viejos tiempos, se había puesto más alta y más andrógina, más musculosa. El espíritu festivo y promiscuo no se le había quitado, pero su malicia había mejorado en forma conspicua y me hizo notar de inmediato que nunca se puede estar demasiado peor en esta vida y que el haberla encontrado después de tanto sufrimiento no era un alivio si no una nueva pesadilla.
Fragmento de un capítulo de Amazon Party, publicado en 2007
jueves, 29 de enero de 2009
miércoles, 28 de enero de 2009
martes, 27 de enero de 2009
Avecita de mal agüero
Mejor vete acostumbrando
a la negrura:
Tu vida,
de allá pal real,
la pasarás vestida de
ripios y en el jacal…
Convierte
tus palabras
en cuchillos de palo,
diviértete haciéndome llorar
como una nena,
presúmete muy buena,
sigue revoloteando
entre tintas doradas,
que tarde o temprano,
se te caerá el miss Clairol.
Tarde
o temprano serás
acusada de farsante,
y el que ha sido tachado
de malvado,
de loco,
de impotente,
será el bueno,
el valiente.
a la negrura:
Tu vida,
de allá pal real,
la pasarás vestida de
ripios y en el jacal…
Convierte
tus palabras
en cuchillos de palo,
diviértete haciéndome llorar
como una nena,
presúmete muy buena,
sigue revoloteando
entre tintas doradas,
que tarde o temprano,
se te caerá el miss Clairol.
Tarde
o temprano serás
acusada de farsante,
y el que ha sido tachado
de malvado,
de loco,
de impotente,
será el bueno,
el valiente.
domingo, 25 de enero de 2009
Balita
La perorata continúa muchas sesiones más, hasta que se determina la fecha y la hora en que la editora acudirá al domicilio de Morten y le disparará.
Cuando este momento llega está convertida en una mujer muy distinta a la que conocimos, tiene los pómulos totalmente enrojecidos y una expresión de amargura que desgarra mi alma; ha subido muchos kilos y ya se le empiezan a hinchar las pantorrillas, ha dejado el bonito outfit que ostentaba en los primeros capítulos, aparenta más de sus 43 años. No queda esperanza de que se vea como una ridícula teen nunca más; aquellas noches de rave le parecen imposibles. La figura de Jeff bailando frenéticamente es una fijación que le queda, gracias a la cual aun no ha perdido totalmente la noción del amor y el placer.
La Mesa de Te de las Siete Parientas de la Editora succiona e inyecta a la vez; absorbe de su mente toda figura masculina ajena a Morten, transforma a Jeff en un poeta desaparecido; organiza breves homenajes al dudoso y sabio marido; bello, rico, poético, angelical, que reina junto a una chica de su tipo en una Arcadia imposible. Durante estos homenajes la editora siente un dolor muy profundo.
Todas sueñan, a veces se quedan en silencio, otras se duermen antes de que termine la tertulia, en estos momentos la pobre editora tiene un descanso y también sueña que imprime una bala en el pecho de Morten; que regresa a la Arcadia y se baña desnuda en la poza, junto a su príncipe, quien a estas alturas es sólo un nombre sin cara, matizado por los últimos recuerdos del placer y de la juventud que está evidentemente lejos.
Morten es el objetivo, la pistola rosa el arma, la editora la asesina que no sabe ya nada; sólo le queda el impulso de la Arcadia.
Cuando se baja del auto se encuentra con una construcción definitivamente más bonita que su departamento en la ciudad; hay una ventana que corre de pared a pared, tras la cual logra ver al inocente sentado y meditando.
Baja del auto, pulsa el timbre. Por primera vez en muchos meses vuelve a pensar en su outfit, que ahora es una calamidad inenarrable. Se siente morbosamente satisfecha de su fealdad. Lleva la pistola de encajes y moño rojo metida en la bolsa.
Su cuerpo, su auto, su ropa; todo exhala un intenso olor a té de azahar y galletas de canela.
Su boca también exhala ese aroma, hace mucho tiempo que no come otra cosa, se ve mal. Morten abre la puerta y se encuentra con el rostro al que con toda inocencia amó hace algunos meses.
