domingo, 30 de marzo de 2008

Aburrimiento I (Pura mentira)


Siempre he mentido,
nunca he sabido corregir mi mal ensayo.

Todo está dicho,
pero me importa tanto
esta indiferencia por el decir
que no me saco de la cabeza
que tiene que escribirse
como la voz de un ángel
que repite las mismas mentiras.

No hay ningún desafío
en esta palabra escrita,
en ella he cometido omisiones importantes:
he mentido, nunca la he tenido como a una amante importante,
nunca me ha hecho lo suficientemente feliz,
ninguna libertad comprendida la ha impulsado.
Soy una mujer sin destino aparente
que se dedica a tocar botones,
uno tras otro, sin tregua, víctima de un signo repetitivo,
y es sólo por eso que escribo.

sábado, 29 de marzo de 2008

Debo moverme

Soy capaz de comportarme
como una roca.
No emito ningún sonido,
no me muevo.
Mientras me petrifico
hay una voz moribunda
que me dice que el dolor
me es ferozmente desconocido,
y que toda esta impavidez serena,
digna y devastada,
es un sucio acto de cobardía.

martes, 25 de marzo de 2008

Soy una cara incierta

Nadie ha sido testigo
de ese doblez
con el que me paseo.

Nadie ha visto mi inmoralidad
ni mi yo dividido
que no piensa,
sólo actúa.

Ningún vecino mío
ha pasado
sin responderme el saludo amablemente;
pero mis amigos
más cercanos,
fingen no verme si me encuentran
el día que me dejo ver.

sábado, 22 de marzo de 2008

Los monumentos principales del Pueblo Cooperativo ya están siendo restaurados



“El Pueblo Cooperativo es una joya única, signo irrepetible que documenta la fuerte presencia histórica del socialismo en México. Si la izquierda mexicana actual se dice emparentada con la izquierda mexicana histórica, debe demostrarlo protegiendo ese pasado que considera propio”. Ha apuntado la escritora Rowena Bali –moradora enamorada de Chapingo y sus alrededores, y miembro de una ilustre estirpe de trabajadores y maestros de aquella universidad– quien, junto al arqueólogo Luis Morett, y el arquitecto Juan Manuel Ortiz-Híjar se ha dado a la tarea de promover la restauración de este patrimonio, el cual, a raíz de la enajenación de su conjunto de inmuebles, realizada en 1993, ha sufrido un lamentable deterioro.






viernes, 21 de marzo de 2008

También le escribí al Ing. Aureliano Peña (rector de la Uach) y a la Arq. Dolores Martínez Orralde (Arquitectura INBA). Hay mucho por hacer.

Estado de México a 9 de agosto de 2007

Constanzo de la Vega Membrillo
Presidente Municipal de Texcoco
PRESENTE

He visto con mucho agrado su política de recuperación de bienes inmuebles en el Municipio de Texcoco. Le escribo las siguientes líneas con la confianza de que podrá hacerse lo más conveniente en el asunto que explico a continuación.
Considero que es urgente atender el caso del Pueblo Cooperativo Chapingo, con el objeto de que se le dé protección al conjunto total de inmuebles que lo conforman. La importancia histórica de dicho pueblo es inobjetable.
El día 7 de junio de 1923, se destinó a la entonces Secretaría de Agricultura y Ganadería el dominio de los terrenos que quedaron de la Ex Hacienda de Chapingo y anexos, en Texcoco, Estado de México, con una extensión superficial de quinientas cincuenta y nueve hectáreas, tres áreas, ocho centiáreas, divididas en tres fracciones separadas entre sí. El objeto de este acuerdo presidencial fue que dicho inmueble se destinara a las instalaciones de la Escuela Nacional de Agricultura, que hoy sigue albergando las bellas instalaciones de la Universidad Autónoma de Chapingo. En otra fracción del mismo inmueble se formó una zona habitacional por parte de los trabajadores de la Escuela Nacional de Agricultura, denominada desde entonces Pueblo Cooperativo. La construcción de este pueblo se realizó conforme a un modelo de colonia soviética. En este proceso participó activamente Diego Rivera, quien tuvo una importante presencia en Chapingo precisamente en estos años. La fuente del pueblo, ubicada en la Plaza Unión, así como todos sus adornos realizados en azulejo, fueron diseñados por el muralista, quien siempre tuvo un importante interés por la arquitectura. Diego Rivera plasmó célebres murales en el edificio de rectoría de la UACH, dos de éstos hablan claramente del Pueblo Cooperativo, uno de ellos lleva como nombre “Repartición de las tierras en el Pueblo Cooperativo”, en él pintó los planos del pueblo, de contorno piramidal, así como la escena en que los trabajadores de la ENA fueron beneficiados con la entrega de estos terrenos. En otro mural vemos la representación del pueblo incipiente, ya trazado, en el cual resaltan la glorieta con su fuente y tres pequeñas viviendas, cuyo modelo aun persiste en dos de los inmuebles más antiguos del pueblo. Este pueblo fue declarado como el primer Pueblo Cooperativo de la República Mexicana y observaba un reglamento particular del cual aún se conservan ciertos fragmentos plasmados en uno de sus monumentos, que por cierto fue raspado en ciertas áreas, por los mismos habitantes, a raíz de la enajenación de los bienes del pueblo. Vivió la presencia de León Trostky, la cual fue documentada en una sencilla placa ubicada en la glorieta y que fue raspada totalmente.