La pistola ve entonces el punto exacto donde ha de imprimir la bala mágica que matará a Morten, le cortará los pectorales, y lo convertirá en polvo y ceniza. Cuando repara en este punto algo la detiene, es de una hermosura insospechada, hay un vello rubio y fino que crece ahí; gracias a la vista de ese vello, Morten recupera la vida y la editora también.
La mirada perdida de la editora también apunta al pecho; que ha quedado desnudo por descuido, como siempre.
En la cabeza de Morten se desata una tormenta y no habrá meditación profunda que pueda apaciguarla, siente compasión por esa pobre mujer; no comprende qué estigma pudo arrastrarla a tan deplorable condición; esa compasión despierta una ansiedad, un reconocimiento, hay ira y desamor en la mirada desorbitada. Él puede entender estas pasiones mucho mejor que yo. Entonces una barrera se derrumba en su interior, una muralla apenas construida para protegerlo del sufrimiento y la frustración que de pronto vuelven a atacarlo; una ráfaga de azahar y canela atrapa su alma, una bala mágica atraviesa su pecho y alcanza su tierno corazón; piensa que el dolor existe, que proviene del deseo y que el deseo no podrá cesar jamás. Entonces la invita a pasar. La editora despierta de su estupor y avanza en silencio hacia el interior de la casa. Tras ella, todas las miembros de La Mesa de Té de las Siete Parientas de la Editora cantan su victoria; podrán irse a dormir: su niña ha encontrado al fin un buen muchacho, que sabrá quererla y cuidarla, quitarle la histeria y hasta esos terribles granos.
Cuando este momento llega está convertida en una mujer muy distinta a la que conocimos, tiene los pómulos totalmente enrojecidos y una expresión de amargura que desgarra mi alma; ha subido muchos kilos y ya se le empiezan a hinchar las pantorrillas, ha dejado el bonito outfit que ostentaba en los primeros capítulos, aparenta más de sus 43 años. No queda esperanza de que se vea como una ridícula teen nunca más; aquellas noches de rave le parecen imposibles. La figura de Jeff bailando frenéticamente es una fijación que le queda, gracias a la cual aun no ha perdido totalmente la noción del amor y el placer.
La Mesa de Te de las Siete Parientas de la Editora succiona e inyecta a la vez; absorbe de su mente toda figura masculina ajena a Morten, transforma a Jeff en un poeta desaparecido; organiza breves homenajes al dudoso y sabio marido; bello, rico, poético, angelical, que reina junto a una chica de su tipo en una Arcadia imposible. Durante estos homenajes la editora siente un dolor muy profundo.
Todas sueñan, a veces se quedan en silencio, otras se duermen antes de que termine la tertulia, en estos momentos la pobre editora tiene un descanso y también sueña que imprime una bala en el pecho de Morten; que regresa a la Arcadia y se baña desnuda en la poza, junto a su príncipe, quien a estas alturas es sólo un nombre sin cara, matizado por los últimos recuerdos del placer y de la juventud que está evidentemente lejos.
Morten es el objetivo, la pistola rosa el arma, la editora la asesina que no sabe ya nada; sólo le queda el impulso de la Arcadia.
Cuando se baja del auto se encuentra con una construcción definitivamente más bonita que su departamento en la ciudad; hay una ventana que corre de pared a pared, tras la cual logra ver al inocente sentado y meditando.
Baja del auto, pulsa el timbre. Por primera vez en muchos meses vuelve a pensar en su outfit, que ahora es una calamidad inenarrable. Se siente morbosamente satisfecha de su fealdad. Lleva la pistola de encajes y moño rojo metida en la bolsa.
Su cuerpo, su auto, su ropa; todo exhala un intenso olor a té de azahar y galletas de canela.
Su boca también exhala ese aroma, hace mucho tiempo que no come otra cosa, se ve mal. Morten abre la puerta y se encuentra con el rostro al que con toda inocencia amó hace algunos meses.
La pistola ve entonces el punto exacto donde ha de imprimir la bala mágica que matará a Morten, le cortará los pectorales, y lo convertirá en polvo y ceniza. Cuando repara en este punto algo la detiene, es de una hermosura insospechada, hay un vello rubio y fino que crece ahí; gracias a la vista de ese vello, Morten recupera la vida y la editora también.