El Pueblo Cooperativo es una joya única en el país, signo irrepetible que documenta la fuerte presencia histórica de la izquierda mexicana.
El 7 de mayo de 1991, se retiran del Servicio de la Secretaría de Agricultura y Servicios Hidráulicos diversos bienes inmuebles entre los cuales se encuentra el Pueblo Cooperativo. A raíz de este decreto presidencial se empieza a gestionar la enajenación de las casas del pueblo en favor de sus ocupantes, con el fin de que sigan utilizándolas como habitación. La venta de estos inmuebles, realizada en 1993, trajo como consecuencia la modificación del aspecto original del pueblo que hasta entonces se había conservado intacto, así como la afectación de sus monumentos. Es una pena para todos los que conocimos la belleza y la importancia histórica de este pueblo, ver cómo con el paso de los años sigue progresando este terrible deterioro sin que autoridad alguna tome medidas al respecto.
En el plano personal guardo un inmenso cariño por este pueblo, en el cual crecí. Mi padre, Guillermo Bali, fue fundador del Sindicato de Trabajadores de Chapingo; mi tío, Jaime Bali, fue fundador de la Dirección de Difusión Cultural; mi madre, Blanca Páez, fue maestra en el área de química y jefa del departamento de Difusión Cultural de la UACH. Mi madre y mi padre aún son residentes del pueblo.
El 5 de Julio de 2007 hice llegar al Doctor Aureliano Peña Lomelí, un oficio con la solicitud de que llevara a cabo acciones referentes al caso que expongo anteriormente, y hemos pedido ya, a través del arqueólogo Luis Morett (a quien fue turnado el caso por parte de la UACH) y del arquitecto Juan Manuel Ortiz, ayuda al INBA.
El 7 de agosto del 2007 hice llegar una petición sobre el asunto a Dolores Martínez Orralde, encargada del Despacho de la Dirección de Arquitectura del INBA, con el objeto de que dicha institución certifique el valor artístico del pueblo y apoye el proceso de elaboración de los registros mediante los cuales se hará la solicitud de que el conjunto de inmuebles que conforman el Cooperativo sean protegidos.
Hemos, además, solicitado el apoyo a la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, institución en la que laboro como jefa de redacción de la revista Cultura Urbana.
Sabemos que el apoyo del Municipio de Texcoco es fundamental. Hemos visto con infinita gratitud que se han puesto en marcha ya las labores de restauración de la fuente de Plaza Unión y otros monumentos. M he entrevistado con el arquitecto David Vázquez y con la restauradora Mayela García Salgado, quienes están a cargo de estos trabajos. Publicaremos el caso en la revista Cultura Urbana y otros medios.
Es urgente que el Municipio de Texcoco coloque candados al avance indiscriminado de la construcción en el área del pueblo, la cual representa una rápida destrucción de este importante patrimonio.
Agradezco su atención a la presente y quedo en espera de su amable respuesta.

Atentamente
Rowena Bali

C.c.p. Doctor Aureliano Peña Lomelí
C.c.p. Ingeniero Manuel Pérez Rocha

El jardín secreto ya recibe la primavera




Arcadia viene

Mueve las caderas
de tu insomnio
que Arcadia viene;

deja de ver
sombras
en la cama,

planta flores,
que impaciencia
de olores tiene;

trae la manga
repleta de semillas
y reparte...

su rostro es bello,
tiene en la frente
un diamante y
un poema
de lisas batallas.

Cuando
a mover caderas
se aviene,
nada la detiene,

así que mueve
el oro de tu insomnio.






jueves, 20 de marzo de 2008

Otra en honor a la primavera

Canción floreciente
Tengo un mal de amor
perenne, nene,
ven ya.
Ya deja de doblarte
por tus temores,
desdóblate en mi.

jueves, 6 de marzo de 2008

Oro












Usaré tu nombre
como un vaticinio.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Seducciones múltiples de Ana Clavel


La de la narradora y ensayista Ana Clavel es una de las trayectorias más sólidas de las de los escritores de nuestros días. A esa solidez cada nuevo libro suyo suma brillantez, una inquietante gravedad o imantación. Aquella trayectoria comenzó a fines de los setentas o principios de los ochenta con un pequeño libro, publicado en una breve colección de la Secretaría de Educación Pública en la que también irrumpieron ante el público Óscar de la Borbolla y Pablo Soler Frost entre otros autores que luego se consolidarían. Los tres, por cierto, son de edades distintas: De la Borbolla andará por los cincuentaipico, Soler Frost rondará la cuarentena y Ana Clavel es unos años mayor que este último. A los tres los une una sola cosa, que es de mucha importancia: la inteligencia, un afán de dar a sus historias un sentido que no por desquiciado o hilarante (el caso de De la Borbolla) no deja nunca de ser intelectualizado (especialmente en lo que corresponde a Ana Clavel).Si en nuestro tiempo parece haberse puesto de moda una llamada “literatura femenina”, historias escritas por mujeres que tendrían ciertos rasgos en común, Ana Clavel parece navegar a contracorriente. No es la suya una literatura hecha para el gran público, una literatura cómoda o una que se ciña a los mecanismos eficaces de cierta narrativa (sobre todo estadounidense). Es en cambio una literatura que, librando toda confusión desde luego, no elude las dificultades, unos problemas que proceden directamente del núcleo mismo de sus narraciones. Ana Clavel ha puesto en el corazón de sus noches luminosas el deseo en su sentido más real —si puede hablarse así. No es tanto que describa sus manifestaciones (cosa que suele ocultar más que revelar los pliegues de ese deseo) sino que construye detenidamente sus resortes.Todo mundo sabe, y Freud vino a ponerlo sobre la mesa, que el deseo mueve a los hombres y las mujeres. Lo registra la Biblia y la mitología griega circula alrededor de sus efectos numerosas ocasiones. Se sabe también que el deseo, de tan común, es empeñosa, callada o fieramente escondido durante siglos en la sociedad. Si el poder ha de controlar, tiene que ejercer el control de ese motor ubicuo y no poco poderoso él mismo. (De ahí, como ejemplo mayor, la institución del matrimonio y la familia —pero ésta es otra historia.) Aún ahora, en días en los que reina la imagen, aplastando la imaginación y uniformando las sensibilidades probables, el deseo ha devenido mercancía, fuente de pacata bobería, asunto de la vanidad más descentrada (al respecto convendrá leer la magnífica novela El agente morboso, de Rowena Bali, recientemente puesta en circulación por Cultura Urbana/Universidad Autónoma de la Ciudad de México), aún ahora el deseo continúa siendo más un agente alienante que un impulso liberador. Y justo por aquí anda la narrativa maestra de Ana Clavel. Justo por aquí pasa y se detiene y se desdobla y se tiende tenue y poderosa una mirada comprensiva y desconcertada, anhelosa, deseosa y pausada.En Las Violetas son flores del deseo Ana Clavel alcanza una espléndida madurez. Se trata de una novela compleja, perturbadora, que deslumbra y hace llevar la mirada a mundos diversos. Un mundo: el de las ideas. La inteligencia de la narradora Ana Clavel no aparece solamente en el montaje estructural de su novela —diestro, calculadamente preciso— sino en la propia expresión de ideas, que surgen aquí más como aforismos que como ensayos, de modo que sitúan y dan peso específico a lo que se relata, sin lastrarlo. Dan aire y hacen tocar tierra. Son ideas que brotan para registrar el mundo del personaje central de la novela, un hombre que desde niño fue perturbado por el primer motor de toda vida: su mirada incesante, captadora de caracteres, intenciones ocultas, sueños postergados, realidades contundentes.En el