La mirada perdida de la editora también apunta al pecho; que ha quedado desnudo por descuido, como siempre.
En la cabeza de Morten se desata una tormenta y no habrá meditación profunda que pueda apaciguarla, siente compasión por esa pobre mujer; no comprende qué estigma pudo arrastrarla a tan deplorable condición; esa compasión despierta una ansiedad, un reconocimiento, hay ira y desamor en la mirada desorbitada. Él puede entender estas pasiones mucho mejor que yo. Entonces una barrera se derrumba en su interior, una muralla apenas construida para protegerlo del sufrimiento y la frustración que de pronto vuelven a atacarlo; una ráfaga de azahar y canela atrapa su alma, una bala mágica atraviesa su pecho y alcanza su tierno corazón; piensa que el dolor existe, que proviene del deseo y que el deseo no podrá cesar jamás. Entonces la invita a pasar. La editora despierta de su estupor y avanza en silencio hacia el interior de la casa. Tras ella, todas las miembros de La Mesa de Té de las Siete Parientas de la Editora cantan su victoria; podrán irse a dormir: su niña ha encontrado al fin un buen muchacho, que sabrá quererla y cuidarla, quitarle la histeria y hasta esos terribles granos.
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Fragmento de "La bala enamorada" (2005)
sábado, 24 de enero de 2009
jueves, 22 de enero de 2009
Otro asunto íntimo
Mi cabeza, que por su exceso de desmemoria tuvo que recurrir a la literatura, terminó convirtiéndome en una especie de fanática involuntaria de mis propias historias. Me las iba contando sin que pudiera detenerla. Para que todo eso no se me olvidara, tuve que escribir.
No fue por gusto propio, reitero, y de hecho, hago cada día lo posible para hallar una ocupación que me aleje de una vez por todas de este oficio vampírico y lleno de sinsentido. Desde hace tiempo vengo descubriendo que no hay punto qué abordar, que no hay coma que extraer del lápiz, que no hay acento que merezca escribirse … El dedo apenas tiene la mínima parte de lo que la mente –ya no sé si es mía o de quién- cuenta.
A veces me detengo mejor a pensar en cosas frusles y absueltas de la escritura. Trato de distraerme con cierta farándula, con ciertos rostros, pero me engaño: amenazada siempre por mis propias balas, no puedo salir de la trinchera que recorro una y otra vez.
Pienso en lo bien que me caería una noche de farra, luego la escribo.
Narciso de baja ralea
Mi amado es como yo,
una rata triste y
mezquina que
husmea por pasillos
que la mala suerte
le pone enfrente.
Es despreciable
cuando me desprecio.
Mi amado vive
a mi intemperie,
igual que yo.
una rata triste y
mezquina que
husmea por pasillos
que la mala suerte
le pone enfrente.
Es despreciable
cuando me desprecio.
Mi amado vive
a mi intemperie,
igual que yo.
lunes, 19 de enero de 2009
domingo, 18 de enero de 2009
Mohino Celestino (2001)
Para mi amigo Andrés Cano
Anda mohino
como un Celestino
enamorado,
como un fauno
en la hacienda,
como un cortesano
en la trastienda,
y a sus caprichos
no hay amor
que trascienda,
ni dicho
que él entienda,
ni suerte
que le pase apercibida,
ni fruto prohibido
que su pasión encienda,
pues ha decidido
en vida amortajarse.
Anda mohino
como un Celestino
enamorado,
como un fauno
en la hacienda,
como un cortesano
en la trastienda,
y a sus caprichos
no hay amor
que trascienda,
ni dicho
que él entienda,
ni suerte
que le pase apercibida,
ni fruto prohibido
que su pasión encienda,
pues ha decidido
en vida amortajarse.
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Y es que con Calixto se ha obsesionado.
miércoles, 14 de enero de 2009
Balita

Clíper
Hermosa:
recorte bien
el borde de este clíper.
Sé que aun no sabe hacerlo,
pero yo le enseñaré...
¡Ni una micra afuera!