comienzo de la historia el personaje central evoca la figura de un antiguo profesor. Un profesor común y corriente que de pronto ve cómo su vida cambia. ¿Qué quiere decir que una vida cambia? Lo sabe bien un novelista. Lo sabe y lo dice a la perfección la novelista Ana Clavel: la vida cambia cuando el que la vive reconoce su destino. No es gratuito por ello que el personaje central recuerde a Tántalo y sus deseos nunca cumplidos. Lo supieron bien los griegos: todo en la vida es una búsqueda, y no por otra cosa los poetas saben que los sueños no han de cumplirse nunca. ¿Qué otra cosa más que una asunción puede significar el cambio de una vida? Al reconocer que tengo un destino, me doy cuenta de que todo lo que no sigue su sentido es meramente distractor, desvíos inocuos. Así fue la infancia de este personaje, que quiso ser alejado de ese destino por su familia, avisada pero no alarmada lo suficiente ante los signos que entonces comenzaban a mostrarse.Como en todo lo esencial de una vida, el cambio que sobrevino en la del personaje central provino de la mirada. Una mirada compartida, por él —un adolescente en la escuela— y su profesor. El objeto de la mirada son tres ninfetas que juegan libremente, aunque hayan sido sometidas a castigo, empapándose en el patio. Una de esas niñas es una adelantada, una especie de guía involuntaria, de resorte hacia nuevas realidades. Se llama Susana Garmandia, una mujer tan real como puede ser el mundo entero y tan en la sombra como son los sueños imprecisos e intrincados, contundente y esquiva, evanescente y rotunda en su fragilidad vegetal y húmeda. Un trabajo final pide a sus alumnos el profesor. Escribe el personaje: “…después de probar e intentar miles de veces, Tántalo, por fin consciente de la inutilidad de sus esfuerzos, debió de quedarse inmóvil a pesar del hambre y de la sed, sin mover los labios para apresar un trago de agua, o sin estirar la mano para alcanzar la codiciada fruta que, cual joya preciosa, pendía de la copa del árbol más cercano. Casi derrotado, alzó la mirada hacia los cielos. Tal vez, arrepentido, iba a clamar perdón a los dioses. Pero entonces descubrió en la punta de la rama una nueva fruta temblorosa, apetecible, que crecía suculenta pero imposible para él. Y debió de maldecir e injuriar a los dioses cuando comprendió que con el simple acto de mirar el tormento se reavivaba ferozmente en su entraña”.El trabajo de su padre lleva al personaje central, de nombre Julián Mercader, a un mundo que parece haberle designado el destino (mucho más claro en sus indicios de lo suele suponerse): una fábrica de muñecas. No he podido dejar de pensar en Luis Buñuel al ir leyendo esta historia fascinante. Por dos motivos: ya siendo un hombre viejo, Buñuel decía que sentía gozosamente liberado del deseo; el segundo es el del deseo mismo del cineasta, expreso especialmente en su disfrute de las piernas femeninas (las de Rita Macedo por ejemplo) y en la versión fílmica de Ensayo de un crimen en la paciente y enfebrecida y fiel reproducción en maniquí del rostro y el cuerpo de Miroslava, la mujer que en vez de ser víctima terminó siendo la mujer amada. Hay, por cierto, una mirada especial, lúbrica, encendida, a las piernas hermosas, perfectas… del maniquí, que no de Miroslava, en una de las grandes escenas de la película. Y es el maniquí, y no Miroslava, quien acaba en el horno, quien es asesinado, en un crimen perfecto: muere la muñeca, nace la mujer. En la novela de Ana Clavel las muñecas van engrosando el mundo de juego perverso de Mercader, si entendemos por perverso lo que se va por rumbos distintos a los habituales. Las muñecas llegan a confundirse con las mujeres de carne y hueso, son material de los sueños, las muñecas son mujeres, las mujeres son muñecas. El deseo discurre en la superficie de aquel mundo imposible. Todo parece en efecto imposible porque todo es terriblemente real. Todo es, y todo es deseo. Y es imposible cumplir todo deseo. Y es imposible dejar de desear porque ningún deseo puede ser el último. Le sucedió al hermano del gran escritor uruguayo Filiberto Hernández, el autor de Las Hortensias, novela de culto. Aquel hermano aparece en la novela por ser un trabajador afín a Mercader: un trabajador del deseo, un cultivador de muñecas, un enamorado de las mujeres que se multiplican. Las mujeres se multiplican tanto como el deseo. La verdadera transgresión, una transgresión sin límites, más allá de toda norma, de toda ley, un viaje hacia todo lo factible, todo lo deseable, comienza entonces en ese íntimo poder del deseo: crear la vida, además de sufrirla y de gozarla.
Ana Clavel, Las Violetas son flores del deseo. Alfaguara, México, 2007; 131pp.

lunes, 18 de febrero de 2008

Oración imperativa


Ven hoy

puntualmente a la puerta de mi casa.


Cumple tu papel

en este vaticinio

que yo -lo juro-,

nunca planee escribir.


Párate en la puerta de mi casa.



lunes, 14 de enero de 2008

Camus y Bogart, por Santiago Martin




Tuberculoso y fumador tenaz, débil, demacrado con frecuencia, el argelino Albert Camus, uno de los grandes escritores en lengua francesa del siglo XX, vivió y escribió obsedido por el sol. El sol es fuente de bondades y felicidades sin fin, y puede ser fuente del mal (casi enceguecido por el sol Mersault, el personaje de El extranjero, asesina a un hombre; otro hombre acude a un lugar soleado y se hospeda en el hostal de su hermana y su madre sin decirles quién es (por lo que brota El malentendido), sólo para ser asesinado por aquellas mujeres, dedicadas a robar y matar a sus huéspedes). Pero más la penumbra parece ser el ambiente de su obra, si pensamos en su solemnidad a toda prueba y a la gravedad de sus asuntos. De sonrisa esquiva, el escritor Albert Camus, tal como muchos de sus personajes, está mejor bajo la lluvia, más a sus anchas, bien abrigado, nostálgico, evocativo. Su amor al sol es la búsqueda de la infancia perdida en Argelia, en las canchas de futbol. El presente fue el conflicto: la guerra, la libertad amenazada, la disputa ideológica. Sus horas mejores serían nocturnas, y lo fascinaron las iluminaciones teatrales y los neones callejeros. Se sintió a gusto en Broadway, hace medio siglo, cuando fue a Nueva York a arreglar asuntos de la editorial Gallimard y quedó encantado al descubrir, como dice en una carta a un amigo: “¿Sabes cómo me llaman las chicas de Vogue: ¡The young Humphrey Bogart! Ya lo sabes, podría obtener un contrato de cine cuando quisiera.” El biógrafo francés Olivier Todd registra que en 1953 Camus recibe de Londres un regalo: un impermeable Burberry, que le da la facha de Bogey. Escribe a su amigo el argelino: “Tantos bolsillos, presillas, correas, etcétera, colman la más antigua de mis nostalgias. […] Tengo un aire divinamente tough, que, como sabes, es mi ideal en esta vida.” Años más tarde dirá “Soy una mezcla de Fernandel, de Humphrey Bogart y de samurai”. Lo cierto es que predominó en él el aire áspero que tanto anheló, ese tono duro que escondería vastas regiones tiernas e incandescentes. Desconozco la voz camusiana pero, como todo el mundo, puedo imaginarla. Y la imagino parecida también a la del héroe solitario de Casablanca, al personaje de veras inolvidable de Tener y no tener o de El halcón maltés. Guillermo Cabrera Infante contó alguna vez cómo se imaginó un cinéfilo español a Bogart. Relató su sorpresa al escuchar lo que escuchó en el sonido original de una película, no doblada como se acostumbra en las salas ibéricas. “¿Era esa voz gangosa, nasal y con un ceceo atroz la voz de Humphrey Bogart?” Era aquella voz lo que hacía “reconocible”, al decir de Cabrera Infante, al actor estadounidense. Aquella voz… y sus ojos, su mirada. “Los ojos de Bogart son su característica más sobresaliente: ojos gachos, tristes…”, una característica seductora, distintiva, acorde con los tiempos, de un aire que remite sin dificultad a la atmósfera existencialista, según la concebía el gran público, que poseen identidad y señalan la cuota justa de desapego, de pasión y distancia. Camus, hombre inteligente y hombre de escenarios, no podía dejar pasar aquella vecindad de aspectos.
Bogey cayó víctima de sus excesos. Al morir, ahora hace 50 años, dejaría vacío para siempre un sitio en el cine mundial y en la mitología del siglo XX. Fue un hombre querido, por amigos como John Huston, y mujeres como la bella Laureen Bacall. Con su velocidad admirable y eficaz narra Cabrera Infante la conjunción de las vidas paralelas de Camus y Bogart. “Los muchos tragos y la poca comida acabaron con su vida [la de HB]: murió de un cáncer de esófago. Su compañero de tragos y de películas, John Huston, se asombró de la fama de Bogart en los círculos intelectuales de Francia. Estaba en París, cuenta Huston, en una cena donde conocí a Audiberti, el filósofo y dramaturgo italiano, un erudito, que me dijo: Querría hablar con usted a solas. Me sentí halagado, honrado... Creía que íbamos a tener una discusión seria sobre filosofía, pero todo lo que quería era que yo le hablara de Bogey. Fui uno de los primeros en hablar con Bogey en el hospital y le conté lo de Audiberti. Estaba encantado. Más encantado estaría de haber sabido que Albert Camus había modelado su imagen con Bogey en mente. Llevó su parodia hasta usar un impermeable ajado que se anudaba con el cinturón sin hebilla. Camus confiaba que había traído a más mujeres a su cama por parecerse a Bogart que por sus escritos”.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Hierofanía, amor y ficción (fragmento de un texto inconcluso escrito en 1996)