¡Yo la corregiré!
Ji, ji, je, je.
¿Le enseñaron
a distinguir
entre papel y tijera,
allá,
je, je, ja, ja,
en esa aldea
donde usted vivía?
Chiquilla,
¿sabe usted
lo que significa
la palabra orilla?
Hermosa:
recorte bien
el borde de este clíper.
Sé que aun no sabe hacerlo,
pero yo le enseñaré...
¡Ni una micra afuera!
¡Yo la corregiré!
Ji, ji, je, je.
¿Le enseñaron
a distinguir
entre papel y tijera,
allá,
je, je, ja, ja,
en esa aldea
donde usted vivía?
Chiquilla,
¿sabe usted
lo que significa
la palabra orilla?
jueves, 8 de enero de 2009
Balita

La pantalla blanca de la computadora seguía expulsando manchas negras de las cuales yo era esclava.
Un buen día tuve fuerzas para levantar el culo hasta el secreter donde guardo mi preciada pistola y sin dudarlo fui y le pegué un tiro a mi computadora, la asesiné con toda mi obra acumulada por años y años y luego fui detrás del hijo de la reina, dispuesta a asesinarlo también. Muy trapaceramente, el infeliz, viendo mi cañón apuntándole directamente a los ojos, buscó rápidamente en su stock de imágenes televisivas el rostro amadísimo del Rubio Pequeño, sonriente en la pantalla. Cobardemente lo mantuvo en sus ojos hasta que creyó que yo iba a guardar el arma, le pregunté dónde podía encontrarlo: me devolvió la imagen de una conocida televisora. Cuando tuve en la mira el par de ojillos tintados de amarillo y naranja, disparé.
Cuando vi el cadáver frente a mi caí en la cuenta de que hacía muchos años no intercambiaba una palabra con nadie, puesto que desde su llegada él se encargaba incluso de lavar el coche, de pedir el súper, de tirar la basura, de todo.
Me pregunté si aquella conducta compulsivamente servicial no sería una orden perpetua de la voz mandante, que vive en todo pequeño, y que quizá él, por ser el hijo de una reina pequeña, haya heredado.
Por cierto, el matar al artefacto aquel me causó cierto remordimiento, no sé si su buena madre me lo reprochará aún.
¿Qué iba a hacer ahora?
Un buen día tuve fuerzas para levantar el culo hasta el secreter donde guardo mi preciada pistola y sin dudarlo fui y le pegué un tiro a mi computadora, la asesiné con toda mi obra acumulada por años y años y luego fui detrás del hijo de la reina, dispuesta a asesinarlo también. Muy trapaceramente, el infeliz, viendo mi cañón apuntándole directamente a los ojos, buscó rápidamente en su stock de imágenes televisivas el rostro amadísimo del Rubio Pequeño, sonriente en la pantalla. Cobardemente lo mantuvo en sus ojos hasta que creyó que yo iba a guardar el arma, le pregunté dónde podía encontrarlo: me devolvió la imagen de una conocida televisora. Cuando tuve en la mira el par de ojillos tintados de amarillo y naranja, disparé.
Cuando vi el cadáver frente a mi caí en la cuenta de que hacía muchos años no intercambiaba una palabra con nadie, puesto que desde su llegada él se encargaba incluso de lavar el coche, de pedir el súper, de tirar la basura, de todo.
Me pregunté si aquella conducta compulsivamente servicial no sería una orden perpetua de la voz mandante, que vive en todo pequeño, y que quizá él, por ser el hijo de una reina pequeña, haya heredado.
Por cierto, el matar al artefacto aquel me causó cierto remordimiento, no sé si su buena madre me lo reprochará aún.
¿Qué iba a hacer ahora?
lunes, 5 de enero de 2009
miércoles, 24 de diciembre de 2008
viernes, 19 de diciembre de 2008
Baladas de otros
Al callejón de la Danza
no vayas si eres casado,
pues allí suele bailar
el honor con pie quebrado.
Si buscas a un embustero,
en la calle de Jurado
hallarás muchos, que mienten
por cada dedo jurando.
En la calle del Vinagre
verás valentones varios,
y éstos dicen que han vivido
en la calle de los Gallos.
Alcahuetas declaradas
y lenones disfrazados
en la calle del Tompeate
tienen prevenidos cuartos.
En la de los gachupines
hay muchos que han peligrado;
pero en la del Indio Triste
hay criollos en igual caso.
Si se te ofrece pedir,
líbrate de los tacaños,
que en la Pila Seca viven
por no darle ni agua a un gato.
Si buscares a algún pobre,
mira que no has de encontrarlo
en la calle de la Joya;
sí, en el puente de Solano.
Si buscares jugadores
(se entiende, que estén ganando),
regularmente en la calle
del Monte Alegre hallaraslos.
Los jugadores perdidos
que se han quedado arrancados,
en la de la Manchicuepa
viven, y de éstos hay varios.
En Tumba Burros habitan
infinidad de borrachos
y te advierto que los hay
muy decentes y planchados.
En el callejón que llaman
de los Rebeldes, hay hartos,
muy contentos y gustosos
con los vicios que adoptaron:
pero éstos, yo siempre he visto
que se mudan de ordinario
allá a la de la Amargura:
¡tal astilla de tal palo!
En la de el águila viven…
¡Jesús, cuántos! ¡Jesús, cuántos!
Ligeros de pico y garra,
de Gestas primos hermanos.
Aquí robar con ganzúa
es oficio de villanos;
la gracia es borrar con plumas,
naipes, romanos y vasos,
et caetera, que no tengo
lugar para hablar despacio…
México por dentro, o sea guía de forasteros
(Fragmento)
José Joaquín Fernández de Lizardi, 1811
no vayas si eres casado,
pues allí suele bailar
el honor con pie quebrado.
Si buscas a un embustero,
en la calle de Jurado
hallarás muchos, que mienten
por cada dedo jurando.
En la calle del Vinagre
verás valentones varios,
y éstos dicen que han vivido
en la calle de los Gallos.
Alcahuetas declaradas
y lenones disfrazados
en la calle del Tompeate
tienen prevenidos cuartos.
En la de los gachupines
hay muchos que han peligrado;
pero en la del Indio Triste
hay criollos en igual caso.
Si se te ofrece pedir,
líbrate de los tacaños,
que en la Pila Seca viven
por no darle ni agua a un gato.
Si buscares a algún pobre,
mira que no has de encontrarlo
en la calle de la Joya;
sí, en el puente de Solano.
Si buscares jugadores
(se entiende, que estén ganando),
regularmente en la calle
del Monte Alegre hallaraslos.
Los jugadores perdidos
que se han quedado arrancados,
en la de la Manchicuepa
viven, y de éstos hay varios.
En Tumba Burros habitan
infinidad de borrachos
y te advierto que los hay
muy decentes y planchados.
En el callejón que llaman
de los Rebeldes, hay hartos,
muy contentos y gustosos
con los vicios que adoptaron:
pero éstos, yo siempre he visto
que se mudan de ordinario
allá a la de la Amargura:
¡tal astilla de tal palo!
En la de el águila viven…
¡Jesús, cuántos! ¡Jesús, cuántos!
Ligeros de pico y garra,
de Gestas primos hermanos.
Aquí robar con ganzúa
es oficio de villanos;
la gracia es borrar con plumas,
naipes, romanos y vasos,
et caetera, que no tengo
lugar para hablar despacio…
México por dentro, o sea guía de forasteros
(Fragmento)
José Joaquín Fernández de Lizardi, 1811
martes, 16 de diciembre de 2008
Carta a mi amante
He estado enferma, ayer casi no salí de mi cuarto y hoy cancelé mi cita, me dediqué a dormir una buena parte de la mañana. Ahora me siento un poco mejor, pero ando triste por asuntos frusles. Hoy hubo mucho sol allá afuera.
Ya no quiero meterme al asunto de los conceptos. Ya pasó para mi la adolescencia brumosa y si eres o no lo que pienso que eres ¿qué diablos importa?
Si te escribo es porque te doy mi confianza, me parece hasta ridículo que no lo entiendas.