Hace más de cuatro años estuve enamorada de un hombre joven. Cuando lo conocí yo era una mujer compulsiva, no me importada ser o no, pero se atravesó un señor maduro de cara curtida y buena cartera y me dijo que me haría feliz, entonces me importó ser. Para mi infelicidad terminé enamorándome del otro, contando historias que inventaba fingiendo que eran mi vida, llevando una rutina llena de literatura de ficción.
Mi ficción se manifestaba entonces en un sopor interminable que me hacía fijar la cabeza al techo de mi recámara y pensar hora tras hora hasta que caía la tarde, llegaba la mañana y volvía a caer la tarde. Pensé que no habría motivo para luchar por él si una chispa de hierofanía no llegaba a rozar su rostro en mi presencia: para ser tan malo como aquel amor, era necesario también ser santo, y saber arrepentirse. Esa hierofanía cruzó sus ojos durante los escasísimos momentos que pasamos juntos, y por eso pensé que valía la pena cruzarse con él, volverlo a ver.
Pero antes de decidirme a buscarlo, una noche en que por alguna razón yo estaba alegre y tomé la carretera, me encontré con otro joven de rostro apasionado, al que no le molestaba nada, ni mi pobreza vital, ni mi aburrimiento, ni mi apego a las historias de ficción, ni mi inclinación a enamorarme platónicamente. Me sentí tan complacida a su lado que empecé a dudar de la hierofanía, de la mirada, de los escasísimos momentos. Mi ficción dejó de ser una mancha en la recámara, es más, dejó de ser ficción. Y dejé de mirar al techo.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Un amigo estambulí me mandó esta foto, seguramente habrá dado vueltas por la red. Habla por sí sola.

Número de Aniversario de Cultura Urbana


Este es el último número de la revista de literatura e ideas, Cultura Urbana, viene sobre moneros, con textos de Carlos Monsiváis, Mónica Lavín, Bárbara Jacobs, Sergio Raúl Arroyo, entre otros. Además está ilustrada por los honorables maestros moneros Magú, Helguera, Ahumada, Naranjo, El Fisgón, Rictus, Luis Fernando, Trino, Rocha, Tacho, Abel Quezada, Kabeza y Jonh Heartfield. Está a la venta en Sanborns, librerías de Educal y librerías de La Jornada, editada por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

El equipo que realiza esta excelente revista está integrado por:

Juan José Reyes
David Huerta
Rowena Bali
Juan Pablo de la Colina


viernes, 19 de octubre de 2007

Duda

Dividida diva
vive dudando...
subida en un péndulo.

Ha escrito una cadena
de vaticinios,
pero no tiene
culpa
de ninguna verdad.

Se obsesiona:
escucha siempre
un cascabel
y un repique.

Odín le escupe oro
y no la deja dormir.

Tiene otro enigma:
largo tiempo
ha perdido
y queda vida ávida.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Row, Juan Pablo de la Colina y el coco de Magú

Esta foto me la fusilé del blog Sacatrapos.com, el cual debe ver todo el mundo. La sacó monero José Juan durante una cumbre sacatrápica y el mismísimo Magú la signó y le puso unos filtros anticruda.

lunes, 15 de octubre de 2007

Este señor guapísimo que ven aquí es Juan José Reyes

Escritor genial, ensayista y crítico, además de jefe de jefes.

domingo, 14 de octubre de 2007

La dulce hiel de la seducción

Este libro se vende en las librerías más importantes del país, cómprenlo, fue compilado por una de las mejores escritoras mexicanas: Ana Clavel. Es seducción pura, participamos:

Cristina Rivera Garza, Guillermo Samperio, Iván Ríos Gazcón, Eve Gil, Brenda Lozano, Luis Felipe Lomelí, Mónica Lavín, Guillermo Fadanelli, Rowena Bali, Juan Hernández Luna, Josefina Estrada, Ricardo Chávez Castañeda y Rosa Beltrán

lunes, 1 de octubre de 2007

Rowena Bali en radio UNAM, Ibero radio y Omega Experimental

Rowena Bali en radio UNAM, Ibero radio y Omega Experimental

RADIO UNAM, 860. AM.

Jueves 11 de Octubre, 12:00 pm (medio día)

Lecturas del poemario Voto de indecisión
Lecturas de la novela
El agente morboso

IBERO RADIO, 90.9. FM

Miércoles 24 de Octubre, 11:00 am

Presentación de la revista Cultura Urbana, número de aniversario.
Además Presentación de la colección
Cultura Urbana Libros.

OMEGA EXPERIMENTAL, 100.5. FM (Sólo Edo. Méx.)

Todos los lunes, miércoles y viernes, 7:00 am.

Comentando asuntos de actualidad e históricos dentro del noticiario matutino.

¡NO SE LA PIERDAN!