Tengo un número limitado de interlocutores y de personas para relacionarme. No sé si estoy conforme del todo con las personas que me han tocado; (no sabría decir que yo las he escogido) no siempre me parecen las mejores piezas.
El amante es para mi la pieza más privilegiada, pero a la vez la más vulnerable, también la que suele ser sometida a los mayores juicios. Desgraciadamente los juicios -inevitables en quien ignora casi todo sobre la otra persona- tienden a acabar con la dicha de los amantes.
Cualquier cosa soy capaz de hacer por el deseo. Por amor he sido cobarde, pero también he sido inamovible. Sé que no soy capaz de hacer casi nada por un hombre al que ame. Casi nada es todo lo que sé hacer, y estoy segura de que por amor nada es suficiente.
Ya no quiero meterme al asunto de los conceptos. Ya pasó para mi la adolescencia brumosa y si eres o no lo que pienso que eres ¿qué diablos importa?
Si te escribo es porque te doy mi confianza, me parece hasta ridículo que no lo entiendas.
Tengo un número limitado de interlocutores y de personas para relacionarme. No sé si estoy conforme del todo con las personas que me han tocado; (no sabría decir que yo las he escogido) no siempre me parecen las mejores piezas.
El amante es para mi la pieza más privilegiada, pero a la vez la más vulnerable, también la que suele ser sometida a los mayores juicios. Desgraciadamente los juicios -inevitables en quien ignora casi todo sobre la otra persona- tienden a acabar con la dicha de los amantes.
Cualquier cosa soy capaz de hacer por el deseo. Por amor he sido cobarde, pero también he sido inamovible. Sé que no soy capaz de hacer casi nada por un hombre al que ame. Casi nada es todo lo que sé hacer, y estoy segura de que por amor nada es suficiente.
Sería lindo encontrar a un hombre con apenas la inteligencia para no avergonzarme nunca. Me causa verguenza la falta de prudencia y de templanza, me avergüenzan las dobles caras, los dobleces, los escondrijos y las dudosas transparencias. Me avergüenzo, por ejemplo, de mi misma.
Creo que cambiaré mi estrategia contigo. No más reclamos, sólo apuntes, sólo días y noches felices... y cuando los haya, siempre tú y yo a solas. Mi vida será mía, la tuya tuya. Y yo de mi y tú de ti. Por el momento te deseo y soy capaz de hacer -casi- cualquier cosa por ti. El tiempo en que te he disfrutado nadie me lo quita.
Besos, besos.
Creo que cambiaré mi estrategia contigo. No más reclamos, sólo apuntes, sólo días y noches felices... y cuando los haya, siempre tú y yo a solas. Mi vida será mía, la tuya tuya. Y yo de mi y tú de ti. Por el momento te deseo y soy capaz de hacer -casi- cualquier cosa por ti. El tiempo en que te he disfrutado nadie me lo quita.
Besos, besos.
domingo, 14 de diciembre de 2008
Oquedades
Tú te pintas bellas oquedades
para hacerte el tonto.
Estás perdido.
Tú y yo estamos en el centro,
como la perra escarbamos tierra adentro
y no nos marcharemos
hasta encontrar los huesos suculentos
que guardamos hace mucho tiempo.
para hacerte el tonto.
Estás perdido.
Tú y yo estamos en el centro,
como la perra escarbamos tierra adentro
y no nos marcharemos
hasta encontrar los huesos suculentos
que guardamos hace mucho tiempo.
Alto precio
"Los deseos de regresar
a La Lacritud
me están matando.
Es una muerte feliz, creo,
aunque me está doliendo
demasiado.
Faltan muchas horas antes de que el auditor venga
y me entregue los papeles.
Debo hacer los preparativos para la despedida y
los preparativos para el viaje,
la llegada,
la movilización,
la construcción de las nuevas instalaciones...
La Lacritud
es cara.
Es un rostro hermoso
cuyo rastro he anhelado largamente."
a La Lacritud
me están matando.
Es una muerte feliz, creo,
aunque me está doliendo
demasiado.
Faltan muchas horas antes de que el auditor venga
y me entregue los papeles.
Debo hacer los preparativos para la despedida y
los preparativos para el viaje,
la llegada,
la movilización,
la construcción de las nuevas instalaciones...
La Lacritud
es cara.
Es un rostro hermoso
cuyo rastro he anhelado largamente."
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Ignominia
Finco, finjo, desaforo,
ignoro al resto.
Tomo un camino ignoto,
me endurezco.
Sólidas fortunas me adjudico
y no las presto,
las presumo,
las merezco,
las predico,
las consumo.
ignoro al resto.
Tomo un camino ignoto,
me endurezco.
Sólidas fortunas me adjudico
y no las presto,
las presumo,
las merezco,
las predico,
las consumo.
martes, 9 de diciembre de 2008
lunes, 8 de diciembre de 2008
Carta a un amigo
He estado un poco enferma -del corazón- y por eso te respondo tarde. Creo que tu texto está muy bien, tus ideas son muy interesantes y me gusta el bombardeo de tus frases.
Con respecto a la temática yo tendría muy presente al andrógino y a la necesidad innata de nuestra especie por encontrar "la otra mitad". Quizá es ese el único sentido del sexo y el amor. "Hacer el amor " -si es que vale aquí la expresión- es un acto más bien de furia, una furia que vive su mediocre recompensa en el orgasmo, pero que tiene un objetivo más alto, más inalcanzable: la de fusionarse con el cuerpo poseído, la de que dos genitales desaparezcan una vez que uno sea devorado por el otro. Ese deseo también es el que lleva el ritmo aparentemente inagotable de la vida. Sigo censurando ese afán tuyo por verlo todo tan negro, sin embargo ya hay cierta luz en tu camino, la dejas vislumbrar al final del texto. Creo que tú debes ser el mejor ejemplo para hablar del sexo y el amor; eres un efebo apasionado que quiere coger y amar, tú lo has dicho, así que sigue con esa verborrea... seguro se me ocurrirá algo, déjame pensarle. Me imagino un sitio abigarrado, lleno de cosas, me es imposible desvincular el sexo y el amor de todos los objetos creados para representarlo.
Con respecto a la temática yo tendría muy presente al andrógino y a la necesidad innata de nuestra especie por encontrar "la otra mitad". Quizá es ese el único sentido del sexo y el amor. "Hacer el amor " -si es que vale aquí la expresión- es un acto más bien de furia, una furia que vive su mediocre recompensa en el orgasmo, pero que tiene un objetivo más alto, más inalcanzable: la de fusionarse con el cuerpo poseído, la de que dos genitales desaparezcan una vez que uno sea devorado por el otro. Ese deseo también es el que lleva el ritmo aparentemente inagotable de la vida. Sigo censurando ese afán tuyo por verlo todo tan negro, sin embargo ya hay cierta luz en tu camino, la dejas vislumbrar al final del texto. Creo que tú debes ser el mejor ejemplo para hablar del sexo y el amor; eres un efebo apasionado que quiere coger y amar, tú lo has dicho, así que sigue con esa verborrea... seguro se me ocurrirá algo, déjame pensarle. Me imagino un sitio abigarrado, lleno de cosas, me es imposible desvincular el sexo y el amor de todos los objetos creados para representarlo.
No puedo amar, no sé cómo, después de aquel que me enfermó, aquello que pasa por encima o debajo de mi carne firma su sentencia de muerte en mi corazón... ¿qué más te puedo yo decir, hermano? Siempre me topo con el mismo esquema: el tipo frustrado que ve sus propias limitaciones en mi, sin haberme conocido en un plano distinto al de mi cama, casi simpre gratuita y confortable. No eres esto, no eres capaz de aquello, estás descalificada para esto otro, no sabes cantar, ni escribir, ni bailar, aunque nunca te hayan visto en acción, aunque sea precisamente eso lo que sabes hacer mejor. Nunca he conocido un hombre que sepa bailar, el que hasta hoy ha sido el amor de mi vida es una momia recién descongelada. Mi vida es un auténtico diluvio y en mi ojo no se ha derramado una lágrima de amor. Supongo que las aguas de mi diluvio son sólo meados, ninguna sustancia sublime. El semen del macho cabrío se ha agotado y el semental cinco estrellas está extinto.
Besos, besos, besos
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